Estallido social en Chile: siete historias que muestran las huellas del 18-O, a siete años de las protestas

Estallido social en Chile: siete historias que muestran las huellas del 18-O, a siete años de las protestas


Este domingo se conmemoran los siete años del estallido social del 18 de octubre de 2019, las revueltas que pusieron contra las cuerdas a la democracia chilena, con protestas masivas inéditas y mucha violencia. “Ni el tránsito de la dictadura de Pinochet a la democracia tuvo estos niveles de destrucción”, aseguró a EL PAÍS en aquellos días Ricardo Lagos, presidente de Chile entre 2000 y 2006, socialista. El país sudamericano, desde entonces, ha cambiado. Las protestas -todavía no existe consenso en la sociedad chilena sobre lo que expresaban o pedían- dieron paso al Gobierno más a la izquierda que haya tenido Chile desde el fin del régimen militar, en 1990: el de Gabriel Boric (2022-2026). Hubo dos procesos constitucionales fallidos, uno liderado por la izquierda y otro por la derecha, en sus versiones más radicales. Pero ambos fueron un fiasco: la sociedad chilena los rechazó en plebiscitos respectivos. El cuatrienio de Boric, en tanto, abrió paso al Gobierno más a la derecha que haya tenido Chile desde Pinochet: el de José Antonio Kast (2026-2030), aliado del argentino Javier Milei o del líder de VOX, el español Santiago Abascal. En estos meses -asumió en enero- la calle ha estado tranquila, pese los altos niveles de desempleo que ya rozan el 10%. “Chile crece menos que el mundo y tiene el desempleo más alto de América Latina”, aseguró a este periódico hace unas semanas el economista David Bravo. El país enfrenta niveles preocupantes de pesimismo, en un escenario de recortes fiscales y de bajo crecimiento.

Los ojos de la protesta… siguen ahí

PEDRO SCHWARZE

Una galería de arte, ubicada en punto privilegiado y estratégico de Santiago, tomó la oportuna decisión de trasmitir en video, desde la altura y desde un comienzo, las protestas que se sucedían a nivel de la calle y que se conocieron como el estallido social, en octubre de 2019. Es la Galería Cima, que desde 2016 mezcla la pasión de sus creadores —Trinidad Lopetegui y Sebastián Rojas— por las artes visuales y la música. Está ubicada en el último piso, el 11, de un edificio que da a la plaza Baquedano, epicentro de las manifestaciones y de los violentos enfrentamientos que se sucedieron con la policía. Sus transmisiones en directo a través de su canal de Youtube se hicieron populares y conocidas por la ciudadanía chilena para saber qué pasaba en la plaza, con su cámara convertida en un verdadero termómetro de las protestas. Por el hecho de estar en el medio de las trifulcas, la galería debió suspender sus actividades artísticas. La paralización se extendió con la pandemia. Sin embargo, con el término de las protestas y el fin del estado de emergencia sanitaria, la Galería Cima volvió a su origen —explica Lopetegui—, a presentar artistas y organizar encuentros de música con una panorámica envidiable de la ciudad. Y aunque ya casi no se ven protestas, sus cámaras siguen captando y emitiendo esporádicamente lo que pasa abajo, en la plaza.

El supermercado que fue el corazón de un barrio completo, sigue en ruinas

SEBASTIÁN DOTE

El domingo 20 de octubre de 2019, tres días después del inicio del estallido social, la población José María Caro, en el municipio de Lo Espejo, el supermercado Mayorista 10 fue saqueado y quemado; uno de los pocos locales comerciales que ofrecía múltiples servicios para una comunidad postergada de la periferia de Santiago de Chile. Ese día, y en una escena repetida en muchas ciudades del país, decenas de personas aprovecharon el caos generalizado e ingresaron al local para sacar todo lo que podían —muchos salieron con botellas de bebidas alcohólicas como vinos, pisco y cervezas— ante la mirada atónita del resto de la comunidad.

Siete años después, los restos del que fue el corazón de un barrio completo sigue en ruinas. Las paredes del galpón, que durante más de cinco décadas acogió a distintos comercios, permanecen en pie, rodeadas de escombros y con murales, muchos de ellos con consignas políticas —uno de ellos recuerda una matanza de pobladores ocurrida en la población durante una huelga en 1962—. Un par de kioscos, entre ellos una florería y una fábrica de llaves, han resistido a la destrucción. El municipio ha dicho a los vecinos que no puede ordenar la demolición del esqueleto del supermercado, ya que se trata de un terreno privado. Un letrero de se vende, instalado hace dos años, permanece roto por el viento como un símbolo de la inacción y el abandono. La comunidad, que durante años asistió al supermercado para comprar sus alimentos y realizar giros de dinero en el único cajero automático del barrio, debe recorrer grandes distancias para conseguir algunas cosas que para el resto de los santiaguinos están a pocos pasos de distancia.

