“El realismo está exhausto porque perdió capacidad de contar el mundo”

“El realismo está exhausto porque perdió capacidad de contar el mundo”


A los 19 años, el escritor Juan Mattio (1983) vivía en Hurlingham y sentía que le había salido todo mal. En ese momento de perturbación extrema que solo se puede sentir a esa edad, encontró a la literatura: “El poder que descubrí en los objetos de la cultura era que esos escritores estaban tan inquietos como yo, estaban viviendo el mundo con vértigo. Eso me reconfortaba”, recuerda este atardecer en el que habla vía Meet con Clarín.

Desde ese momento no paró de leer. Ahí apareció una figura tutelar: Ricardo Piglia. Cuenta Mattio: “Agradezco haberme cruzado con Piglia y haber leído a Borges desde Piglia porque me enseñó a leer más que a escribir. Me hizo pensar mejor cómo se aborda un texto y extraer verdadero sentido. Después, la tarea está en matar al padre. Una vez que se reconoce la influencia, uno se pregunta cómo salgo de acá. La nación de los sueños diurnos fue mi intento de empezar a despegarme de Piglia“.

Resulta interesante que mencione a su reciente novela, publicada por Caja Negra, al lado de un maestro que se intenta abandonar porque se unen dos puntos de una evolución notoria: la que va de su primera narración noir (Tres veces luz), pasando por una colección de ensayos sobre literatura (La sombra de un jinete desesperado) y llegando a dos novelas de ciencia ficción paranoica (Materiales para una pesadilla y La nación de los sueños diurnos) que lo pusieron como un autor de referencia dentro del panorama actual de la literatura argentina que encontró en las diversas versiones del género fantástico un modo, inevitable, de hablar del presente. Sin embargo, Mattio no quiere quedar pegado a nada.

Dice: “Estamos en un momento donde las literaturas no miméticas ganaron cierta centralidad. Creo que lo mejor en este momento es volver a pensar desde la periferia, porque el centro es el peor lugar del mundo para pensar. Yo no soy un defensor del fantástico como si fuera la única estética posible. Borges dice que el realismo es una novedad que tiene 200 y pico de años porque nace con la novela y el ascenso de la burguesía. Si mirás a Dante, Virgilio, Homero, ninguno de ellos escribía realismo ni nada parecido. La hegemonía del realismo puede ser sofocante. El realismo está exhausto porque perdió capacidad de contar mundo. De todas maneras, mi próxima novela va a ser realista”.

Desde este punto continúa el diálogo.

–¿Cómo fue el movimiento que va de Materiales para una pesadilla a La nación de los sueños diurnos?

–Terminé Materiales para una pesadilla en el 2021 y estuve dos años sin escribir. Fueron muchos años de no tener proyecto de escritura. En el medio salió La sombra de un jinete desesperado, un libro de ensayos que fue más como ordenar apuntes. A mí me desordena psíquicamente no tener un proyecto de escritura. Siento que vivo y habito mejor el mundo cuando estoy metido dentro de un proyecto. Materiales para una pesadilla me salvó la vida durante cinco años y estar sin eso era denso. Y cuando apareció La nación de los sueños diurnos pensé que escribiría algo sencillo, tranqui que después se expandió. Cuando ya sucedió eso, ya empecé a sentirme dentro de esa neurosis particular que es la escritura.

CUL / Juan Mattio

–¿Cuándo te diste cuenta de que estabas trabajando con un territorio más denso?

–Quería trabajar con un narrador no confiable que no termina de entender lo que está pasando. Yo creo que el personaje de Yamila tiene esa característica. Ella piensa que es la historia de su amigo, de su primer amor, etc. Y en la medida que va habitando la casa van apareciendo señales de que algo raro hay, y ella no termina de entender. Después, como suele pasar, esa historia se expandió, abrió un mundo que me interesaba narrar y ahí se expandió. La superposición de géneros viene también de esa expansión del mundo.

–¿Con esta novela profundizás algunas inquietudes e intuiciones de tu novela anterior?

–Yo entiendo que Materiales para una pesadilla y La nación de los sueños diurnos comparten el resto diurno de la cultura digital. Son un poco gemelas. Al mismo tiempo, son novelas que si salís del tema y pensás en el procedimiento son muy distintas. Yo quería escribir una novela muy distinta a Materiales para una pesadilla, no quería aferrarme a la lógica del fragmento y de la cita. Quería sentir que estaba agotando eso. Y también porque una cosa a la que más o menos le va bien corre el peligro de convertirse en una receta de torta. A mí no me interesa jugar ese juego. Entonces, lo que pensé es como una especie de negociación. Negocio la cultura digital, que es algo que me interesa, me quedo en esa zona, pero trato de trabajar con una estructura que sea distinta. En La nación de los sueños diurnos el juego es que te pierdas un poco en la superposición de tiempos.

–Hay una apuesta fuerte con la arquitectura en esta novela.

