En el último tiempo, el auge de las apps financieras y billeteras virtuales que vino sumando miles de adherentes seducidos por la posibilidad de invertir y ganar dinero se vio matizado por las ensordecedoras historias de los que sucumbieron en préstamos impagables, a la distancia de un solo clic. Con sus deudas, se sumaron a los que no llegan a fin de mes, y entonces se atrasan en las cuotas de todo: aquel gasto excepcional, pero también el más simple; quizás del supermercado. Una pregunta posible es si algunos de esos dos sujetos podrían ser el mismo: inversores que se endeudan o endeudados que invierten. La respuesta es sí, y como se verá, no son pocos.
Clarín trasladó la consulta a Mariana Luzzi, quien en coautoría con María Soledad Sánchez acaba de difundir una encuesta centrada en este fenómeno (tan nuevo, por un lado, y tan rápidamente popularizado, por el otro). El título es largo, pero clarísimo: “II Encuesta de digitalización financiera. Pagar, invertir y endeudarse en la era de las apps. La economía de las familias en el AMBA”.
El cuestionario no incluyó una pregunta específica que explore la situación de los que cargan con el peso de deber dinero a un tercero (la mitad de los encuestados le debe a un banco o billetera virtual) y también se tiran el lance de invertir online con distintos niveles de riesgo, tanto ese puchito extra como la totalidad del dinero disponible para el mes. Pero Luzzi arrimó algunas cifras que están “explorando”.
La socióloga (UBA), doctora en Sociología (L’École des Hautes Études en Sciences Sociales, Francia), investigadora del Conicet y docente de la institución que impulsó la encuesta (EIDAES-Universidad Nacional de San Martín), adelantó que “alrededor de un tercio (30%) de las personas que tuvieron algún tipo de deuda en los últimos 3 años sean créditos o atrasos en pagos de servicios usan las apps financieras para invertir o hacer rendir su dinero”.
A la vez -sumó- “un poquito menos (27%) tenía alguna deuda o atraso en sus pagos y usó específicamente las cuentas remuneradas como forma de invertir. Es lógico porque el 85% de los que usan apps para esos fines, utilizan cuentas remuneradas”.
Las cuentas remuneradas aluden a un tipo puntual de fondo de inversión (Money Market), pero, usada en sentido amplio (como hace este informe), la expresión significa que el dinero en cuestión está invertido y da alguna clase de ganancia diaria. En algunos casos, ese plus es variable, pero en otros es fijo (precisamente, en las cuentas remuneradas propiamente dichas).
Las apps y billeteras financieras ofrecen esta opción con imperativos tentadores que, aunque inflan un poco el mensaje, tampoco mienten: “hacé rendir tu dinero”, “estirá la plata”, “invertí tu dinero”, “hacé rendir tu plata todos los días”, “tu cuenta también te da un extra” o “tus pesos crecen todos los días y podés usarlos cuando quieras”.
Hay que aclarar que, ante la desventaja que para los bancarizados tenía tener los ingresos en una caja de ahorro sin anabólicos adicionales, algunos bancos –no todos: los más grandes no sienten necesidad alguna de ofrecer este servicio– empezaron a competir con las billeteras.
Sumaron, así, un rendimiento vía cuentas remuneradas, con las que intentan ampliar clientela. Esto sin contar la abultada publicidad (de las propias entidades, pero también de numerosos influencers que las representan) alrededor de la conveniencia de tener la plata invertida en fondos comunes de inversión (FCI), acciones y otros instrumentos financieros, que muchos sin ningún conocimiento en estos temas empiezan a explorar.
El mapa de los nuevos inversores
El estudio mostró que la mayoría de los inversores digitales (casi 6 de 10) nunca había puesto “a trabajar” su dinero antes. Ese enorme segmento tiene fuerte presencia femenina. Ellas invierten en un 61%. Ellos, 55%. Pero no cualquier mujer lo hace. El informe señala que predominan las de nivel educativo más bajo, uno de los sectores más golpeados por el desplome del poder adquisitivo.
En la misma línea, hay que decir que 9 de cada 10 de los que invierten hoy online y no terminaron la escuela primaria o secundaria incursionan por primera vez en este campo. Por otro lado, ¿“bajo nivel educativo” es igual a “bajo poder adquisitivo”? Luzzi explicó que, “en la población adulta, el nivel educativo es un indicador aproximado de nivel socioeconómico”, de modo que la asociación no es inválida. Alguno creerá que lo último es obvio, pero suponerlo (sin datos) no alcanza para desarrollar políticas públicas que maticen los efectos inesperados de estas nuevas tendencias.
Volviendo a los inversores deudores, sería ilógico pensar que una persona que maneja volúmenes chicos de dinero podrá saldar su deuda a través de unas acciones que compró al tuntún o mediante la participación en un FCI. Ni hablar de esos pesitos del goteo diario de las cuentas remuneradas y billeteras, con los que el argentino medio percibe la patética felicidad de no estar perdiendo tanto frente a la inflación mensual, la gran patología crónica local.
Sin embargo, sobrevuela una pregunta que no es intención de esta nota responder. Y es si la falta de formación financiera sumada a los mensajes hiperbólicos sobre las ventajas de invertir (un tren que uno, para no sentirse un tarado, “debe tomar”, presiona la conversación pública) podrían estar provocando en algunas personas la confusión de que el sueldito invertido capaz lo salve de las deudas, como un quini o loto aggiornado a esta década.
