“Escribir y publicar no tienen nada que ver”

“Escribir y publicar no tienen nada que ver”


“Siempre pienso que me voy a morir, entonces prefiero hacer las cosas antes”, dice esta tarde el escritor argentino Santiago Craig (1978) . ¿A qué se refiere? A dos cosas. Por un lado, a la salida de sus últimos dos libros: la portentosa novela Vida en Marta (2024) y los cuentos que componen El nombre de todo los sonidos del bosque (2026), ambas aparecidas por la editorial Tusquets. Por otra parte, se refiere a un modo propio de existir: estar siempre en modo de escritura.

En ese aspecto, Craig tira esta definición que puede ser leída como una trinchera personal: “La literatura es ese movimiento que me aparta de las cosas para mirarlas mejor o de otra forma”. Y, además, suma esto: “Me interesa que quien lea algo mío sienta algo suyo, algo propio, un viraje en su posibilidad de ver las cosas. Además de cosas más rudimentarias: que se entretenga o que pueda salir del ruido del mundo, crear un segundo espacio.”

Vida en Marta es una de esas novelas ambiciosas que aparecen muy cada tanto y que representa un proyecto con aspiraciones de absoluto: capturar una existencia –la Marta del título– de un modo que sólo la literatura puede llevar adelante.

El resultado es notable y desbordante, y, por eso mismo, se lee como un objeto destacado de la literatura argentina reciente. Y, poco tiempo después, teniendo en cuenta de dónde venía: un trabajo agotador, sale un libro de cuentos que nos recuerda que Santiago Craig es una voz que nunca se detiene. Historias que se manejan en esos resquicios que deja la realidad para que aparezca otra cosa.

En ese sentido, lo de Craig es un trabajo literario con esa clase de ambigüedad que se filtra en el día a día, pero que sólo es notado o descubierto por quienes están atentos o aprendieron a mirar y escuchar de otro modo. ¿Literatura para calmar a los ansiosos o para darle ansiedad a los calmos? Es posible que todo junto.

Un encuentro con el autor para dialogar sobre la distancia que hay entre la novela y el cuento y por que escribir y publicar no tienen nada que ver.

–¿Qué relación hay entre este libro de cuentos y Vida en Marta?

Vida en Marta la estuve escribiendo durante 10 años. Y mientras tanto escribía cuentos, de hecho publiqué otras cosas. Soy de escribir varias cosas a la vez, de tener muchas ventanas abiertas y se te van juntando. Algunos de esos cuentos están publicados en este libro. Algo que quería escribir para la novela no me entraba y terminaba escribiendo un cuento. Pasó un poco eso. Estoy todo el tiempo escribiendo, siempre tengo algo para publicar.

–¿Vida en Marta fue un proyecto más de los tantos que tenías?

–Era el proyecto principal y lo fue durante mucho tiempo y, tal vez, lo es en cierto sentido de todo lo que escribí. No solamente es lo más largo, lo que me llevó más tiempo, sino que en un punto era como ese lugar en donde transcurría una especie de vida paralela a la que iba todo lo que me importaba, todo lo que me interesaba y todo lo que yo relacionaba con esa vida de Marta. Publiqué una versión de esa novela, pero escribí muchísimo más que lo que publiqué, después la edité y por eso quedó como quedó. Estaba completamente tomada por esa novela.

–¿Es similar a tu experiencia de escribir estos cuentos?

–Escribir cuentos es otra cosa. Parto de una idea y es una cosa un poco más lúdica, divertida, o que me va llevando por otro lado y diría que era un respiro de la novela. Igual tiene la misma onda, no es que la novela es más oscura y los cuentos tienen otra luz, están en la misma sintonía, en la misma vibración. En el fondo, la novela tenía otro peso en mi vida, yo la llevaba puesta. Tenía como otra densidad en mi vida que el resto de las cosas que fui escribiendo.

–¿Qué se aprende al escribir una novela así?

–Lo que me pasó es que me hizo entender lo inabarcable. Me di cuenta de que nunca iba a poder con todo. Vida en Marta es de esas novelas maníacas donde vos vas y decís, ahora la agarro, y te das cuenta de que fracasás. Y en ese fracaso hay algo decente, podría decirse heroico, pero heroico en el sentido más chiquito de la palabra, en el sentido de que hay algo que te proponés y es imposible hacerlo. Aliviané mi visión de la literatura, de la escritura. La idea era construir una vida desde lo mínimo, desde lo más trivial. Me gustaba la idea de que la gente tuviera que hacer un movimiento de acercar su interés a esto. Si yo hacía la vida de alguien extremadamente interesante. Traté de construir un personaje muy en la medianía, pero tratar de mirarlo hasta que me importe. Mi movimiento en la escritura tiene que ver con mirar las cosas hasta que me importen. No me interesa partir de mis propias ideas o premisas o prejuicios respecto de lo que es interesante o no.

Santiago Craig. Foto: redes sociales.

–¿Cuándo sentís que tenés un volumen de cuentos listo?

