En redes se hace llama Clavicular, tiene un par de millones de seguidores, desfila, viaja por el mundo, es dueño de una discoteca de lujo y enseña, básicamente, a ser guapo, una tendencia de internet llamada Looksmaxxing. Pero en la vida real es un hombre de 20 años de Nueva Jersey que se llama Braden Peters y que acaba de ser acusado de una violación de una menor de edad, así como de drogar a la joven con motivos sexuales y de proporcionarle alcohol.
Como puede leerse en los informes de la corte, a los que ha tenido acceso EL PAÍS, Peters ha sido acusado de los tres cargos (el último, menor) por el distrito de Orleans, de Massachusetts, por un delito que cometió, supuestamente, el 23 de mayo de 2025, hace año y medio, en el pueblo costero de Chatham, en ese mismo Estado. No se han dado detalles de la víctima, pero los hechos encajan con una denuncia anterior de abril por parte de otra influencer llamada Alorah Ziva.
La acusación es del pasado 8 de septiembre, pero se ha hecho pública este martes, dos semanas después. Por ella, Peters tendrá que comparecer ante el juez el próximo 14 de octubre. Por el momento, no ha sido detenido por ello, un hecho que sus portavoces utilizan para minimizar los hechos, asegurando que la historia “se ha exagerado para obtener tráfico” por parte del medio The Bulwark, el primero también en informar de los cargos de violación de Peters y que ha publicado diversas historias, y no precisamente positivas, sobre él. Dicho medio, en otro comunicado a People, afirma que Peters “no ha indicado errores en la historia” y que “cualquiera puede mirar esos documentos y ver por sí mismo”.
Durante los últimos años, Peters se ha hecho famoso por explotar en sus redes el concepto del Looksmaxxing. Tiene 1,2 millones de seguidores en TikTok, un millón en Instagram y 185.000 en X, donde es uno de los máximos representantes de esta tendencia, que no escatima en dinero y tratamientos, aunque estos sean extremos, para intentar maximizar (de ahí su nombre) la belleza masculina basándonse en el ideal clásico, con la que, siempre según esta corriente, se pueden conseguir grandes logros en la vida. Clavicular, que empezó a tomar esteroides, testosterona y distintas sustancias desde que tenía 14 años, lleva “años perfeccionado la ciencia de la estética masculina”, según dice de sí mismo: no duda en hablar de golpearse, pegarse martillazos o usar técnicas similares para mejorar, según él, su aspecto. Su fama ha llegado tan lejos que colabora con marcas, ha desfilado en las semanas de la moda de París o Nueva York y ha montado una especie de club o academia, el Clavicular’s Clan, con la que en agosto realizó una gira por Estados Unidos, que ha venido a llamar Clavicular College Club.
Tampoco ha dudado en criticar a mujeres de todo tipo y condición, incluso a la actriz Sydney Sweeney, cuyo aspecto físico es ampliamente alabado por hombres y mujeres. Pero él llegó a calificarla de “deforme”: “Su maxilar superior está extremadamente hundido. Tiene una mirada fatalista sin soporte infraorbitario”, llegó a decir sobre la intérprete.
Este no es el primer problema legal que enfrenta Peters, pero claramente es el más grave de todos ellos. Este año, está teniendo un escándalo cada mes. En abril tuvo lugar el más grave, aun no se sabe si vinculado con este. Entonces, fue denunciado por una influencer llamada Alorah Ziva (de nombre real Aleksandra Vasilevna Mendoza), por fraude, agresión física y por provocarle estrés de manera intencional. Ziva, de ahora 18 años, contó que conoció a Peters en 2025 y que prometió pagarle 1.000 dólares por grabar vídeos para él. Pensaba, relató, que dejarse ver con el célebre Clavicular aumentaría su popularidad en internet, pero cuando cuando llegó a su casa —de hecho, a casa de sus padres— para conocerle descubrió “cantidades ingentes de alcohol”.
Relataba Ziva, en una demanda a la que entonces tuvo acceso People, que se emborrachó después de que Peters le hiciera tomar “múltiples copas de vodka” y que este le obligó a tener relaciones sexuales con ella. Recordaba también cómo, la mañana siguiente, despertó “con Peters penetrándola y teniendo sexo con ella, de nuevo, sin consentimiento”. Tras ello pasaron meses sin hablarse hasta que, en noviembre de 2025, ella aceptó una invitación de él. Durante una retransmisión en directo en la que la joven también participó, cree que le inyectó un tratamiento ilegal en el rostro, entre otros, con metanfetaminas en la mezcla. Tras la denuncia de abril, Peters ha negado los hechos.
En otro incidente de diciembre de 2025, mientras retransmitía en directo desde su coche, uno de los nuevos Tesla Cybertrucks, golpeó a un hombre. Además, ese mes también se le vio apuntando con una pistola a un grupo de desconocidos en un coche, de los que afirmaba que eran “francotiradores”.
En febrero, cuando intentó entrar en un bar con una identificación falsa, fue descubierto portando armas y drogas, por lo que fue detenido. Sin embargo, no afrontó cargos. Su capacidad para tratar a las mujeres como objetos también quedó demostrada cuando, en marzo, provocó una pelea entre dos chicas para subirla después a redes, y luego ambas le denunciaron.
El pasado mes de abril, Peters tuvo que ser hospitalizado de emergencia tras desmayarse durante una retransmisión en directo en un centro comercial, mientras otro creador de contenido le preguntaba por la última vez que había tomado “blue”, azul, como se denomina en slang la oxicodina. Entonces, el incidente se calificó como sobredosis, de hecho, el propio Peters dijo en una entrevista en mayo que su relación con los “estimulantes” era demasiado intensa. Sin embargo, en julio aseguró que ese ingreso hospitalario en realidad había sido por una mezcla de ayuno y exceso de alcohol. “No fue una sobredosis ni nada”, afirmó después.
Al día siguiente del incidente, fuera del hospital pese a que los médicos se lo desaconsejaron, apareció en Miami Beach. Allí inauguró un club nocturno, Bacara, del que es flamante copropietario junto a su socio, el empresario Hai Waknine, en el punto de mira en California, donde fue acusado y se declaró culpable de extorsión y lavado de dinero en conexión con un grupo israelí en 2006, como informó también The Bulwark.
Además, en mayo, enfrentó otro cargo por “disparar, contra la ley y a sabiendas”, un arma de fuego en los Everglades de Florida, algo prohibido. Aceptó seis meses de libertad condicional y 20 horas de servicios comunitarios.








