Las dos breves etapas de Juan Carlos Lorenzo en la Selección Argentina estuvieron colmadas de situaciones curiosas, insólitas y también conflictivas. En ambas jugó muchísimos amistosos con clubes y combinados de primera y segunda categoría, además de equipos regionales. Todo servía para los ensayos en los que cambiaba permanentemente jugadores, algo que también provocaba el enojo de muchos. En 1966, ya en Italia, a 22 días del comienzo del Mundial de Inglaterra, decidió suspender un amistoso contra los trabajadores de una conocida marca de aperitivos.
En el repaso de los choques previos a Chile 1962 aparecen nombres como O’Higgins de Chile (2-0), Preußen Münster de Alemania (2-1 y 2-0), Inter de Brasil (4-2 y 1-0), Zaragoza (0-0) y un combinado de Boca-Independiente (0-0). Para 1966 buscó un camino similar: Botafogo de Brasil (3-1), Eintracht Frankfurt de Alemania (4-2 y 1-3), una liga de marinos de Copenhague, Dinamarca (2-0), Fiorentina (1-0), Cagliari (2-0) y Austria Viena (0-1).
Retro Mundial: la cuenta regresiva
Leé acá todas las notas de la serie “60 relatos (des)conocidos de la Selección Argentina”, pequeñas grandes historias que vivió el equipo nacional en la recta final de otras grandes citas.
La mayoría de estos encuentros tuvieron un denominador común: lluvia de críticas hacia el técnico, que ante tantas presiones decidió a último momento que los jugadores no se presentaran a disputar un partido que tenía más de camaradería que de competitividad. Hubo un hecho anterior que profundizó la grieta. En el partido con Fiorentina, en el vestuario de River, Valentín Suárez -expresidente de la AFA en tiempos de Perón, futuro interventor de la entidad tras el golpe de Juan Carlos Onganía a Arturo Illia y, en ese momento, presidente de la Comisión Pro Campeonato del Mundo- tuvo una intervención que enojó a Lorenzo.
“Lorenzo disculpará si lo que voy a decir roza la parte específica del director técnico. Ni la táctica ni la técnica pueden suplir esto”, dijo señalándose el corazón. “Ni el convencimiento, ni la fe. Ustedes van a tener que aguantar una posible silbatina. Jueguen tranquilos. Ocúpense del rival y no le hagan tanto caso al resultado. El público va a exigir goles. Tenemos que lograr varias cosas antes que el triunfo”, les dijo Suárez a los jugadores. Ante las acusaciones de haber interferido en el trabajo del Toto Lorenzo, don Valentín renunció dos días después a su cargo.
Con ese ambiente, el seleccionado viajó a Europa para la gira previa al Mundial. Argentina había llegado a Italia el sábado 18 de junio para disputar un amistoso con la selección italiana el miércoles 22 en Turín. El plantel se alojó en Bra, a unos 50 kilómetros. Osvaldo Ardizzone fue el enviado especial de El Gráfico y retrató el clima interno: “En Bra hablan todos. Y todos coinciden. Todos se quejan de lo mismo. Algunos veladamente. Otros con fervor. Pero nadie está conforme. Ni los que no juegan ni tampoco quienes gozan del privilegio de ser incluidos. ‘¡Así no podemos seguir!’ es la frase que circula por todos los rincones. ‘Con este tipo no podemos seguir. Vamos al desastre’”.
En el libro Animals (Ediciones al Arco), de Pablo Vignone, aparecen más detalles sobre lo sucedido el 21 de junio: “El martes, un día antes del amistoso, ocurrió el famoso incidente de la Cinzano, que se transformó en un mito. La empresa —desairada en Buenos Aires— ofreció las instalaciones de su club, en Santa Vittoria D’Alba, a un par de kilómetros de Bra, para un agasajo al plantel argentino”, explica el autor, quien además rescata un comentario de Ardizzone: “Incluso le proponen un partido de práctica para la Selección con el equipo de la empresa. Lorenzo acepta e incluso declara en los diarios locales que los hombres que integran la formación para el partido contra Italia están a disposición para el referido encuentro”.
El libro continúa aportando detalles jugosos: “La firma organiza la recepción, las instalaciones se llenan de curiosos, el equipo de la compañía sale al campo con su camiseta… y no tiene oponente. Lorenzo ha decidido que no hay partido. Ha llevado algunos jugadores para hacer una pequeña práctica, pero la desilusión de los anfitriones es enorme”. En El Gráfico quedó registrada la explicación del entrenador: “Escúcheme, ¿cómo voy a jugarles un partido? ¿Y si me ganan? Van a decir que la fábrica Cinzano le ganó a la Selección Argentina”.
Luis Artime, integrante de aquel plantel, recordó el episodio en la revista Un Caño: “Los partidos que organizaba eran increíbles, por lo ridículos. Jugamos contra oficinistas, bomberos, estudiantes. Hoy se nos reirían todos en la cara. Un día nos llevó a conocer la fábrica de Cinzano; a la mañana siguiente nos despertamos con bocinazos y gritos, y cuando nos asomamos a las ventanas vimos que eran los empleados de la fábrica, con bolsos: a nuestras espaldas, Lorenzo había organizado un amistoso… contra ellos. Les habían dado asueto para que jugaran contra nosotros, como si se tratara de un picado de barrio”.
No hubo partido, pero sí conferencia de prensa. Las palabras de Lorenzo, hablando del amistoso con Italia, fueron difundidas por la agencia ANSA y reproducidas por el diario Crónica: “Los dos equipos tienen algo que aprender uno del otro, y esta es la perspectiva principal bajo la cual hay que considerar el encuentro entre Italia y Argentina”. Y agregó con su habitual optimismo, pese a las tensiones: “De todas maneras, no escondemos cierto optimismo después de las últimas pruebas de nuestro equipo. Consideramos estos partidos amistosos, en primer lugar el de mañana, como un verdadero examen. Esperemos aprobarlo”.
Y no lo aprobó. Argentina perdió 3-0, aunque no jugaron muchos titulares porque el Toto tenía miedo de los espías enviados por Alemania, España y Suiza, los rivales del grupo. Los chispazos con los jugadores continuaron y finalmente Valentín Suárez, que había renunciado el mes anterior, fue llamado de urgencia. Se reincorporó unos días después, ya en Austria, y logró enderezar el barco rumbo a Inglaterra.
Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín










