“Es para todo el mundo”

“Es para todo el mundo”


Cómo se le explica a una niña de 10 años que hace 5 décadas, en el mismo suelo que hoy pisa, hubo más de 500 centros clandestinos de detención, un plan sistemático para apropiarse de bebés recién nacidos separándolos de sus madres haciéndolas desaparecer, que se desintegró el Congreso y la Justicia y que salir a tomar un café con un amigo podía terminar en una desaparición. La historiadora Marina Franco encontró la manera en su libro La última dictadura, Argentina 1976-1983 (Pequeño Editor) y todo el mundo habla de este volumen ilustrado que construye lectores infantiles, sí, pero adultos también.

“El libro busca, desde el rigor del conocimiento histórico, de la información probada, de los hechos y de las investigaciones existentes, construir un relato de lo que fue la dictadura, de sus causas, de sus efectos y de sus resultados políticos, sociales y económicos. Y por esa vía también participa de los debates contemporáneos sobre lo que fue el terrorismo de Estado, pero siempre desde el conocimiento histórico probado”, explica la autora a Clarín en esta entrevista.

–Vos venís investigando este tema desde hace mucho tiempo, ¿por qué lo pensaste ahora para niñeces y adolescencias?

–Yo soy investigadora del Conicet, de manera que trabajo el tema de la década del 70, la dictadura y la represión, desde el punto de vista de la investigación científica. Pero ya hace varios años que me he ido moviendo hacia públicos más amplios, tratando de transformar mi trabajo para que tuviera posibilidades de llegada social más amplia. En los últimos años empecé a estar muy preocupada por discursos que llamamos negacionistas y también de manera mucho más amplia por la sensación de que había más desconocimiento del que yo creía sobre lo que había sido la dictadura y el terrorismo de Estado. Y dado que además venían los 50 años del golpe, me propuse hacer este libro para gente más joven, para adolescentes, para niños y niñas, pero también está pensado como un instrumento para el diálogo entre generaciones. Es un libro realmente pensado para la conversación entre adultos (sean familias o docentes) niños y adolescentes.

–También sirve para los adultos que se acercan por primera vez al tema

–Es un libro para todo el mundo y en ese sentido hago hincapié en que tiene textos cortos, muy claros y sencillos en términos de la explicación histórica y que por lo tanto son accesibles para un público de todo tipo. Y eso es parte del objetivo, es decir, transformar la historia en un discurso que pueda ser comprendido y discutido socialmente en términos muy amplios, no para los especialistas o para el mundo universitario.

–El ejemplo del gráfico de cómo cambió la repartición de la riqueza con el golpe del ’76 es clarísimo

–Exacto y cada doble página del libro toma un pequeño tema distinto vinculado a la historia de la dictadura, por ejemplo, cuál fue el proyecto represivo, qué fueron los centros clandestinos, qué fue la guerra de Malvinas, qué pasó en el Mundial de Fútbol, cómo comenzó la lucha de las Madres y las Abuelas. Entonces, efectivamente, cada una de esas dobles páginas trata de explicar estos temas en una articulación entre textos cortos y claros -con ejemplos gráficos que muestran estas mismas cosas, como el ejemplo de la torta- e ilustraciones de una potencia espectacular que hablan y dicen cosas junto con el texto. El libro tiene un trabajo en equipo que fue imprescindible para su construcción, desde la editorial Pequeño Editor, la edición de Raquel Franco, las ilustraciones de Pablo Lobato, la diagramación de Pablo Alarcón y desde mi parte como historiadora, para efectivamente lograr este efecto de claridad, de ideas sencillas pero potentes que no restan complejidad al pasado, como la idea de la torta y la distribución del ingreso que fue parte del proyecto socioeconómico de la dictadura.

–La explicación sobre las razones económicas del golpe es fundamental para entenderlo como parte del giro neoliberal en el mundo, ¿no es cierto?

–Yo tengo muchos años de docencia encima y un vehículo fundamental para enseñar a la gente joven, en mi caso la docencia universitaria, es generar interés a partir de preguntas que puedan linkear el presente con el pasado. Por eso, la pregunta fundamental del libro es ¿por qué es tan importante esta dictadura y por qué tenemos que seguir hablando de ella? Y la respuesta es que, efectivamente, la dictadura fue un proyecto político que incluyó un plan económico, que incluyó transformaciones que cambiaron el país en el que vivimos y que el hoy el resultado de esa dictadura. Por eso el libro recorre toda la dimensión militar y represiva tanto como toda la dimensión civil del plan económico y sus transformaciones. El país de hoy es un país construido por la dictadura, por sus efectos nocivos, pero también por los efectos políticos que generó, como por ejemplo la cultura de los derechos humanos o la estabilidad de la democracia como régimen en estos cuarenta años. El libro trata de buscar ese lugar más complejo históricamente para explicar qué fue la dictadura.

