El miedo no es zonzo. ¿Dice así el refrán? Creo que sí. En todo caso el miedo hizo su efecto, su efecto positivo. Quiero decir: el miedo de Riquelme a perder las elecciones el año que viene y que, antes, los últimos 18 o 24 meses de su mandato se vuelvan ingobernables. Y bajo el imperio del miedo decidió, al fin, contratar un director técnico con espaldas, a saber, Arruabarrena. En estos 7 años de vicepresidencia/presidencia, solo había contratado técnicos que le debían tanto, que estaban tan sorprendidos y agradecidos de haber sido nombrados, que se entregaban dócilmente a los caprichos de ex crack. Eso incluye al propio Russo que, en su primer mandato bajo el riquelmismo, estaba casi de salida de la profesión, pasando por todos los demás hasta llegar a Úbeda, sobre el que recaen inmensas sospechas de que ni siquiera sea un verdadero director técnico (ser ayudante de campo no te vuelve necesariamente técnico). Arruabarrena tampoco es Klopp o Mourinho (mis dos directores técnicos favoritos) y tampoco venía de tener una super carrera profesional: por razones privadas (imagino que ligadas a lo económico) dirigió mucho en los países árabes y su carrera profesional, después del primer pasaje por Boca, no fue especialmente destacada, pero el hecho de estar salvado económicamente, y de tener una personalidad fuerte, más la debilidad que tenía Riquelme después de que Boca quedase afuera de la Libertadores, lo deja a Arruabarrena en una posición interesante: es el primer técnico de la era Riquelme que parece manejar el equipo él, solo él. Por supuesto que tiene una inmensa ayuda dentro del plantel: Paredes. Con Paredes, a Riquelme le salió bien lo que le había salido mal con Cavani: traer a uno que se haga cargo del equipo dentro de la cancha (y también afuera). Y Arruabarrena y Paredes le dieron un atributo a Boca que parecía olvidado: ser un equipo serio. Ser un equipo inteligente. Por supuesto que, después, puede ganar o perder. Boca está lejos, lejísimo, de ser un gran equipo. Pero pasó a ser un equipo que da cierta confianza y que, sobre todo, genera en la gente una corriente de entusiasmo real. Importante, Arruabarrena creo que cometió un solo error (poner a Valencia de titular en el partido de ida contra Vaco da Gama, suponiendo que un Boca diezmado iba a terminar tirándole centros al ecuatoriano) pero en general sus decisiones están marcadas por una mezcla, virtuosa, de riesgo con sentido común. Riesgo es subir a primera y apoyarlos a Flores y Herrera. Sentido común es la forma en la que declara y para el equipo en la cancha. El primer tiempo del partido de martes pasado contra Vasco da Gama allá, se pareció bastante al Boca que hace mucho que no veíamos. Un equipo, como decíamos, inteligente y serio. Un equipo duro y concentrado. Un equipo copero. ¿Es mucho? No, no es mucho. Pero de dónde venía Boca (¡de quedar eliminado en la fase de grupos de la Libertadores!) y pasar por penales en la Sudamericana contra un equipo chileno, no es poco. El miedo no es zonzo y Arruabarrena también lo sabe.








