El Concilio de Nicea fue el primer Concilio Ecuménico de la historia, convocado por el emperador Constantino I en el año 325 d.C. y marcó un hito fundacional para el cristianismo. La conmemoración de los 1.700 años desde su celebración exhibe un gesto teológico, pero también político. Nicea sentó las bases doctrinales para el cristianismo, pero siglos más tarde Roma y Constantinopla se separaron formalmente en el llamado Cisma del año 1054, marcado por diferencias de autoridad eclesial, políticas y teológicas.
Desde su histórica sede en el barrio de Balat, en Estambul, el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla representa una de las figuras más antiguas y respetadas del cristianismo oriental. Bartolomé I, su líder desde 1991, fue un actor clave en el diálogo intercristiano, especialmente con la Santa Sede, lugar donde supo cultivar una relación cercana con los últimos Papas, en particular con Francisco.
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El 28 de junio del año pasado el Papa Francisco manifestó su deseo de estar junto al Patriarca Bartolomé I en la conmemoración de aquél primer Concilio Ecuménico en donde se consolidó la Doctrina Trinitaria del credo. Las intenciones del nuevo Papa León XIV, de cumplir con ese anhelo de Francisco, tenderían a apuntalar esa agenda ecuménica de unión, de paz y disposición, casualmente en un escenario que puede amplificar esas voces.
Estambul es una ciudad que ostenta una carga simbólica y sincrética como la antigua Constantinopla fundada en el año 324 DC, pero que fue también capital del Imperio Romano, fue Bizancio y capital del Imperio Latino, fue capital del Imperio Otomano entrelazando credos, culturas y poblaciones. Su ubicación estratégica la convierte en trayecto obligado entre Oriente y Occidente.
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Su estatura política y diplomática reposa en la disposición para hospedar a actores involucrados en procesos de negociación de alto nivel: fue en Estambul donde, en marzo de 2022, se celebraron reuniones entre delegaciones de Ucrania y Rusia a poco tiempo de comenzada la guerra, fue el lugar donde se negoció el Acuerdo del Mar Negro para proveer de alimentos a muchos países africanos.
Este año, renueva la confluencia con delegaciones de países europeos, de los EEUU, rusas y ucranianas que parecieran no descartar una eventual reactivación del diálogo aún intrincado, complejo e incierto. Pero, todavía no hay soluciones.








