La campaña estadounidense de ataques militares contra supuestas narcolanchas ha revivido. Después de dos meses en los que no se habían producido este tipo de golpes, o al menos no se había informado de ellos, las fuerzas estadounidenses reconocen haber matado a dos personas al hacer estallar una embarcación, supuestamente dedicada al tráfico de drogas, en el Pacífico oriental este domingo
En un comunicado distribuido en redes sociales, el Comando Sur, responsable de las actividades militares estadounidenses en América Latina, apunta que el ataque se ejecutó bajo la dirección de su jefe militar, el general Francis Donovan. La Fuerza de Trabajo Conjunta del Hemisferio Occidental “ejecutó un golpe cinético letal contra un barco que trataba de pasar desapercibido y operaba a lo largo de rutas establecidas del narcotráfico en el Pacífico oriental. Datos confirmados de inteligencia revelaron la participación activa de la embarcación en el narcotráfico”.
Dos personas que viajaban a bordo, y que el comunicado describe como “narcoterroristas”, murieron en el ataque, precisa el Comando Sur. “Esta operación es un recordatorio claro y decisivo de que el Comando Sur está llevando el combate directamente al terreno de los narcotraficantes”, agrega.
“This operation is a clear and decisive reminder that SOUTHCOM is taking the fight directly to the cartels.”
On August 23, under #SOUTHCOM Commander Gen. Francis L. Donovan’s direction, Joint Task Force Western Hemisphere executed a lethal kinetic strike on a low-profile vessel… pic.twitter.com/aIw1qn36gd
— U.S. Southern Command (@Southcom) August 24, 2026
La Fuerza de Trabajo Conjunta del Hemisferio Occidental se constituyó a comienzos de agosto para reemplazar a la Operación Lanza del Sur, el nombre que dio el Pentágono a sus operaciones en el Caribe y el Pacífico contra el narcotráfico, y que sirvió de herramienta de presión contra Venezuela y Nicolás Maduro en los meses previos a la operación militar que secuestrarlo al presidente del país sudamericano el 3 de enero para trasladarlo a Nueva York a ser juzgado por narcotráfico.
“Cuando ordené el establecimiento de la Fuerza de Trabajo conjunta fue con este propósito exactamente: acelerar, sincronizar y ejecutar acciones letales contra las redes narcoterroristas desestabilizadoras. Estamos decididos a imponer una presión absoluta contra los narcoterroristas: desmantelar sus operaciones y su liderazgo, y eliminar el terror provocado por los cárteles en toda la región”, ha declarado el general Donovan.
En el comunicado, el mando militar agrega: “no permitiremos que los narcoterroristas actúen con impunidad en el Hemisferio Occidental, ni permitiremos que su veneno mortal llegue a las comunidades estadounidenses. Esta operación es una potente demostración de nuestra precisión letal, capacidad abrumadora y determinación absoluta a proteger la patria estadounidense”.
Como había venido siendo habitual en los comunicados del Comando Sur en cada ataque contra supuestos narcolanchas, el mensaje en redes sociales se publica acompañado de un vídeo en el que se ve a una embarcación navegar a toda velocidad, aparentemente, antes de ser alcanzada por un proyectil y estallar en llamas.
El ataque de este domingo es el primero que se conoce desde la constitución de la fuerza de trabajo conjunta a comienzos de este mes. También es el primero que se conoce desde el 21 de junio, cuando dos supuestos narcoterroristas murieron y seis sobrevivieron cuando un misil hizo saltar por los aires su embarcación en el Caribe. Se desconocen los motivos de la pausa en la campaña.
Estados Unidos nunca ha aportado información pública sobre las identidades de las personas que ha asesinado en esta campaña, ni datos que demuestren que las embarcaciones transportaban droga. Washington sostiene que ese tipo de ataques son perfectamente lícitos y una respuesta adecuada a unos carteles incluidos en su lista de organizaciones terroristas internacionales. Sin embargo, numerosos expertos y diversos legisladores —la mayoría, de la oposición demócrata— consideran que se trata de ejecuciones extrajudiciales que violan el derecho internacional y las leyes estadounidenses.
Las fuerzas estadounidenses perpetraron el primer ataque de la campaña contra las supuestas narcolanchas el 2 de septiembre del año pasado, después de semanas de acumular un gran dispositivo naval en el Caribe. Desde entonces ha lanzado al menos 67 ataques contra ese tipo de embarcaciones y asesinado al menos a 223 supuestos “narcoterroristas”.
En marzo de este año, Estados Unidos lanzó una nueva alianza con países de gobiernos conservadores en América Latina, el Escudo de las Américas. La asociación se presentó oficialmente en una cumbre del presidente Donald Trump y los líderes de los países latinoamericanos miembros, celebrada en el club de golf del mandatario republicano en Doral, en las afueras de Miami. Los firmantes originales fueron Argentina, Bolivia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay y Trinidad y Tobago, además de Estados Unidos. Después de aquella reunión también se han incorporado Bahamas, Belice, Chile, Guatemala, Jamaica y Perú. El nuevo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, ha anunciado asimismo que su país se suma a la iniciativa.
El grupo de trabajo conjunto está liderado por el general Kevin Jarrard, que encabezó las operaciones estadounidenses de respuesta a los terremotos de junio en Venezuela.
Tanto el establecimiento del grupo de trabajo como la creación del Escudo de las Américas forma parte de una serie de iniciativas de Washington para combatir el narcotráfico en América Latina y estrechar sus vínculos militares con los países de la región, la zona del mundo que ha declarado su gran prioridad en política exterior.
Apenas días después de la toma de posesión de De la Espriella, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, anunciaba que el flamante presidente había autorizado a Washington a desarrollar operativos militares conjuntos en suelo colombiano. En marzo, Ecuador daba a conocer el lanzamiento de operaciones militares dentro de su territorio con Estados Unidos, para enfrentarse a organizaciones del narcotráfico que la Casa Blanca ha designado como terroristas, como Los Lobos y Los Choneros. En junio, el Gobierno de Venezuela colaboraba con el estadounidense para matar al Niño Guerrero, líder del Tren de Aragua, una de las bandas criminales más poderosas de América Latina.








