El secreto de la felicidad podría estar mucho más cerca de lo que creemos

El secreto de la felicidad podría estar mucho más cerca de lo que creemos

El acostumbramiento es una de las herramientas más poderosas que tiene el ser humano para sobrevivir. Gracias a ese mecanismo, las personas logran atravesar el dolor, las pérdidas y los momentos difíciles de la vida. Sin esa capacidad de adaptarse, seguir adelante sería prácticamente imposible. Sin embargo, el problema aparece cuando ese mismo proceso también actúa sobre las cosas buenas.

Con el tiempo, las personas se acostumbran tan rápido a lo que tienen que dejan de verlo como algo extraordinario. La salud, los sentidos, la posibilidad de caminar, escuchar, respirar o simplemente abrir los ojos cada mañana pasan a convertirse en algo “normal”, aunque en realidad sean tesoros imposibles de reemplazar.

La lección de los caballos y el río: por qué vivimos desconectados

La reflexión parte de una pregunta simple: ¿alguien vendería sus ojos por dinero? ¿O sus manos, sus oídos o la posibilidad de volver a caminar? La respuesta probablemente sea no. Y justamente ahí aparece la idea central: muchas personas ya poseen riquezas imposibles de comprar, pero dejan de valorarlas porque siempre estuvieron presentes.

La historia de Jaim y Miriam busca explicar ese concepto desde otro lugar. Ambos vivían una vida humilde y difícil, atravesada además por la ceguera. Un día, Jaim escuchó en la radio que existía un trasplante capaz de devolverle la vista a una persona y decidió hacer todo lo posible para que Miriam pudiera acceder a esa oportunidad.

A veces me pregunto qué significa realmente ser rico

Aunque solo había un par de ojos disponible, Jaim insistió en que fuera ella quien recuperara la vista. El trasplante se realizó y, semanas después, Miriam pudo volver a ver la luz, los colores y el mundo que la rodeaba. La emoción transformó su vida y comenzó a descubrir experiencias que hasta entonces nunca había conocido.

Con el paso del tiempo, Miriam empezó a acercarse a otra realidad y a otras personas. Entre ellas, su jefe, quien le propuso dejar atrás su antigua vida para recorrer el mundo y comenzar una nueva etapa junto a él. La posibilidad de conocer aquello que nunca había podido ver terminó inclinando la balanza.

Todo pasa ¿Cómo devolverle la sonrisa al rey?

Cuando Jaim regresó a su casa, encontró una despedida. Miriam le agradecía los años compartidos y le pedía que no se enojara por su decisión. Él no intentó detenerla. Simplemente dejó una carta sobre la mesa.

Tiempo después, cuando Miriam volvió a la casa, encontró ese mensaje. Allí, Jaim le pedía solamente una cosa: que cuidara sus ojos, disfrutara cada amanecer y aprendiera a mirar lo bueno de la vida. Recién entonces ella descubrió la verdad: esos ojos con los que ahora veía el mundo habían sido los de él.

Esto no te pasó a vos, nos pasó a los dos

Jaim nunca había sido ciego. Había decidido vivir de esa manera para que Miriam jamás se sintiera una carga y, finalmente, le entregó aquello más valioso que tenía. El gesto dejó un mensaje más profundo que la propia historia: entender que muchas de las cosas que las personas consideran normales son, en realidad, regalos extraordinarios.

Poder respirar, escuchar una voz, sentir un abrazo o ver la luz del día son capacidades que suelen perder valor únicamente porque forman parte de la rutina. Y quizás, si las personas comprendieran verdaderamente que todo eso puede perderse, vivirían de otra manera.

La felicidad, entonces, no siempre aparece en tener más cosas o alcanzar nuevos objetivos. Muchas veces nace de volver a mirar aquello que ya existe, pero con otros ojos. Como si fuera la primera vez. O quizás, como si pudiera ser la última.

Que tengas un hermoso fin de semana.

(*) Rafael Jashes – Rabino