El desbalance de ser deudor e inversor
La encuesta del EIDAES-UNSAM fue respondida online entre el 1° y el 15 de diciembre de 2025 por 900 mayores de 18 años del AMBA. El 74% de los consultados dijo estar usando billeteras y apps, casi igual que la tasa de uso de tarjetas de débito. Cuando se miran cortes por edad, aparecen más datos importantes. Aunque el 81,3% de los respondentes de 18 a 25 años dijeron usarlas, incluso el segmento que menos las usa, los de 56 años o más, llegaba al 60% (16,5 puntos porcentuales más que en 2022). La herramienta empieza a llegar a toda la población.
Ahora bien, entre los encuestados, aunque la mayoría dijo estar motivada por “ahorrar o tener un capital” y el 72,6% aclaró que lo hace para “ganarle a la inflación”, no todos declararon invertir el dinero realmente. Los que tildaron que lo hacen “rendir” fueron el 40%, 20 puntos porcentuales más que en 2022.
El informe interpreta que “la inestabilidad macroeconómica constituye un impulso importante para las inversiones digitales”. Quizás sea la misma inestabilidad por la que el 70% se atrasó en algún pago en los últimos tres años o debe actualmente plata.
Vale refrescar lo dicho arriba: un tercio de estas últimas personas deposita su confianza en los instrumentos de inversión.
El trabajo muestra cómo se compone ese 70% que en los últimos 3 años debió pedir o se atrasó en las cuentas fijas. Hay particularidades de género. Partiendo del total de consultados y más allá del 22,7% que quedó en deuda con algún familiar o amigo, casi un cuarto de los participantes (24,8%) le pidió dinero al banco. Fueron en su mayoría varones. Casi otro cuarto (23,3%) eligió los préstamos de alguna billetera virtual. La mayoría fueron mujeres.
En este sentido, el informe señala que, si bien las mujeres “aumentaron su participación en el mundo financiero digital” (invierten más y piden más préstamos que antes), “esta mayor inclusión alerta también sobre una mayor vulnerabilidad”.
Es que “las mujeres son mayoría entre quienes no poseen cuenta bancaria tradicional y sólo acceden a servicios financieros a través de billeteras digitales. Son también quienes más recurren a los préstamos ofrecidos por estas plataformas, en general de más fácil acceso, pero también más caros que los de otras instituciones”.
Apps y billeteras, una lectura fina
“La encuesta muestra que los que invierten y los que deben no son dos grupos diferentes: el grupo que intenta ganarle a la inflación con cuentas remuneradas o fondos de inversión también es el grupo que se endeuda. Y hay muchos más que se endeudan más, que por supuesto no invierten. Pero no necesariamente son grupos divergentes”, remarcó.
“Lo que no tenemos son montos, así que no podemos estimar si están logrando compensar una cosa con la otra. No les preguntamos ni cuánta plata deben ni cuánto invierten. Son preguntas difíciles para hacer, en general, y más en una encuesta autorrespondida”, aclaró.
Podría ser el punto más interesante, pero es un terreno con limitaciones: “Porque, como pasa con la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, la gente tiende a declarar mal sus ingresos. Los muy pobres tienden a sobreestimar lo que ganan y los más ricos, a subestimarlo. Es difícil preguntar por la plata. Y más difícil todavía es preguntar por el tema ‘inversiones y deudas’, donde los cálculos son muy complicados”.
En cuanto a los rendimientos, “tenés un plazo fijo. Pusiste plata y sabés cuánto te va a dar o cuánto te dio, pero es difícil que cuando estás contestando una encuesta sepas cuál fue tu ingreso por inversiones, salvo que estés en una situación en la que puedas mirar todas las muchas apps y ponerte a consultar. Todo implica cálculos que no son evidentes”.
“Y si vos le debés a la tarjeta, es muy difícil que puedas informar un número claro. Llega el resumen, pagás el mínimo, debés la diferencia pero a su vez tenés los intereses… no necesariamente sabés cuánto es. Además, lo más probable es que no debas sólo eso sino que le hayas pedido plata a alguien. Todo conduce al redondeo, sin contar que son temas delicados”, apuntó.
Luzzi opinó que “lo que se está viendo muy inequívocamente es que las deudas sirven para hacer funcionar la economía cotidiana”. En cuanto al “discurso que promueve las inversiones”, habló de una “moralización”. Eso de “aprovechar una oportunidad o promesa de enriquecimiento o éxito”.
Pero es “la expansión de cierta convicción de que el progreso y el bienestar económicos dependen exclusivamente de lo que uno haga o no haga, y de lo que uno pueda o no pueda hacer. No es nuevo”.
Entonces, “tener ingresos suficientes para el retiro no va a tener que ver con cierto sistema jubilatorio -el que sea- sino con las medidas que cada persona tome para asegurarse su futuro. Tener cierta rentabilidad para el bienestar familiar va a depender de las decisiones que uno tome y no con el mercado de trabajo ni con un sistema de protecciones garantizadas por el Estado”.
Para la investigadora, la retórica que prima es clara: “Si no te enriquecés es porque no tomaste las decisiones correctas. Si te endeudás es porque no tenés educación financiera. Todo se restringe al plano individual”.