El “comienzo del fin” de la vida nocturna

MAOLIS CASTRO

Hubo un tiempo en que en Santiago de Chile había que sacar a las personas de los locales nocturnos a las cinco de la madrugada. “Hoy ya no hay nadie a esa hora”, cuenta Fernando Borquez, presidente de la Asociación Nacional de Empresarios Nocturnos, de Turismo y Espectáculos (Anetur). A las tres, dice, ya se han ido todos.

El apagón de la vida nocturna arrancó con el estallido social de 2019, cuando los locales de barrios bohemios como Bellavista cerraron por el primer toque de queda decretado en democracia. Levantada la restricción, el 27 de octubre, se instaló el miedo a ser vandalizados. Cinco meses después, la pandemia impuso otro toque de queda que paralizó el país durante 561 días. “Fuimos los primeros negocios en cerrar y los últimos en salir”, recuerda Borquez. Aquellos casi dos años de cortinas bajas acabaron, según él, con los locales de menos espalda económica.

Anetur tenía unos 1.500 socios antes de la pandemia y hoy, según Borquez, conserva la mitad: “El estallido fue el comienzo del fin, pero el mayor impacto fue por la pandemia”, aclara. El entusiasmo por la reapertura duró “un veranito de San Juan”, dijo el gremialista. Afirma que hoy se sale menos y más temprano, por un cambio cultural: “La gente ahora se conoce e interactúa a través de las redes sociales”. Pero también porque el Metro de Santiago cierra a las 11:00 pm y por el temor a la inseguridad: según Latinobarómetro, un 73% de los chilenos teme ser víctima de un delito, el nivel más alto de América Latina.

Las discotecas ya no se llenan los martes; con suerte, abren de jueves a sábado, señala Borquez. Y agrega que, mientras en ciudades como Buenos Aires las calles están llenas de terrazas, en Santiago de Chile hay “en cada esquina una farmacia”. Su diagnóstico es que “nos ha ganado el conservadurismo y la fomedad (el aburrimiento)”.

Indultos y violencia policial

ANA MARÍA SANHUEZA

Según un informe de la Fiscalía Nacional, durante el estallido social hubo 464 víctimas de trauma ocular, producto de la violencia policial. Hoy, dos de ellas integran el Congreso: la senadora Fabiola Campillai y el diputado Gustavo Gatica. Sus casos tuvieron resoluciones diferentes: el excarabinero Patricio Maturana fue condenado a 12 años de prisión por la agresión a Campillai y este viernes ha conseguido su libertad condicional, en una decisión de una comisión de jueces. En cambio, el exteniente Claudio Crespo fue absuelto en agosto de cegar a Gatica y el presidente José Antonio Kast celebró el fallo: “La justicia ha hablado fuerte y claro”.

Si en su campaña Gabriel Boric se comprometió a indultar a presos del estallido social —lo hizo con 12, en una decisión tan controvertida como desprolija—, Kast, como candidato, visitó en 2025 a Maturana en la cárcel. Dijo que fue condenado “por cumplir con su deber en medio del caos”, que lanzó una bomba lacrimógena mientras “su patrulla era atacada” y que lo hizo “sin la intención de dañar a alguien (…) Este no es un caso asilado; es una parte de una persecusión ideológica contra nuestras Fuerzas de Orden, que comenzó el 18 de octubre de 2019 cuando grupos radicales intentaron destruir Chile”.

Luego, Kast se comprometió revisar los procesos en que Carabineros y miembros de las Fuerzas Armadas “hayan sido perseguidos por defender la patria”, mientras que sobre un eventual indulto a Maturana, señaló: “El presidente de la República tiene el deber de corregir cuando la justicia ha sido reemplazada por el sesgo y la ideología”.

Un día después de que Kast asumió en La Moneda, Maturana le pidió el indulto. En adelante, el mandatario ha evitado hablar sobre las solicitudes de los expolicías, pero sí se ha pronunciado sobre del estallido social: “Nosotros tenemos que tener una mirada de futuro. Lo que estamos haciendo es reconstruir nuestro país. El 18 de octubre fue un momento complejo, de mucha violencia, y esperamos que eso no se vuelva a repetir nunca más”.

La estatua de Baquedano busca su vocación

ANTONIA LABORDE

El monumento al general Manuel Baquedano, ubicado en el centro de Santiago en una plaza que lleva el nombre del militar, se convirtió en el epicentro de las revueltas sociales y un objeto de disputa. En aquel punto se congregaron sagradamente los manifestantes cada viernes, muchas veces marcado por la violencia hacia el entorno y la propia escultura de bronce de 4.000 kilos, obra de Virginio Arias. El 8 de marzo de 2021 un grupo de hombres alcanzó a desestabilizar la mitad de las patas del caballo y el Consejo de Monumentos Nacionales ordenó retirarla. Bajo las capas de pintura, los escultores del taller Montes Becker hallaron un corte profundo en el cuello del jinete. La restauración duró seis meses y dejó intactas cuatro zonas diminutas como testimonio del estallido. A última hora del pasado 10 de marzo, un día antes de que Gabriel Boric abandonara el poder y José Antonio Kast asumiera como presidente, el monumento regresó a Plaza Italia.