–A mí me interesa mucho la arquitectura de un texto. Me parece que un poco lo que podemos hacer en términos de explorar innovaciones o cierto riesgo formal está en las arquitecturas. Después hay otros autores y autoras que eligen correr riesgos en términos de sintaxis, de lenguaje, de exploración. Y me parece también que está buenísimo. No es tanto el lugar donde yo siento que puedo explorar. Entonces acá encontré la trilogía de Ciudades de la Noche Roja, de Burroughs, donde él labura con temporalidades que cuesta conectar unas con otras y en un momento lo estabiliza. Y me pregunté : ¿qué pasa si hacemos esto hasta el fondo? Y traté de ir por ahí. Me interesa mucho el tema de la arquitectura y la literatura no lineal. Me parece que nos pone a pensar en el problema de la temporalidad y de cómo funciona esa parte de la realidad. Así que mi exploración va por ahí. Y en ese sentido, tanto la influencia de cierto cine como la influencia de ciertas obras visuales son importantísimas. Yo me siento a veces más cerca de eso que de novelas contemporáneas argentinas, que me siento más lejos. Me interesa la perturbación. Que puede ser una poesía, que puede ser una canción, o que puede ser una película o una novela, que no me confirma lo que pienso antes de llegar a ese objeto. La cultura digital vino a profundizar algo que ya existía: nos sentimos más cómodos en burbujas donde nos damos la razón entre nosotros que hablar con alguien que te trae una idea nueva, una mirada nueva, que no es necesariamente la derecha, pero sí algo que no sea exactamente el mismo sesgo que vos.

–¿Cómo lográs, en el proceso de escritura, que una novela con tantos elementos no se te desboque?

–Cuando ya sé cuál es la estructura que voy a usar me armo un Excel muy precario y un índice tentativo. Eso me da mucha libertad para meterme en el capítulo y hacer lo que quiera. Yo sé más o menos lo que tiene que pasar, cuál es la línea temporal que tengo que contar ahí, y entro y me da mucha libertad, mucho juego. Eso es algo que busco: la fantasía de control de todo obsesivo (el Excel) y el disfrute de jugar con la acción del capítulo, con lo que está pasando ahí, meterme en el lenguaje de la psiquiatría, el forense o el judicial, y preguntarme, ¿se puede narrar acá? ¿Cómo funciona este relato? Eso me lo dio La nación de los sueños diurnos. Tengo la sensación de que, por la propia estructura que elegí, hay algo a lo que renuncié: un contacto afectivo del lector. Vos te podés acercar afectivamente a un personaje, pero si lo ves una única vez, un poco que se pierde esa intensidad. Ahí hay un efecto de la estructura, elegí esta estructura, voy a fondo, y tiene esta debilidad, pero la bancamos. No se puede renunciar a la emoción. Vos podés jugar toda la vanguardia que quieras, jugar a experimentar, correr riesgos formales, pero hay algo de la emoción a lo que yo no quiero renunciar. Si vamos a hacer procedimientos arriesgados, que sea para que la emoción sea más intensa, o más inquietante, o ponga más incómodo al lector, pero no para que haya menos. La formalización del procedimiento hace que te sientas un poco distante de lo que está pasando, entonces ahí tengo una duda de si logré o no. Me interesa que el lector se conmueva.

–Las dos novelas parecen ser artefactos que dialogan con nuestra realidad actual en un sentido profundo y nada superficial. ¿Cómo pensás seguir después de esta suerte de díptico?

–Para mí, la novela como género es un campo de intervención. Y tengo muy claro desde el año pasado que me queda una sola intervención. O sea, que me queda una novela más y después me dedicaré al cuento, al ensayo, a cuidar plantas, lo que sea. Entonces ya sé cómo es esa novela que se viene. Tengo más o menos claro algunas cosas. Estoy leyendo un poco para abrir posibilidades, y me dedicaré a escribirla. Sé que me va a llevar tiempo, porque va a ser una novela más extensa. Y ahí termina mi viaje de la novela. Además, ¿cuántas veces podés intervenir en el mismo campo? ¿Cuántas veces nos ha dado intervenir en el mismo campo? Yo no quiero ser un autor de obra tipo Balzac. No tengo esa fantasía. Yo creo que las intervenciones tienen que ser lo suficientemente poderosas para hacer una mella ahí en el campo y después chau.

El escritor Juan Mattio. Foto: Maxi Failla.

–¿Sentís que escribís en contra de un sentido común imperante?

–Totalmente en contra. Yo creo que pensamos en contra. La primera palabra para pensar es no. Hay un estado de cosas que el mundo te propone, que los discursos te proponen, y lo primero que podés hacer es decir no. Y después de ese no, aparecen los múltiples hilos que podés tirar para que esa negación tenga más o menos sentido. Yo creo que se escribe en contra. Yo escribo en contra de la forma en la que estoy trabajando. Es decir, escribo en contra de la novela, en contra de ser contemporáneo, que es una cosa muy incómoda. Escribo en contra de mí mismo y de mis convicciones anteriores. Yo tuve que negar Materiales para una pesadilla para poder escribir La nación de los sueños diurnos. Y voy a tener que negar esta novela para poder escribir lo que viene. Escribo en contra de la comodidad.

Juan Mattio básico

  • Nació en Buenos Aires, en 1983.Trabajó como editor de las revistas culturales Juguetes Rabiosos, La Granada y Sonámbula, y formó parte de Synco, un observatorio de ciencia ficción, tecnología y futuro.
  • Publicó la novela Tres veces luz (que obtuvo una mención en el premio Casa de las Américas), y en 2023 su primer libro de ensayos La sombra de un jinete desesperado.
El escritor Juan Mattio. Foto: Maxi Failla.
  • Dio charlas y talleres en la Biblioteca Nacional, la Universidad Diego Portales, el Festival de Literatura de Buenos Aires y la Universidad Nacional de La Plata, entre otras instituciones.
  • Actualmente coordina talleres de lectura y escritura, y es parte del colectivo Fantasmas del Futuro.
  • En 2022 Materiales para una pesadilla ganó el premio Filba-Medifé a Mejor Novela Publicada en Argentina en 2021. Vive en la ciudad de Buenos Aires.

La nación de los sueños diurnos, de Juan Mattio (Caja Negra).