el lado más íntimo de cuatro marcas de moda que trabajan en familia

el lado más íntimo de cuatro marcas de moda que trabajan en familia


GNZ González: un legado hecho a medida

Trabajar junto a un padre no es solo una oportunidad, es una responsabilidad que se construye con compromiso, aprendizaje y respeto. Para Nicolás Pernas, formar parte de Sastrería González es mucho más que una cuestión laboral: es compartir una visión, continuar una historia y honrar una manera de hacer las cosas. Su papá, fundador de la empresa y alma del proyecto, fue quien sentó las bases de lo que hoy es una marca con identidad, valores y proyección.

Mi viejo me enseñó que respetar la palabra es lo más importante. Que pase lo que pase, hay que seguir adelante, convencido de lo que uno quiere”, cuenta con orgullo su hijo, quien desde hace ocho años está al frente de la administración, el marketing y la comunicación de la marca. Esa enseñanza simple, pero poderosa, marcó el rumbo.

“Papá siempre me dijo: ‘Respetá tu palabra y sé feliz’. Esa frase resume quién es él y qué quiere para lo que tiene cerca”, agrega. Aprender a tomar decisiones, asumir responsabilidades y trabajar codo a codo con un padre exigente, pero generoso, fue parte del camino. En un vínculo que también tuvo sus roces, el respeto mutuo y la confianza fueron creciendo con el tiempo. “Entendimos que lo importante es no pensar igual, sino saber complementarse. Lo creativo lo trabajamos juntos, nos potenciamos”, afirma. “Compartir lo laboral y lo personal con mi viejo es un privilegio que valoro y disfruto cada día”, sintetiza.

Nicolás y Alejandro Pernas en Sastrería González.

Con una mirada joven y emprendedora, el hijo trajo a la sastrería un enfoque más personal y orientado al crecimiento. “Me gusta lo humano, poner objetivos claros, trabajar con valores. Creo que cuando hay orden, se puede lograr mucho más con el mismo esfuerzo”, dice. Esa combinación de experiencia y frescura permitió que Sastrería González se transforme en una marca presente en shoppings, con 10 puntos de venta en todo el país, sin perder su esencia artesanal.

Creamos algo más que una marca: creamos una forma de trabajar, una cultura. Hoy la empresa tiene alma y eso se siente”, concluye. Con más de 100 años, Sastrería González es también la historia de un vínculo que madura y se fortalece. Un legado que se construye con pasión, todos los días, entre costuras, decisiones y confianza.

Kosiuko: herencia de pasión y constancia

Mika (primero, izquierda) y Fiona Bonomi, entre sus padres, Federico y Cynthia Kern, creadores de Kosiuko, Herencia y Label 99. Foto: Familia Bonomi Mika (primero, izquierda) y Fiona Bonomi, entre sus padres, Federico y Cynthia Kern, creadores de Kosiuko, Herencia y Label 99. Foto: Familia Bonomi

Para Fiona y Mika Bonomi, dos de los cuatro hijos de Federico Bonomi y Cynthia Kern, ser parte del grupo familiar que montó un imperio textil significa continuar una historia tejida con visión, esfuerzo y amor.

Su papá, fundador y artífice de varias marcas exitosas como Kosiuko, Herencia Custom Garage y Label 99, construyó una empresa con una mirada clara y un compromiso inquebrantable. “Mi viejo siempre apostó a la innovación sin perder la esencia. Su constancia de más de 30 años trabajando en el mismo rubro, y su pasión diaria, fueron el motor que hizo que todo siga creciendo”, dice Mika. Esa actitud inquebrantable, de levantarse todos los días con ganas y nunca rendirse, es el mayor legado que les dejó. Fiona cuenta que trabajar con su papá es un privilegio.

“Es un referente que me enseña a tomar decisiones con criterio, a cuidar cada detalle, y a avanzar con humildad y gratitud. Su calma firme y su sonrisa constante reflejan una fortaleza que admiro y trato de incorporar en mi forma de trabajar.”

Esa manera de enfrentar los desafíos sin perder la alegría ni la seguridad se siente en cada campaña, en cada producto que la familia realiza. También se transmite en los pequeños gestos cotidianos, donde la pasión y la dedicación siguen marcando el ritmo. Una frase que Mika recuerda con especial cariño es: “La experiencia no se transmite”. Esa enseñanza habla de la importancia de aprender desde la práctica, equivocarse y crecer por uno mismo.

“Mi papá siempre nos dio espacio para proponer y también para equivocarnos. Esa libertad nos permitió construir Label 99 con total confianza.”

En el día a día, Fiona aporta un enfoque digital y fresco, mientras Mika se encarga de captar el pulso del consumidor joven. Ambos suman miradas nuevas sin perder de vista el ADN de las marcas. “Papá nos apoyó para que cada uno tuviera su espacio, sin interferir en las decisiones creativas”, dice Mika.

Fiona y Mika celebran ese vínculo que va más allá del trabajo. Honran la visión y el compromiso de un hombre que, con pasión y constancia, hizo posible que hoy sigan creciendo, innovando y llevando adelante un legado que ya es historia y también futuro.

Volga: diseño con visión de futuro

Lautaro, Gabriel y Joaquín Robol, de Anteojos Volga. 
Foto: Gentileza Anteojos VolgaLautaro, Gabriel y Joaquín Robol, de Anteojos Volga.
Foto: Gentileza Anteojos Volga

El diseño fue siempre el punto de partida. Desde el principio, Volga se pensó como una marca de lentes que integrara calidad, estética y visión. Para Lautaro Robol, cada colección se construye desde esa mirada integral. Su hermano, Joaquín Robol, también cofundador, aporta desde el área de administración y finanzas.

Juntos, desarrollaron un proyecto que hoy se posiciona con fuerza dentro del mundo de los anteojos. Pero detrás del crecimiento hay una historia familiar que se sostiene en confianza, aprendizajes compartidos y valores que traspasan lo profesional.

Trabajar con su padre fue, para Lautaro, un desafío constante. A veces con fricciones, otras con acuerdos espontáneos. Pero siempre con la certeza de que esa dinámica los fortalecía. “Logramos entendernos. Somos muy unidos como familia y como socios. Con el tiempo, aprendimos a escuchar y a ceder. Siempre llegamos a un punto medio. Eso nos permitió crecer y seguir adelante.”

Hay algo de ese vínculo que trasciende lo técnico. La forma de encarar un negocio también se hereda. “Me decía que hay que hacer las cosas bien o no hacerlas. Que uno tiene que ir de frente, mostrar quién es. Lo demás viene solo. Me marcó esa forma de pararse en el mundo. Eso me sirvió para negociar, construir relaciones sanas con proveedores y tomar decisiones importantes sin miedo.” En ese camino, aprendió a defender su criterio: “Eso también me lo enseñó él. No sirve dudar de uno mismo. Si lo hiciste con trabajo, con pensamiento, entonces vale.”

Hoy, las decisiones de diseño se toman en equipo. Padres, hijos, hermanos. Todos suman. Todos proponen. Las colecciones nacen de ese intercambio. Cada uno llega con una inspiración y mirada distintas. Y lo que queda es una síntesis honesta del estilo Volga. Para ellos, su crecimiento no se mide solo en ventas. También se refleja en el respeto por el camino recorrido. En las decisiones que se toman con base firme. Y en la certeza de que, cuando los lazos están bien tejidos, la empresa también encuentra su forma.

Equus: de abuelos a nietos, la leyenda continúa

Pedro, Eduardo y Martín Wolfsohn, de 
Equus. Foto: Gentileza Equus.Pedro, Eduardo y Martín Wolfsohn, de
Equus. Foto: Gentileza Equus.

La historia de Equus no se construye sólo con trajes. Se sostiene con decisiones compartidas, con visión a largo plazo y con un legado que sigue presente. Los primos hermanos Pedro y Martín Wolfsohn crecieron con el ejemplo de su abuelo Eduardo, fundador de la marca. Hoy, ambos lideran la empresa. Uno se encarga del área comercial, administración y finanzas.

El otro gestiona producto, logística, planificación y comunicación. Pero las decisiones más importantes las toman juntos. No trabajan con su padre, sino con su abuelo. Y eso creó una dinámica única. “Siempre tuvimos una excelente relación laboral. Él entendió desde el inicio nuestra mirada. Quisimos transformar la marca y nos apoyó. Porque confiaba en nosotros. Porque le mostramos resultados.”

Eduardo sigue yendo a la oficina todos los días. Participa, opina, consulta. Esa presencia no impone. Acompaña. “No se trata sólo del negocio. Conservamos también la relación de abuelo y nietos. Eso no se pierde. Se refuerza.” Los cambios no fueron simples. Pasar de un multimarca a una marca con identidad requirió trabajo.

Tiempo. Adaptación. Pero el rumbo fue claro. Incorporaron ropa urbana. Mejoraron calidad. Abrieron nuevos canales de venta. Cambiaron imagen. Sumaron tecnología. Armaron equipos. Hicieron crecer la estructura sin perder la esencia. De su abuelo aprendieron a crear. A expandirse. “Tiene una manera de pensar que siempre va hacia adelante. No se queda en la cómoda. Busca. Y nos enseñó a hacer lo mismo.” Entre tantas frases que repite, hay una que se volvió mantra: “Que nunca se caiga la venta”. Puede sonar simple. Pero resume una filosofía: el movimiento constante, el foco en el cliente, la responsabilidad de sostener lo que se construyó.

Hoy, Equus es más que sastrería. Esa evolución no borra lo anterior. Lo amplifica. El valor de esta historia no está solo en los números. Está en el gesto diario de Eduardo que entra a la empresa con la misma energía. En la mirada de sus nietos. En esa mesa donde conviven el pasado, el presente y una idea común: que el legado no se hereda, se honra.