En el verano de 1954, Federica de Grecia organizó un crucero de 11 días por el Egeo para un centenar de príncipes europeos. Oficialmente, la consorte de Pablo I, rey de los helenos, planeó la travesía en el lujoso Agamenón para abrir las puertas de su país al turismo tras los estragos de la Segunda Guerra Mundial. Extraoficialmente, Federica, que tenía alma de celestina como su bisabuela la reina Victoria de Inglaterra, ideó el viaje para que las futuras testas coronadas del Viejo Continente se conocieran y, si había suerte, se enamoraran.