–Uno lo descubre intuitivamente en la lectura. Yo tengo un libro que se llama 27 maneras de enamorarse, otro que se llama Animales. En un caso son cuentos relacionados con el amor, en el otro, los animales, una especie de bestiario. Eso facilita el juego de la escritura porque parece que fuera llegando a casilleros en donde a cada cuento le corresponderá un animal. Pero después hay otros libros donde la unidad la encuentro en la fatalidad de ser uno, y que los temas se repitan, que haya determinadas formas, situaciones y obsesiones que aparezcan. En este libro, hay temas en los que reincido y hay determinado tono, hay determinadas cuestiones que dan esa idea de que este cuento entra o no entra en este grupo. Es como los discos.

–¿Te lanzás al cuento sin tener nada previo?

–Si el cuento no tiene trama no lo escribo, y menos lo publico. Y, en general, las premisas, muchas veces, son muy arbitrarias. A veces tengo una idea, ponerle, de un tipo que se sube a una hamaca y no se baja nunca. A ver qué hago con eso. Entonces, el cuento se va armando alrededor de eso y empiezan a surgir cosas que yo no había pensado. Después hay otros en los que hay un sustento de una anécdota o de una cuestión verdadera. Los cuentos en sí, el modo en que yo los pienso, tienen que ver con lo que yo leí, con lo que leo, con lo que me gusta y en cómo me fui formando como lector.

–En los cuentos de este libro hay una sensación de peligro o ambigüedad latente que el lector tiene que ir descubriendo si explota o no.

–Me gusta la idea de que alguien me acompañe hasta un borde, llegar hasta ahí y ver eso incomprensible. Y haber transitado un lugar, haber ido o hecho un esfuerzo para llegar al borde de las cosas, y lo miramos juntos sin terminar de decidir del todo qué nos pasa con eso, más que asustar o empujar a alguien. Me parece más fácil empujar a alguien a un pozo que convencerlo de que venga conmigo a mirar algo que no sabemos qué es. Nunca escribo algo que yo lo interpreto, lo entiendo y lo cierro.

–Recién decías que escribías todo el tiempo. ¿Ves alguna vinculación entre la escritura y la publicación?

–Escribir y publicar no tiene nada que ver. Si cuando uno está escribiendo está pensando que lo va a publicar, eso le quita la esencia de lo que estás haciendo. Y no es solamente una cuestión de frase hecha, es realmente una experiencia vital. La escritura, para mí, es un espacio tan personal y tan ganado de tan chiquito respecto del resto de las cosas. Es un refugio tan importante y significativo en mi vida que tengo todavía la voluntad de cuidarlo. La escritura representa un lugar de mucho amparo y libertad. Ahora, dicho esto, me da mucha ansiedad cuando sale un libro y siempre me enfermo. No soy para nada inmune a lo que la gente me diga, me afectan las lecturas, sobre todo de de colegas escritores.

–¿Qué lugar considerás que ocupa este libro nuevo en tu recorrido?

–El libro que me marcó un cambio fue Vida en Marta. Este libro lo asocio mucho a Las tormentas, el primero. Por cómo lo escribí, el tiempo que me llevó escribirlo, el modo en el que fui tratando las ideas que me llegaban. Los otros dos libros, 27 maneras y Animales, los escribí más rápido y de forma casi afiebrada, uno detrás de otro. Este libro no, cada cuento me llevó tiempo. Al haber pasado por el proceso de escritura de Vida en Marta y estos cuentos, siento que marcaron mi modo de relacionarme con el tiempo y el espacio del mundo literario que estoy inventando. Siento que encontré eso. Ahora se me impone. Antes no era así, estaba buscando algo. Ahora estoy escribiendo cosas raras, distintas, y siento que es por haber procesado los cuentos de estos libros. Estoy yendo, con muchísima soltura, hacia un lugar. Nunca me había sentido así.

Santiago Craig  Santiago Craig escritor

–Creo que tu prosa está muy vinculada con la poesía. ¿Cómo es tu relación con el género?

–Mis primeras lecturas fueron poetas. Yo, de chico, en vez de tener una remera de Guns n` Roses tenía una con la cara de Rimbaud. Los poetas malditos eran mis ídolos de la adolescencia. Me comí todo ese viaje. Me dieron una base de relación con la literatura. Esa fue mi entrada. Después vino la narrativa. Ahora leo poesía constantemente. Mi relación con la prosa, entonces, siempre es una relación con la forma. La poesía me formó como lector y escritor.

Santiago Craig básico

  • Nació en Buenos Aires, en 1978. En 2017, publicó el libro de relatos Las tormentas, que fue finalista del Premio de Cuentos Gabriel García Márquez 2018, obtuvo la primera mención en el Premio Nacional de Literatura y una mención especial en el Premio Iberoamericano Cortes de Cádiz.
  • Es autor de los libros de relatos 27 maneras de enamorarse y Animales, ganador del Segundo Premio Nacional de Literatura y del Premio Municipal; de las novelas Castillos y Vida en Marta, finalista del Premio Fundación Medifé Filba en 2025.
  • Además, publicó el ensayo poético A un costado de las cosas y, en colaboración con Pablo Bernasconi, el libro–álbum Un Coso (seleccionado en The BRAW Amazing Bookshelf de la Feria de Bologna 2023).
  • Algunos de sus libros fueron traducidos al portugués y al francés y adaptados a teatro.

El nombre de todo los sonidos del bosque, de Santiago Craig (Tusquets).