Solana Sierra firmó una enorme victoria ante una especialista de polvo de ladrillo para meterse por primera vez en la tercera ronda de Roland Garros. La marplatense, 68ª del ranking mundial, sorprendió este miércoles a la italiana Jasmine Paolini, 13ª preclasificada y finalista del certamen en 2024, a quien venció por 3-6, 6-4 y 6-3, tras dos horas y 10 minutos de juego. En una curva de constante crecimiento desde el año pasado, se anotó así su primer triunfo ante una top 20 y se aseguró ya la mejor actuación de su carrera en el Grand Slam parisino.
“Fue un partido durísimo. Jasmine juega muy bien, sabía que tenía que mostrar mi mejor tenis. No sé cómo hice en el segundo set para seguir. Pero estaba disfrutando mucho. Me encanta esta cancha, me encanta el torneo y quería seguir un rato más. Y por suerte lo pude cerrar en el tercero”, comentó en charla con ESPN Solana, que irá en tercera ronda ante la rumana Sorana Cirstea, 18ª cabeza de serie.
La fortaleza mental de la marplatense, de 21 años, fue clave en el duelo ante la ex número cuatro del mundo, en el que tuvo que correr desde atrás luego de ceder el set inicial por 6-3 que Paolini encaminó con un quiebre oportuno en el noveno game para ponerse 5-3.
Sin margen de error, Sierra salió a buscar la remontada en el segundo, con un juego más agresivo que la hizo equivocarse más (sumó 22 errores no forzados en el segundo parcial, contra los 11 del primero) y la dejó muy rápido en desventaja. Porque la italiana volvió a robarle el saque en el arranque y se adelantó 2-0.
No se desesperó la marplatense, que se plantó firme y supo esperar su momento. Se soltó y arriesgó más y logró sacar a su rival de su zona de confort. Y cuando parecía que Paolini no se quebraba, Solana dio el golpe: sumó dos quiebres al hilo (en el octavo y en décimo game) y se robó ese set por 6-4.
Y fue con una cuota de suerte, porque en el cierre de ese capítulo la italiana comenzó a sentir un dolor en el pie izquierdo, que fue creciendo en el arranque del tercero. Tanto, que luego de que la argentina sumara un break en el segundo game y quedara 3-0 en el marcador, tuvo que ser atendida por el fisio en su banco, mientras no podía contener la lágrimas.
Paolini volvió a la cancha, todavía con los ojos húmedos, y sorprendió. Porque consiguió un quiebre casi inmediatamente y descontó 2-3. Esa situación -desde la lesión de su rival hasta la recuperación instantánea tras ser tratada por el médico- podría haber descolocado a Sierra, pero la marplatense se encerró en su cabeza y no se dejó afectar. Y con mucha frialdad mental, respondió con un nuevo quiebre en el sexto juego y se escapó luego 5-2, casi sentenciando el partido.
Aunque tuvo que trabajar para cerrarlo, porque con la victoria al alcance de la mano, desperdició su primer match point con una doble falta y el segundo con un error no forzado. Pero en el tercero no perdonó.
“Después de pedir el fisio, ella empezó a jugar muy bien, muy sólida. Pero creo que yo estuve muy bien y logré en mantenerme en el presente, en seguir buscando mis tiros, que era lo que estaba tratando de hacer para controlar yo el partido. Salió muy bien y fui muy valiente en el final. Estoy feliz de poder seguir en el torneo, que me encanta”, analizó la única representante argentina en el cuadro femenino del certamen.
Sierra había desembarcado en París sin ningún partido ganado sobre el polvo de ladrillo de Bois de Boulogne, porque debutó en el cuadro principal del torneo el año pasado, tras superar la qualy, pero cayó en primera ronda ante la kazaja Yulia Putintseva. Poco después, fue la gran revelación sobre el césped de Wimbledon, al que entró como lucky loser y terminó jugando los octavos de final (los primeros para ella en un Major), para convertirse en la primera perdedora afortunada en llegar a esa instancia en singles femenino en el All England en la Era Abierta.
Tras esa actuación -que le permitió escalar 35 puestos en el ranking- ya no dejó de crecer. En agosto ingresó por primera vez en forma directa al cuadro de un Grand Slams, en el US Open. En octubre, ganó su segundo título en un WTA 125 (equivalente a los Challengers masculinos) en Mallorca. Había conseguido el primero en marzo en Antalya. Y cerró la temporada en el top 70 (66ª), una mejora de más de cien posiciones.
En febrero de esta temporada alcanzó su mejor ranking, la 62ª posición. Y en la gira de polvo de ladrillo de preparación para Roland Garros, que arrancó complicada porque tuvo que retirarse en primera ronda en Charleston por un malestar general, sumó dos buenas actuaciones. Jugó octavos de final en el WTA 100 de Madrid, del que se despidió al caer ante la ex número 1 Karolina Pliskova. Y hizo tercera ronda en Roma, donde la frenó la estadounidense Coco Gauff, número cuatro del mundo, en un partido peleado a tres sets.
Sierra irá por el pase a octavos ante Cirstea. Foto AP Photo/Aurelien MorissardAsí, llegó con un buen envión a París, donde ya se cargó a dos campeonas de Grand Slams. Porque en el debut bajó a la británica Emma Raducanu, ganadora en Nueva York en 2021 y hoy 39ª de la clasificación mundial, con un sólido 6-0 y 7-6 (7-4). Y ahora despidió a Paolini, que fue dos veces finalista de un “grande” en singles (Roland Garros y Wimbledon en 2024) y levantó el trofeo de dobles en París el año pasado junto a Sara Errani.
Esa fue su primera victoria en su sexto partido jugado ante una rival ubicada entre las mejores 20 del ranking. Había perdido con la brasileña Beatriz Haddad Maia (17ª) en la Billie Jean King Cup de 2024; con Gauff (4ª) y Belinda Bencic (11ª) en la United Cup en enero; con Mirra Andreeva (8ª) en segunda ronda de Indian Wells; y otra vez con la estadounidense en unas semanas en Roma.
La argentina irá ahora por Cirstea, de 36 años y 18ª del ranking. La rumana fue semifinalista en el Foro Itálico (perdió con Gauff) y superó sus dos primeros compromisos en París sin ceder sets y con apenas siete games perdidos: 6-3 y 6-1 ante la adolescente local Ksenia Efremova, 17 años e invitada de la organización, y 6-3 y 6-0 frente a la alemana Eva Lys.
Será otro examen difícil para Solana, que igual, confiada, se anima a soñar en grande.