Más de cinco años después de ser retirada por el riesgo de caer en medio de las protestas, la estatua de Baquedano fue reinaugurada el pasado 19 de septiembre, con un desfile militar encabezado por el alcalde de Providencia, Jaime Bellolio. El regreso, sin embargo, ha venido acompañado de un alto nivel de resguardo: el monumento está rodeado por una reja blanca de mediana altura, y en su reestreno lo cuidaban unos cuatro autos y una decena de carabineros. Bellolio ha dicho que no hay fecha para retirar las rejas. No se han registrado destrozos en la zona. Tampoco celebraciones. Si volverá a ser el centro con vocación de encuentro que lo caracterizaba antes de las revueltas es una historia que aún está por escribirse.

Los libros que dejó el estallido

PABLO MARÍN

A poco de ocurrido el 18-O aparecía el primero de los numerosos libros que han buscado explorar en sus causas, características o implicancias. Ya en noviembre Hugo Herrera publicaba Octubre en Chile, que pispa el “momento” del pueblo, ese “poder que amenaza al poder”. Antes de terminar el año asomarían dos obras colectivas: Hilos tensados, editado por Kathya Araujo, y Octubre chileno, a cargo de Benjamín Ugalde, Felipe Schwember y Valentina Verbal, que pese a la inmediatez dejaron observaciones perdurables. A partir del verano de 2020 despuntaron Pensar el malestar, donde Carlos Peña se pregunta si hubo un rechazo a la modernización; Siete Kabezas, del hoy ministro de Vivienda, Iván Poduje, quien habla de “una mirada a la sublevación de la calle desde la lógica de las calles mismas”; Sobre la marcha, de Patricio Fernández, que se propuso mirar “lo más de cerca posible”, y Big bang, donde Alberto Mayol afirma que “2011 es la crisis, 2019 es el reconocimiento”. En otra tecla, Octubre 2019, del premio Nacional de Historia Eduardo Cavieres, se pregunta por un país que necesita “redescubrirse y tener futuro”. Y entre lo más reciente está Dignos (2025), donde Pablo Ortúzar aborda las dinámicas carnavalescas de un movimiento que invirtió simbólicamente los poderes, pero careció de una conducción política.

La Antigua Fuente Alemana, la huella del golpe contra el comercio

M. CASTRO

El comercio fue uno de los sectores más golpeados por el estallido social. La Multigremial Nacional estima que más de 17.000 pymes resultaron afectadas, directa o indirectamente, por los desmanes y saqueos de hace siete años. Uno de los casos emblemáticos es el de la Antigua Fuente Alemana, una sanguchería de Santiago centro con una tradición de más de 60 años. Su dueño, Carlo Siri, que fue golpeado por vándalos en el contexto de las manifestaciones, demandó al Estado por 1.200 millones de pesos (1,2 millones de dólares) en 2022, lo que fue acogido por un juzgado parcialmente en 2025 y fijó una indemnización de 475,6 millones (unos 483.000 dólares). Su historia inspiró la película de ficción La Fuente.

El cronista gastronómico Álvaro Peralta recuerda cambios de nombre y de ubicación entre los restaurantes a raíz de aquel 18 de octubre. “Los que estaban más cercanos a la plaza Baquedano tuvieron un cierre algo prolongado”, explica, con meses de apertura mínima que se empalmaron con la pandemia. Casa de Cena, a fines de 2019, fue uno de los cierres más icónicos.

Para Bernardita Silva, gerente de Estudios de la Cámara Nacional de Comercio (CNC), el 18 de octubre de 2019 marcó un punto de inflexión que la pandemia y la inseguridad agravaron. Hoy ve señales de recuperación, dice. Según encuestas de la CNC y de la Asociación Gremial de Turismo y Comercio del Centro Histórico (TUCHS), la proporción de comerciantes que percibe muchos locales vacíos bajó de 54,5% en 2025 a 33,9% en 2026. Silva advierte, sin embargo, que “el principal desafío sigue siendo que estas mejoras se traduzcan en un aumento sostenido del flujo de clientes”.

Señala que las manifestaciones siguen pesando cuando se producen: el 87,5% de los locales dice resentirlas, sobre todo por la menor circulación de personas, la caída de las ventas y los horarios alterados. Silva pide compatibilizar el derecho a manifestarse con el de los comerciantes a trabajar con seguridad.