De qué manera se narra el exilio, dónde se encuentran las palabras para decirlo, hasta cuándo se sienten las despedidas, cómo se aprende un nuevo lenguaje y se camina por otra ciudad. En Exilio (Páginas de Espuma), la escritora argentina Clara Obligado, que emigró a Madrid hace ya 50 años, cuenta de una manera poética, pero no por eso menos dura, cómo es tener que exiliarse por motivos políticos. “El exilio no se termina nunca. Nunca. Ni siquiera si se regresa al país. Siempre tengo la sensación de estar encerrada fuera”, dice.
Obligado, fundadora de un legendario taller de escritura creativa en Madrid y autora de novelas, cuentos y ensayos, está de visita en la Argentina para presentar ese libro en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, por donde pasó ya varias veces, y también mañana en una librería porteña. Antes, recorrió esta obra con Clarín.
–¿Cuándo y por qué se te ocurrió escribir este libro?
–Se me ocurrió el año pasado cuando vine a la Argentina. La verdad es que a mí me afectan en el cuerpo estos temas, entonces prefiero no hacerlo. Además, tengo mucho problema con contar la violencia de manera individual. No quiero hacerlo, no me parece ético, pero el año pasado, cuando vine, se acercaban los 50 años del comienzo de la dictadura y yo hago muchas actividades cuando vengo, y en todas alguien venía y me contaba alguna historia tremenda o me traía un libro o me decía: ‘Yo soy del colectivo que estuvo en La Perla’. Se acercó tanta gente a contarme que me pregunté por qué me lo estaban contando y pensé: me lo cuentan porque soy escritora y realmente mi obligación es escribir sobre esto. Entonces tomé un tema que pensé que no estaba tan tratado, que es el exilio de los que éramos jóvenes entonces, los que teníamos entre 20 y 30 años.
–Se lee como una historia colectiva.
–Me alegra que se note en el texto. Lo individual, de hecho, no lo había contado por muchas razones: desde la culpa del superviviente hasta la pregunta sobre el sentido de contar la violencia, si es ético o no. Pero pensé que sí era ético contar la historia de nuestra generación en una historia en la que se van abriendo otras y no se sabe cuáles son verdaderas, cuáles son de otra persona, qué me pasó y qué me podría haber pasado, y estoy contenta con la óptica que conseguí.
–Las violencias están narradas desde lo más cotidiano, como dormir vestida y con sandalias por si sucedía el secuestro.
–Una violencia contada desde lo íntimo, desde lo femenino. Las protagonistas son mujeres; hay hombres en la historia también, pero básicamente cuenta la pequeña historia, que me parece mucho más dramática a veces. Esa parte me la contó una amiga, que me dijo: ‘a mi prima se la llevaron descalza’, y esa idea de que iba descalza me pareció la representación de la indefensión, entonces tomé este elemento para contarlo.
–La apertura del libro lo dice todo: ‘Me quedé con una llave, pero no pude entrar: no hubo puerta’.
–Es de Ana Guillaume; es mi manera de reconocerla también poniéndola allí. No hubo casa. Me pareció una manera de decirlo. Cuando me preguntan cuál es tu generación como escritora, tengo que hacer un esfuerzo muy importante porque creo que mi generación fue borrada y no está recuperada todavía. Es un trabajo que habría que hacer. Unos amigos de unos 50 años me dijeron: ‘nos dejaron solos’ y les dije: ‘tienen razón’. Desde entonces empecé a venir más a Argentina. Creo que una manera de luchar contra la bestialidad y la intolerancia es no permitirla; lo que hago para contrarrestarla es venir y ofrecer lo que sé.
–Hay algo hermoso en el libro que es la frase: ‘Mamá trenza, mi hermana borda, yo escribo’.
–Cuando estaba escribiendo este libro, la idea del bordado de la identidad me pareció hermosa; me gustan las indígenas que bordan, y empezó este tema de las Madres de Plaza de Mayo y el bordado. Y pensé que la manera de la escritura femenina también es bordar, pero también trenzar, que por otro lado es peinar a tus hijas, que también lo hacemos; es, de alguna manera, hacer un pequeño gesto que da un testimonio. El libro todo el tiempo bascula sobre esto.
La escritora Clara Obligado posa en ciudad de Buenos Aires. Foto: Mariana Nedelcu.–Tiene una manera poética de narrar lo tremendo y el exilio se va contando varias veces desde ópticas diferentes, ¿cómo pensaste ese recurso narrativo?
–El exilio es infinito. El libro empieza con un párrafo que se repite y esa repetición tiene distintos sentidos. El primero sería qué hubiera pasado si, que es una pregunta típica del exilio. Llegué a un país donde no conocía a nadie y estaba sola. Si ese día me hubiera hecho amiga del tipo que vende casas, hubiera terminado… Pero no hice eso, hice lo contrario. Son vidas posibles que se establecen cuando una lo ha perdido todo.
