Una investigación de 13 años que incluyó a más de 84 mil europeos de entre 55 y 64 años -varones y mujeres por igual- concluyó que la colonoscopia hoy tiene baja utilidad para prevenir las muertes por cáncer de colon. En cuanto a la prevención de la enfermedad, de todas las personas que se sometieron a ese estudio el 16 por ciento fue diagnosticado antes de que los síntomas aparecieran.
Los primeros resultados del ensayo clínico denominado NordICC se habían dado a conocer hace tres años, por una publicación del New England Journal of Medicine, y ya por entonces encendieron un debate. El trabajo llevaba diez años y perfilaba los datos que ahora se confirman con la nueva publicación en la revista The Lancet.
Los gastroenterólogos pusieron el grito en el cielo para defender el valor de la detección precoz del cáncer de colon y de la colonoscopia como herramienta clave para lograrlo. Desde la Sociedad de Cirujanos Gastrointestinales y Encoscópicos Estadounidenses (SAGES) pidieron a la gente que siga haciéndose este estudio, recomendado desde los 45 años para pacientes con riesgo promedio.
Conocidos los primeros datos, afirmaban: “El hallazgo de un beneficio en reducción de muerte relacionada al cáncer menor a lo esperado no debe impactar en las recomendaciones nacionales acerca del tamizaje de cáncer colorrectal. El resultado más importante es que la colonoscopía redujo el riesgo de cáncer colorrectal”.
Una de las conclusiones ahora actualizadas, publicadas por Michal F. Kaminski, jefe del Departamento de Prevención del Cáncer y Jefe de la Unidad de Endoscopia del Departamento de Oncología Gastroenterológica del Centro Oncológico e Instituto de Oncología Maria Sklodowska-Curie, en Polonia, es que la colonoscopia mostró una reducción relativa del 19 por ciento en la incidencia del cáncer colorrectal.
Sin embargo, el trabajo hace aquí una salvedad y es que sólo el 42 por ciento de los que fueron invitados a realizarse el estudio efectivamente lo realizaron. De manera que al hacer una proyección para el caso de que todas las personas invitadas se hubieran sometido a una colonoscopia, la reducción relativa de la incidencia del cáncer colorrectal hubiera sido aproximadamente del 45 por ciento.
En cuanto a los riesgos de muerte, fueron del 0,41 por ciento en el grupo de cribado y del 0,47 por ciento en el grupo sin cribado, con una diferencia absoluta de 0,06 puntos porcentuales. Otro dato que llamó la atención de Kaminski y su equipo fue que sólo el 16 por ciento de los cánceres colorrectales en el grupo de cribado se detectaron mediante colonoscopía u otro test de detección temprana. La mayoría se diagnosticó más tarde, tras la aparición de los síntomas en ambos grupos.
Aasma Shaukat, de la División de Gastroenterología de la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York, comenta los nuevos resultados en The Lancet y considera que “obligan a reevaluar lo que la colonoscopia puede -y no puede- lograr a nivel poblacional”.
Señala que “el aspecto más llamativo de estos resultados no es, quizás, el modesto (o nulo) efecto de la detección precoz en la mortalidad, sino la inesperadamente baja mortalidad por cáncer colorrectal en el grupo sin cribado. Cuando se diseñó el estudio NordICC hace casi 20 años, la mortalidad esperada por cáncer colorrectal a 10-15 años sin cribado era del 0,82 por ciento. La mortalidad observada a 13 años en el grupo sin cribado fue del 0,47 por ciento.
Según el autor, estas tendencias reflejan las mejoras globales en la atención del cáncer colorrectal: diagnóstico precoz a partir de la presentación sintomática, avances en cirugía, terapia sistémica más eficaz, incluida la inmunoterapia, y mejor manejo de las comorbilidades.
“Este panorama terapéutico en constante evolución modifica radicalmente la aritmética del beneficio del cribado. Si bien la colonoscopia previene algunos tipos de cáncer, cuando mejora el pronóstico del cáncer colorrectal detectado clínicamente, el beneficio incremental en la mortalidad que puede ofrecer el cribado disminuye inevitablemente”, añade Shaukat.
El análisis en cuestión a partir de los nuevos datos propone la pregunta no ya en función de si la colonoscopia salva vidas, sino de cuántos procedimientos y a qué costo justifica la práctica médica para evitar una muerte en el contexto actual. La lupa se aleja del caso por caso individual para observar la colonoscopia por su impacto poblacional, como arma de salud pública.
“¿Cómo deberían responder los responsables políticos?”, pregunta Shaukat: “En primer lugar, la colonoscopia debe reconocerse como una intervención eficaz para la prevención del cáncer; reduce la incidencia del cáncer colorrectal, especialmente en el colon distal y el recto, y -cuando se realiza- previene alrededor de ocho casos de cáncer por cada 1.000 personas en un periodo de 13 años. Para muchas personas, evitar un diagnóstico de cáncer, su tratamiento y sus consecuencias a largo plazo es un resultado significativo, incluso si la supervivencia no mejora claramente”.
Por último, afirma que “los beneficios modestos o inciertos en la mortalidad, junto con la baja mortalidad basal por cáncer colorrectal, exigen una consideración explícita de su valor; en muchos contextos, las inversiones en el control del tabaco, la prevención de la obesidad o la optimización de las vías de tratamiento podrían generar mayores beneficios para la salud de la población por unidad de gasto”.







