En la década del 70 era sumamente común que los periodistas acreditados en una Copa del Mundo se cruzaran e entrevistaran de manera informal a las grandes figuras del fútbol mundial, tanto jugadores consagrados como entrenadores de renombre. El rumano Stefan Kovacs pertenecía a ese selecto grupo: había saltado a la fama dirigiendo al mítico Ajax de los Países Bajos como continuador natural del “fútbol total” ideado por Rinus Michels. En 1974, Kovacs se desempeñaba como director técnico del seleccionado de Francia, combinado que no había logrado clasificar a la Copa del Mundo en Alemania, por lo que se encontraba trabajando para el Grupo de Estudios Técnicos de la FIFA.
Dos días antes del pitazo inicial, el 11 de junio, Kovacs quedó asombrado al confirmar la ausencia de Carlos Bianchi. Y lo decía en cada entrevista. Ya había dado un claro anticipo de su admiración por el delantero el 29 de enero de ese mismo año, durante una extensa charla concedida a la revista El Gráfico. En aquella oportunidad, el entrenador había manifestado: “Yo hice votar a la Federación Rumana para que el Mundial del 78 se hiciera en la Argentina. Hace tres años el señor Armando me habló para contratarme como técnico de Boca Juniors. Me gusta mucho el futbolista argentino, aunque creo que le falta un poco más de vivacidad. Ahí tiene usted a ese muchacho Bargas, a Bianchi… ¡qué buenos son y qué espíritu tienen!”.
Carlos Bianchi, con cabello y barba, en el Stade de ReimsPero en suelo alemán, Kovacs fue contundente. “El entrenador de la selección francesa y ex DT del Ajax, el rumano Stefan Kovacs, manifestó que su colega argentino actuó apresuradamente al omitir a Carlos Bianchi. ‘El actual goleador del Stade de Reims reúne todas las condiciones esenciales del verdadero crack’, manifestó Kovacs, agregando que Bianchi debió estar en el seleccionado argentino, que lo considera uno de los mejores atacantes de Europa”, se lee en las páginas de Clarín del 12 de junio.
Lo paradójico del caso es que Bianchi no había sido transferido al exterior en 1971 precisamente porque era considerado una de las grandes apuestas para el Mundial de Alemania. La veda exportadora había comenzado el 2 de septiembre de ese año, cuando la AFA, bajo la intervención de Raúl D’Onofrio, publicó una estricta resolución vinculada directamente con las transferencias de futbolistas al extranjero. En el Boletín N.º 354 se especificaba que la intención era “jerarquizar” el fútbol local y “proyectar su imagen al plano internacional”. La medida se tomaba con vistas a las eliminatorias olímpicas de 1971, los Juegos Olímpicos de Múnich 1972, el torneo juvenil de Cannes, la Copa Independencia y, fundamentalmente, la Copa del Mundo de 1974.
Por eso, el documento aclaraba de manera taxativa: “Las solicitudes de transferencias al extranjero de jugadores menores de 24 años serán consideradas con un criterio sumamente restrictivo, debiendo analizarse profundamente sus aptitudes técnicas y posibilidades futuras. Si un jugador menor de 24 años ya hubiera integrado oficialmente alguno de los seleccionados de AFA o estuviera en la programación de selección o preselección futura en cualquiera de sus categorías, la solicitud de transferencia será denegada”. El reglamento también facultaba a la conducción a impedir la salida de futbolistas mayores de esa edad si estaban afectados al seleccionado. El primer damnificado fue Alfredo “Mono” Obberti, figura de Newell’s.
Para noviembre de aquel año, Bianchi ya era una realidad imposible de ignorar: había marcado 86 goles con la camiseta de Vélez y acumulaba diez partidos internacionales con la Selección. Su enorme presente despertó el interés del Flamengo de Brasil y, a comienzos de diciembre, llegó a un acuerdo económico para incorporarse al Cruz Azul de México junto al arquero Miguel Ángel “Gato” Marín. Al delantero le prometían una suma millonaria, pero el 16 de diciembre la AFA ratificó la medida restrictiva y el pase se cayó. Recién casado con Margarita, el goleador pasó su luna de miel en México, con todos los gastos pagos por el club interesado, mientras masticaba la frustración por la transferencia frustrada.
Carlos Bianchi, como jugador, un goleador implacable. Foto: ArchivoA su regreso al país, el rompe-redes le explicaba a Clarín su postura frente al blindaje: “Soy un profesional y acato las decisiones. Si la AFA se ajustó a la reglamentación y negó mi pase al Cruz Azul, yo debo aceptarlo, aunque me perjudicó enormemente”. Un año y medio después de aquel episodio, ya con 24 años cumplidos y habilitado reglamentariamente para emigrar, partió finalmente hacia Francia. En su primera temporada en el Stade de Reims marcó 38 goles en 41 partidos.
La distancia, sin embargo, no diluyó su obsesión por la Selección. Mucho menos tras la frustración de Alemania 74. La revista Gente publicó una nota el 19 de septiembre de agosto de ese año con detalles íntimos del goleador. “Duerme siempre con la camiseta. La usa todo el día”, confesaba su esposa Margarita. Bianchi mantenía intacto el sueño de la convocatoria, pero el destino volvería a darle la espalda cuatro años después, cuando César Luis Menotti confeccionó la lista definitiva para el Mundial de 1978.
La nota, firmada por Carlos Alberto Mutto, corresponsal en París, tiene un par de respuestas del Virrey imperdibles. Sobre su debut en la Selección, decía: “Cuando me seleccionaron por primera vez no podía dormir de la emoción y de los nervios. antes de jugar me ponía la camiseta y me miraba en el espejo. El día que jugué por primera vez con la camiseta argentina, en el túnel me temblaban las piernas“.
Luego, sobre si le hubiese gustado estar en Alemania, Bianchi respondía que no, que “mejor las cosas hayan ocurrido de esa forma“. Pero el periodista agrega. “Bianchi sabía que estaba mintiendo. Después de contestar se puso serio y durante un lugar rato continuó conduciendo su auto en silencio“, escribió y luego agregó: “A las tres de la tarde, cando apareció en la cocina, con los ojos todavía soñolientos, tenía puesta la camiseta del seleccionado argentino con el número 9“. Ahí fue que Margarita le dijo: “Duerme siempre con la camiseta. La usa todo el día“.
“Menotti no me dijo ni mu. Nos juntamos y hablamos sobre fútbol europeo. Me preguntó por muchos jugadores. Yo, la verdad, esperaba que me ofreciera incorporarme. Pero lamentablemente no lo hizo. Tenía esperanzas de ir a jugar. Iré como espectador”, declaró Bianchi el 22 de noviembre de 1977, en un testimonio rescatado por el periodista Matías Bauso en su libro 1978. Historia oral del Mundial.
Carlos Bianchi, como jugador, un goleador implacable. Foto: ArchivoMuchos años después, el propio Virrey reflexionó sobre aquella gran cuenta pendiente de su extraordinaria carrera: “En mi carrera solo me quedó una espina: jugar un Mundial. Lo merecía. En el 74 y en el 78 era el goleador del momento, pero los técnicos no pensaron lo mismo. En Vélez hice 206 goles y en Francia, 179. Por ahí, si hacía dos o tres más, jugaba una Copa”.
Uno de los entrenadores más exitosos de la historia del fútbol argentino tampoco pudo dirigir a la Selección. Pero esa es otra historia.
Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín









