¿Estamos acostumbrados a que cuando ganamos dejamos llorando al que pierde. Es popular el cántico burlón de la hinchada: “Y llora!, y llora! y llora! (equipo o jugador) llora!
Al mismo tiempo, el llorar es asociado a lo femenino, a lo frágil, a la queja injustificada. Ya está fuera de moda, pero aún hay quienes piensan que los hombres no lloran.
Sin embargo, nosotros tenemos un entrenador de la Selección que llora cuando gana. Y cuando para de llorar, habla, explica, declara. Siempre honesto, humilde, correcto, y a veces hasta sabio, porque con sus palabras sabe ganar y sabe perder.
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Pero lo mas importante es que con llantos incluidos hasta en las charlas técnicas, les dio a sus jugadores permiso para llorar. Y los jugadores lloran frente a las cámaras, especialmente cuando ganan, porque recuerdan sus orígenes humildes, su hambre, no el hambre de ganar, el hambre de comer que signó su infancia, el esfuerzo propio y ajeno, el sacrificio que hicieron sus padres para que ellos pudieran llegar a donde llegaron.
De pronto, ese llanto que guardaron bajo llave, esa tensión que genera el tener que demostrar “huevos” frente a millones de personas, encontró una ventanita de salida porque su entrenador, con el ejemplo, les dio permiso para llorar.
Cada vez que alguien llora frente a las cámaras, salvo en los teleteatros, la gente dice: “se quebró”. Se equivocan, el que llora no se está quebrando, se está integrando con sus propios sentimientos, con su infancia de desamparo o con su búsqueda de amor y cuidados frente a sus necesidades.
La imagen de la Madonna, la madre amamantando al niño, es una imagen universal. Es tan popular, que nos hace olvidar que también existe la ternura paternal. Y otra vez la hinchada inclina la cancha para el lado de la humillación y la burla cuando le dice a la otra hinchada : “Los tenemos de hijos”.
Sin embargo, a pesar de los memes, nadie esta exento de haber sentido ternura al ver a Messi bañando al bebé Lamine Yamal. Ternura paternal. Y a partir de ahí, seguramente con IA, empezaron a aparecer imágenes de Messi paseando en el cochecito a Neymar, a Haaland, a Mbappe, a Kane… todos convertidos en bebitos de un año. Si lográramos quitar el estigma de la burla y la denigración, lo que encontraríamos es una verdad oculta pero que al mismo tiempo está a la vista: todos los jugadores, y todos nosotros también somos esos niños, que no teníamos vergüenza de llorar y que alguna vez fuimos paseados en cochecito. Y lo seguimos siendo, solo que ahora jugando el juego del calamar: partidos y jueguitos que antes eran infantiles ahora son de vida o muerte.
Y sobre el final, el mismo Messi paternal (que también lo es con sus hijos verdaderos) aparece en primer plano, con la medalla del segundo lugar, llorando. Llora porque perdió o llora porque se termina su historia mundialista? No sabemos por qué llora, pero sentimos las mismas ganas de acercarnos a él como de costumbre, pero esta vez no para pedirle una foto y sacarnos una selfie. No es por nosotros que queremos acercarnos. Es por él, para acariciarle la cabeza, darle un beso y decirle: “ ya está, ya pasó, no es nada” y abrazarlo y llorar tiernamente junto a él sin que se dé cuenta. Y junto a Scaloni, junto a Enzo, junto a Lautaro, y junto a todos los demás decirle: podes ir a hacer noni tranquilo, que hiciste todo bien, y cuando te despiertes, vamos a estar ahí, junto a vos, para siempre.
*Medico psicoanalista y psiquiatra/ Miembro Didacta de la APA.








