En busca de la verdad entre chanclas y pintas en el Festival Starmus | Ciencia

En busca de la verdad entre chanclas y pintas en el Festival Starmus | Ciencia


La playa de las Américas es una mezcla imposible entre centro comercial, parque temático y resort de lujo. Los peatones se mueven con la cadencia lenta de las chanclas, en los bares se sirven pintas y sangría y los escaparates muestran siempre la temporada de verano. En el centro de este lugar hay una enorme pirámide escalonada rodeada de columnas de apariencia barata y helénica. No es el tipo de lugar donde uno imaginaría la celebración de apasionantes debates sobre la ontología de la verdad. Y sin embargo, es justo lo que sucedió ayer.

El festival científico Starmus celebra este año su octava edición bajo el epígrafe “en búsqueda de la verdad”. Y fue lo que se propusieron hacer ayer tres de los pensadores más relevantes del panorama actual. El psicólogo cognitivista Steven Pinker, el premio Nobel Geoffrey Hinton y la antropóloga y experta en cambio climático Christina Figueres reflexionaron sobre cómo, en tiempos de hechos alternativos y noticias falsas, se ha perdido la capacidad de debatir porque muchos ni siquiera compartimos una base de realidad. Y analizaron cómo este contexto está afectando a la lucha contra el cambio climático.

“La verdad es como el agua”, dijo Pinker, profesor de Harvard y una estrella de rock de la psicología. “Es difícil perseguir la verdad. Como la racionalidad, como la objetividad, es algo que a veces no se puede ver”. Pinker vende libros a millares y sus teorías radicalmente optimistas sobre hacia dónde va el mundo han impactado enormemente en la conversación actual. Aunque ayer no fue especialmente positivo, al reconocer que en tiempos de polarización, la verdad ha dejado de ser objetiva y compartida.

Christiana Figueres fue Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y se ha convertido en una eminencia en este campo. Sostuvo que la verdad es una mezcla entre los valores y los hechos. Por eso no se puede hablar de una sola verdad, siempre se conjuga con un pronombre posesivo. “Hay que ser consciente de que otros tienen otros valores y es importante entender cómo podemos navegar entre todas esas verdades”, continuó.

Geoffrey Hinton es un premio Nobel de Física y más pesimista que sus compañeros de panel. Es considerado uno de los padres de la IA y fue el primero en abandonarla, alertando de sus peligros cuando, en 2023, dejó su puesto como vicepresidente de Ingeniería de Google. “Pero no soy un doomer”, aclaró al bajar del escenario. Con este apelativo se conoce a los ingenieros que aseguran que la IA podría acabar con la humanidad en los próximos años. Él no es tan negativo. Solo cree que nos dejará sin trabajo. Hinton tiene una idea más pedestre de lo que es la verdad. “Lo contrario de lo que diga Donald Trump”, sentenció ante el solaz del público. Más tarde matizó que la verdad ha sido corrompida por los idearios políticos, que han envilecido el discurso.

El punto de inflexión, aseguró Pinker, fue Una verdad incómoda, el documental de Al Gore de 2006. “Él había sido vicepresidente [de Estados Unidos] entonces se entendió como una cuestión política que solo interpelaba a las personas de izquierdas. Hay quien cree que ese documental hizo mucho daño al ecologismo”. Pinker abundó en esta idea recordando que la preocupación por el medio ambiente y la conservación de los recursos naturales, a principios del siglo XX, era una causa defendida por los conservadores. En los años setenta, en el contexto estadounidense, pasó a ser transversal. Y ahora se asocia solo con un lado del espectro político.

Diferentes valores dan lugar a diferentes verdades, explicaba Figueres. Por ejemplo, el cambio climático pone en riesgo nuestra vida. Y esto es cierto para una familia que vive en una pequeña isla amenazada por el nivel del mar. Pero si eres un ciudadano de Arabia Saudí que vive del petróleo, reducir su producción no va a mejorarte la vida, te la va a empeorar, te la va a empobrecer. “Las dos son verdades objetivas que parecen contrarias, pero pueden convivir”, explicaba la antropóloga. “Pero no todas las verdades tienen el mismo valor moral”, replicaba Pinker. Además, el cambio climático a corto plazo puede tener consecuencias para unos pocos, pero a la larga llegará para todos. Petrodólares para hoy e inundaciones para mañana. El reto es aprender a navegar todas estas ideas, escuchar a partes con visiones contrapuestas, cerraba Figueres. “A pesar de la subjetividad, tenemos la responsabilidad de preguntarnos cuál es nuestra verdad. Y si algo es cierto para nosotros, debemos luchar por ello”.

El auditorio escuchaba con atención a los ponentes. Tras unos largos aplausos, parte del público salió a tomar el sol y fumar cigarros. Fuera, el día iba cediendo y los bañistas se retiraban de la playa, iban llenando los numerosos bares y terrazas de la zona. La verdad parecía menos relativa y más compartida en la playa de las Américas. Quizá incluso más amable. Los debates ontológicos parecen menos intensos con una pinta en la mano y unas chanclas en los pies.