–¿Como un exilio infinito?
–Pude haber terminado en Tanzania, por ejemplo. Es la libertad absoluta de cuando te lo quitan todo.
–En el libro contás que durante 10 años nadie te invitó a su casa en Madrid.
–Sí, diría eso y diría que nadie me preguntó nada en la Argentina. Ambas preguntas creo que son inquietantes. Llegué a una Madrid que no es la de ahora. En ese sentido, creo que soy un testigo de excepción también de la historia de España, porque tengo una idea de un corte muy claro: mientras un país iba a la penumbra, el otro iba hacia la luz.
–¿Qué recordás de aquella Madrid? En el libro contás que las mujeres no podían tener cuenta en el banco sin el permiso del marido
–Claro, es algo que yo no entendía. Era joven y pensaba que un año de lapso entre la muerte del dictador y la naciente democracia era suficiente, pero no: fueron 40 años de dictadura, y 50 años después seguimos discutiendo estas cosas. Llegué a un país que era en blanco y negro, como dicen los españoles, y tardé muchos años en entender el dolor que había pasado. Las mujeres tampoco podían ser socias de las bibliotecas sin permiso de los maridos. La Argentina tuvo siete años tremendos, pero en el avance de los derechos humanos, en la búsqueda de los nietos, está muchísimo más avanzada.
–Hay una frase que es tan exacta, pero poética a la vez: hablás de América Latina como ‘un continente en desbandada’
–Sí, y también estuvo la Operación Cóndor, que fue una ofensiva clarísima. Pero, al mismo tiempo, hablo de todas las violencias: está el abuelo polaco judío también y el Holocausto. Yo terminé de estudiar Literatura en noviembre y me tuve que ir en diciembre, y allá hice todos los trabajos del mundo: de limpieza, en bares, hasta que un día dije: ‘no, basta, voy a trabajar de lo que me gusta’ y empecé a vivir de la literatura. Empecé haciendo guiones porno y guiones para una editorial cristiana, todo al mismo tiempo. Esos fueron mis primeros trabajos literarios, muy divertidos, y como había tenido formación católica, me salían muy bien los guiones. Luego empecé a escribir para periódicos, a hacer notas, todo relacionado con la escritura, lo que fuera, pero lo hacía. Y un día empecé con un grupo de amigos a dar talleres de escritura. Iba con mi hija Camila, que tenía 9 meses, que cuando creció estudió filología clásica y se dedica a esto también. Hoy tenemos unos 250 alumnos, somos un grupo de ocho escritores, con una empresa no capitalista bastante particular. Lo que me interesa a mí son las modificaciones que los latinoamericanos están vertiendo en España. Esa generación que está llamada a cambiar la literatura, porque además es muy potente y tiene muy buenos libros.
La escritora Clara Obligado posa en ciudad de Buenos Aires. Foto: Mariana Nedelcu.–¿Cómo ves el futuro?
–Yo soy una optimista radical. Sobre todo lo vivido, pensé que si me dejaba caer en el desaliento, me habían ganado. Dicho esto, creo que es un momento difícil, pero que también deberíamos poner el acento en las cosas buenísimas que hay, porque las hay, y muchísimas: yo, que me muevo en clubes de lectura, de gente que se encuentra, de ecologistas, de gente de la botánica, aseguro que no todo está perdido. Hacemos bien en leer y en defender la cultura y defender lo que tenemos, que es mucho más de lo que parece. Creo que hay que salir del pensamiento apocalíptico y empezar con un discurso más relacionado con la naturaleza: después del invierno vendrá la primavera, pero yo voy a ayudar a construirla. Las niñeces no pueden crecer en este clima, hay que generar otro, y es un poco la idea del libro. Al final, la única revolución que ha triunfado en el último tiempo es el feminismo.
–Las ilustraciones que acompañan el libro son una obra de arte, ¿cómo fue el trabajo con Agustín Comotto?
–Comotto es un dibujante muy importante en España, es argentino, y cuando terminó el libro, escribió la entradilla donde cuenta que llegó solo con 8 años a España; él fue un niño del exilio también. Tuve que insistirle para que ilustrara este libro, pero finalmente me dijo: ‘Es el libro más bonito que he hecho’. Creo que él pudo pensar también en su exilio, que quizás no lo había pensado tanto, y a mí su interpretación me parece brillante y estremecedora.
Clara Obligado presentará Exilio mañana miércoles a las 18.30 en la librería Medio pan y un libro (Virrey Avilés 3686).







