Área 19, de Esther Gerritsen, se desprende de la ficción para adentrarse en una versión curiosa de la distopia. La trama es simple: el día anterior al del inicio del relato el matrimonio entre Tomas, divorciado, padre de un hijo de 12 años y Suzzane. A la mañana siguiente, Tomas despierta y “la esposa no estaba a su lado”. El silencio sólo se interrumpe por la presencia de su perro. Salió de la casa, “caminó por calles muy vacías, vio más negocios cerrados… se agolpaba una cantidad extraordinaria de gente delante del local del ejército de salvación, en los refugios para la gente sin hogar, en los centros vecinales…personas mayores, mal vestida”. Se había cumplido la gran selección que Suzanne le venía advirtiendo y que Tomas, escritor concentrado en su mundo, nunca había intentado comprender. Selección de la mitad de todos nosotros transportada a otra galaxia, otro planeta donde la vida era posible. Los “elegidos” para dar comienzo a un nuevo destino, y los retenidos en la tierra como “reprobados” para merecer esa oportunidad de salvación. O así se plantea inicialmente. Entre quienes “quedan” no sólo impera el desconcierto sino también la desolación, el dolor de familias arbitrariamente fragmentadas y sin aparente oportunidad de volver a reunirse y, como se irá develando, la “resistencia”.
Como en todo gueto, hay pocas, pero ciertas oportunidades de vulnerar el acceso para que quienes “quedaron atrás” mantengan furtivas conversaciones con los que partieron (no se explica nunca cómo, a dónde). Tomas cuenta con ese privilegio y consigue por vía de una “resistente” subversiva al nuevo orden impuesto ponerse en contacto virtual con Suzanne. La alusión a un nuevo orden que subvierte todo propósito altruista se va manifestando en tanto avanza la novela. Las tres posibilidades tras las cuales se solapan intereses que nunca se manifiestan, pero revelan el poder “real” oculto tras una vaga idea de salvación.
A la pulsión muy humana de recobrar los afectos a través de la reunión de relaciones familias desarticuladas, se le suma los rasgos característicos de regímenes totalitarios: la formación de mundos que configuran guetos, el complot, la delación, la sumisión de algunos y la resistencia y rebeldía de otros. Garritsen utiliza como escenografía una misión humanitaria, a los seres humanos como ratas de laboratorio que desatiende toda misericordia y compasión, a la segregación y a mecanismos perversos como herramientas no para propiciar un fin, sino para señalar una hipótesis que contiene dicho fin. Orwell y Huxley demostraron de una vez y para siempre que los artistas y, entre ellos más que ninguno, los escritores, vislumbran con meridiana claridad lo que para los filósofos son vagas estrategias de aproximación.
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Nada puede suceder que no está ya sucediendo. Por lo que la desafiante novela de Esther Garritson es una versión necesaria del derrumbe en curso de una humanidad ya desintegrada.
Área 19
Autora: Esther Gerritsen
Género: novela
Otras obras de la autora: El regreso; Sed; Hermano; Roxy
Editorial: Caballo Negro, $ 27.000
Traducción: Micaela Van Muylem