Marina Franco es autora de La última dictadura, Argentina 1976-1983 (Pequeño Editor). Foto: gentileza.

–Decís que hay un antes y un después de la dictadura, ¿podrías explicarlo?

–En términos políticos, hasta el 83, la Argentina venía de casi un siglo de inestabilidad política con una democracia que no se consideraba legítima como orden político, desde 1930 casi ningún gobierno constitucional terminó su mandato hasta 1983; las fuerzas armadas ocupaban el centro de la escena política y eran convocadas por los civiles para hacer golpes de estado e intervenir en conflictos internos; la violencia represiva masiva del Estado y la violencia política eran moneda corriente. Eso se termina con la última dictadura, al menos hasta fecha reciente. Desde el punto de vista socioeconómico, la dictadura establece las bases del funcionamiento neoliberal de ahí en adelante, incluyendo un gigante endeudamiento externo como variable central de nuestra economía. Y es ese mismo neoliberalismo que va a ir creciendo en sucesivas capas en las décadas siguientes. Pero también hay otras cosas valiosísimas que este país supo construir con el legado dictatorial, como el valor de los derechos humanos.

–¿Desde entonces la Argentina es ejemplo mundial de construcción de políticas de memoria y justicia?

–Efectivamente, la Argentina hizo un proceso único en el mundo en la articulación entre procesos de investigación, justicia y memoria en los últimos cuarenta años, con sus altibajos y sus límites, y a pesar del negacionismo. Cuando hablamos de negacionismo no nos referimos simplemente al pensamiento negador como el terraplanista; en el caso de la dictadura es más grave el problema porque no hay una negación de la represión y de la existencia de los desaparecidos: hay una justificación de la represión y de los crímenes de lesa humanidad. El peligro es justificar la represión a través de la idea de la guerra. La dictadura fue una cosa completamente distinta a una respuesta a las organizaciones armadas, que ya para el ’76 estaban muy debilitadas, sino un proyecto político, represivo y económico que excede completamente las dimensiones de la violencia previa de las izquierdas.

–¿Además de con la represión y las desapariciones cómo logró llevar adelante ese plan?

–Trazando un plan de disciplinamiento social que excedió absolutamente la represión de las organizaciones armadas. Por eso se llamó proceso de reorganización nacional, porque la idea era realmente refundar las bases del país.

La última dictadura, de Marina Franco con ilustraciones de Pablo Lobato (Pequeño editor). Foto: gentileza.

–Y lo consiguieron porque se pasó de índices de desocupación y de pobreza muy bajos a los que tenemos hoy, ¿no es cierto?

–Sí, se cerraron fábricas, se llevó adelante un proceso de desindustrialización, de apertura de importaciones, de concentración del ingreso en los grandes grupos económicos y de endeudamiento externo. Pero no solo se buscó la transformación económica, sino desarmar un país con un altísimo nivel de movilización social y demanda de derechos, que en los setenta apuntaban a cambios sociales mucho más profundos. Esto era todo lo que la dictadura quería cambiar. Y eso se hace con las transformaciones socioeconómicas y con la represión. Por eso para mí es importante mostrar cómo lo económico y lo político están totalmente articulados, no se pueden mirar por separado. Además, cuando uno mira muchas de las políticas llevadas adelante por la dictadura, tienen paralelos muy fuertes con los ciclos neoliberales posteriores de la década del ‘90 y por supuesto el actual. También con la desmovilización y la represión.

Marina Franco básico

  • Es investigadora principal del Conicet y profesora titular en la Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín.
  • Doctora en Historia por la Universidad de Paris 7 y la UBA. Ha obtenido el premio Friedrich Wilhelm Bessel-Preis de la Fundación Humboldt (2025) y es investigadora invitada de Leibniz Universität Hannover (Alemania) a cargo de la Profesora Christine Hatzky.
  • Es autora de varios libros, entre otros: El exilio. Argentinos en Francia durante la dictadura (2008); Un enemigo para la nación. Orden interno, violencia y “subversión” entre 1973 y 1976 (2012): El final del silencio. Dictadura sociedad y derechos humanos en la transición argentina (2018); 1983. Dictadura, transición e incertidumbre (2023); y Fantasmas rojos. El comunismo en la Argentina (con Ernesto Bohoslavsky, 2024).

La última dictadura, Argentina 1976-1983, de Marina Franco (Pequeño Editor).