El oasis salvaje del Hay Festival en Dallas

El oasis salvaje del Hay Festival en Dallas

Las cosas —algunas cosas— han cambiado. En 2014, en Dallas, la tercera ciudad más grande de Texas, solo había una librería. En una ciudad que, con su área metropolitana, sumaba entonces siete millones de personas solo era posible comprar literatura en el establecimiento de una gran cadena. Ahora, 12 años después, hay una veintenta en toda el área urbana y cinco librerías independientes solo en el histórico barrio Bishop Arts District. Dos de ellas son locales de Wild Detectives, la casona llena de libros que montaron dos amigos españoles y que este fin de semana será la sede, por novena ocasión, del Hay Festival Dallas, con 50 invitados y una veintena de charlas sobre literatura, periodismo, música, política y economía. Las cosas —algunas cosas— han cambiado, incluso, para mejor.

Javier García del Moral era un ingeniero de Ferrovial destinado en Dallas cuando decidió en 2014 montar con un amigo Wild Detectives, una librería a la que nombraron en honor a Roberto Bolaño y sus detectives salvajes. Cuatro años más tarde se aliaron con el Hay Festival, que ya tenía ediciones en Querétaro, Arequipa, Segovia o Nairobi, para hacer un encuentro texano. “Cuando empezamos, el 90% de los escritores tenían que dormir en mi casa”, se ríe García. “Ahora ya tenemos hasta un hotel en el barrio”. Ahí estarán este fin de semana las escritoras Claudia Piñeiro, Brenda Navarro, Yásnaya Elena A. Gil o Chris Kraus, los autores Ben Fountain y Jorge Comensal, y los periodistas Nikole Hannah-Jones, Mark Lamster y Nilo Trabizy. Un crisol internacional atravesado por la realidad local que no puede separarse —ya no— de las elecciones intermedias de Estados Unidos, que tendrán lugar en noviembre.

“La proximidad de las midterms, y la pinta que tienen, hace que a la gente le apetezca salir, implicarse, conversar”, apunta García, que cree que el festival “se une muy bien” con esta cita electoral. “Después del batacazo de 2024, en el que nos quedamos medio dormidos, medio perplejos, llevamos una temporada que con los hechos tan lamentables de la Administración [de Trump], parece que incluso en Texas puede haber un cambio, lo que hace solo dos años era impensable”, apunta el dueño de la librería, que identifica en los encuentros de este fin de semana la posibilidad, sobre todo, de escuchar: “El objetivo de cada actividad es que salgas con más preguntas que respuestas”.

El sábado, la revista The Atlantic tendrá en Wild Detectives su cita con Texas, como parte de sus encuentros a lo largo del país, en la que participarán representantes de varios distritos políticos. El instinto del festival es el mismo, y por eso distinto, en todas sus sedes: unir las conversaciones locales con las generales.

Así, a la presentación del crítico de arquitectura de Dallas Morning News, Mark Lamster, que acaba de ganar el premio Pulitzer y escrito una biografía de Dallas a través de sus edificios, seguirá la de Nikole Hannah-Jones, autora de The New York Times Magazine y cabeza del proyecto de investigación sobre la esclavitud 1619 Project, ahora envuelta en una nueva polémica sobre la educación en Estados Unidos.

La mezcla de allá y acá es la que va a permitir que Sama’an Ashrawi, un autor, cineasta y productor (que ha trabajado con Drake, Kendrick Lamar o, también, Coldplay), presente en primicia en Dallas el libro sobre su padre, quien fundó uno de los primeros grupos de rock en Palestina, Al-Bara’em. En la presentación de Baba fue un Rolling Stone (publicado por la editorial londinense Rough Trade Books) estará Ashrawi y su padre, claro, pero también el rapero texano Bun B y el poeta Hanif Abdurraqib.

“Hay cosas que solo pasan en Dallas en una situación como este festival”, explica Javier García y enumera, por ejemplo, el concierto en lengua mixe de Kumantukxuxpë, del trompetista Benjamín Kumantuk Xuxpë, con la poesía de Yásnaya Elena A. Gil, en el teatro de la ciudad de Dallas, con capacidad para 700 personas. Esa es una de las nuevas sedes de un festival que empezó en una pequeña librería de paredes de madera. Que las cosas sigan cambiando.