El libro El arte en América Latina. Voces y miradas críticas, de Ana Bugnone y Emiliano Sánchez Narvarte, reúne entrevistas a dieciocho referentes del pensamiento latinoamericano –curadores, antropólogos, historiadores, filósofos– con la intención de ahondar en la idea de un “arte latinoamericano”, una categoría que si bien, la mayoría coincide en que no existe como tal, pareciera imposible de abandonar.
Publicado por La Marca Editora, el libro reúne entrevistas realizadas entre 2022 y 2023 a figuras centrales del pensamiento artístico regional, entre ellas Hugo Achugar, Aracy Amaral, Rita Eder, Ana Longoni, Laura Malosetti Costa y Cuauhtémoc Medina, entre otros.
Mientras bucea en la formación intelectual, los estudios, las experiencias personales y profesionales de cada uno de los entrevistados –trazando un mapa plural de contextos y sensibilidades– el libro despliega conversaciones que atraviesan varias generaciones y desplazamientos entre Argentina, México, Brasil, Perú, Chile, Colombia, Paraguay, Uruguay, Cuba, Puerto Rico y Estados Unidos.
Bugnone, socióloga e investigadora del Conicet, y Sánchez Narvarte, doctor en Comunicación e investigador, trabajan con un conjunto de preguntas que se repiten, con variaciones, a lo largo de los capítulos.
Así, la idea de desentrañar qué es el “arte latinoamericano” recorre estas páginas, no como una categoría cerrada sino como un territorio en disputa, dejando en claro que no existe una esencia compartida capaz de reunir bajo una misma identidad las producciones de países, culturas e historias profundamente diferentes.
Imagen del libro El arte en América Latina. Voces y miradas críticas, de Ana Bugnone y Emiliano Sánchez Narvarte (La Marca Editora). Foto: gentileza.“No existe el arte latinoamericano”
La respuesta más tajante aparece en boca de Néstor García Canclini: “No existe el arte latinoamericano”, dice el antropólogo argentino radicado en México, ya que reunir culturas nacionales y regionales bajo una única denominación supone una simplificación.
La función del arte, ahonda el argentino, es “enunciar el desconcierto”. “Nunca fue un lugar de organización de los cambios sociales”, añade. Por eso, no hay que buscar características esenciales a la región, sino analizar qué operaciones políticas, comerciales y académicas producen esa etiqueta.
El paraguayo Ticio Escobar coincide con esta idea, pero advierte: “como todo constructo, el llamado arte latinoamericano tiene un potencial político y una dimensión pragmática que deben ser atendidos”.
Y va aún más allá el director del Museo del Barro: “Si conviene usar el término ‘arte latinoamericano’, usemoslo, sin pretender convertirlo en una esencia, en un a priori de su propia práctica del arte. Usemoslo para discutir la exclusión que ejercen los centros sobre las periferias”.
El crítico cubano Gerardo Mosquera encuentra una definición poética a través de “Ulrica”, el cuento de Jorge Luis Borges en el que un colombiano tiene un romance con una mujer nórdica y ella le pregunta “¿Qué es ser colombiano?”, y el hombre responde “un acto de fe”.
“Esto se podría entender como América Latina –dice Mosquera–. Como un acto de fe”. ¿Cuál es el argumento principal a la crítica de si existe un arte latinoamericano? lo consultan, a lo que Mosquera responde: “Lo que se trata es de reunir una denominación reductora que intente sintetizar todas esas diferencias, pero que a la vez nos cuelga un cartelito que nos diluye a la hora de poder ser legitimados. Y esto es muy peligroso”.
Para la venezolana Cecilia Fajardo–Hill, esta etiqueta puede servir para pensarse como “un laboratorio importante para hablar de solidaridades, crear colaboración, hablar de colonialidades compartidas, sensibilidades compartidas, miradas críticas”.
Imagen del libro El arte en América Latina. Voces y miradas críticas, de Ana Bugnone y Emiliano Sánchez Narvarte (La Marca Editora). Foto: gentileza.Así, el “arte latinoamericano” es para algunos una imposición colonial o mercantil y, para otros, una herramienta de resistencia, o incluso una estrategia institucional. Lo cierto es que todas las respuestas juntas muestran que puede ser una denominación insuficiente y, a la vez, políticamente necesaria.
“Es innegable que el arte producido en América Latina está en uno de sus momentos de mayor acogida de público en general y reconocimiento de la crítica especializada, aumenta la demanda por parte de instituciones y coleccionistas a nivel mundial”, dice Mari Carmen Ramírez.
Una lectura abarcadora
Para la curadora en el Museo de Bellas Artes de Houston, “habría que reconocer que el uso del término ‘arte latinoamericano’, tal como se lo utiliza hoy en el ámbito cultural, surge en los Estados Unidos y no en América Latina. Es una lectura abarcadora (tal vez superficial) del centro hacia la periferia”, acuñada en el MoMA neoyorquino en los años 30.
Imagen del libro El arte en América Latina. Voces y miradas críticas, de Ana Bugnone y Emiliano Sánchez Narvarte (La Marca Editora). Foto: gentileza.Desde su mirada, el arte latinoamericano puede no existir como unidad estética y, sin embargo, existir de manera muy concreta dentro de museos, ferias, departamentos académicos, presupuestos, colecciones y mercados. Una etiqueta que simplifica, pero también abre espacios; excluye ciertas diferencias, pero puede hacer visibles obras que de otro modo permanecerían fuera de los relatos dominantes.
Esa ambivalencia aparece también en el venezolano Luis Pérez–Oramas, quien admite mantener una relación “oportunista” con el concepto. Si presentar una obra como latinoamericana facilita su ingreso en una institución internacional puede ser conveniente utilizar la categoría, siempre que no se la confunda con una identidad verdadera.
Imagen del libro El arte en América Latina. Voces y miradas críticas, de Ana Bugnone y Emiliano Sánchez Narvarte (La Marca Editora). Foto: gentileza.El excurador del MoMA reconoce que toda incorporación a los grandes museos se produce dentro de relaciones de poder y de relatos construidos desde los centros.
“El arte latinoamericano –afirma Pérez–Oramas– es una posición táctica y hay que jugarla como tal, en términos de ocupación de espacios”.
El arte en América Latina. Voces y miradas críticas, de Ana Bugnone y Emiliano Sánchez Narvarte (La Marca Editora).








