“Me acuerdo de todas las veces que estaba en la clínica y me decían que me despidiera. Mientras estuvimos con Gio en la neo, seguían muriendo bebés prematuros y nos tocaba escuchar los llantos de las madres. Era terrible. Me pongo en los zapatos de esos papás y, literal, llegaron a vivir lo peor”. Sol habla bajísimo. Giovanni duerme una siesta breve antes de la cena. Es lunes y hace un día cumplió su primer año de vida. Sobrevivió al fentanilo contaminado.
Clarín había hablado con Darío y Sol, los padres del bebé, en 2025. Giovanni tenía tres meses y llevaba tres meses internado en la Clínica Vélez Sarsfield de Córdoba capital. Había nacido el 26 de abril. En la entrevista, en agosto de ese año, contaron que hacía muy poquito los dejaban alzarlo a upa.
Pero Giovanni nunca había visto la luz del sol. La razón por la que llegó a recibir fentanilo contaminado con bacterias multirresistentes a los antibióticos producido por los laboratorios HLB y Ramallo, o sea, el porqué de esos seis meses internado sin estar jamás al aire libre y el porqué de cumplir (ahora) un año de vida teniendo días con tres terapias de salud domiciliarias, suena (no cabe otra palabra) estúpido. Estúpido, injusto, irracional.
“Él no nació con ninguna complicación”, estableció Sol. “El tema es que, cuando los bebés nacen, no todos logran sacar el líquido de sus pulmones. En ocho de cada diez niños pasa que los tienen que aspirar”, informa Sol. Es una joven de 21 años que en este largo suplicio se instruyó a los cachetazos en cuestiones médicas, prevalencias epidemiológicas, resistencia antimicrobiana, unidades de cuidados intensivos. Y ser mamá primeriza.
Así retoma eso que en agosto los padres de Giovanni habían definido con una “tosecita” que escuchó Darío, el papá, apenas llevaron a Giovanni a la habitación, minutos después del parto. “Entonces, lo iban a aspirar, lo que llevaba unas horitas, nada más”, siguió ella, y explicó: “Pero se ve que se complicó y por eso decidieron intubarlo”. Como es un procedimiento invasivo, tuvieron que colocarle un calmante. Fue fentanilo.
“Súper injusto”, resumió Sol, como quien ya odió, ya rezó, ya blasfemó, ya suplicó, ya se esperanzó, ya se desesperanzó y se volvió a esperanzar demasiadas veces.
Pasó. Pasó después de un proceso infeccioso abrumadoramente largo en el que Giovanni llegó a recibir varios antibióticos a la vez, incluyendo farmacología para adultos. Sus padres debieron recibir la noticia de que eran los últimos minutos, el momento de despedirse de él. O que si sobrevivía, sería con daño en algún o más de un órgano y con compromiso neurológico latente.
En la nota, Sol está agradecida: “Está súper bien. No toma nada. Sólo tiene preventivos de puff por el cambio de clima porque que genera muchas secreciones, pero, medicación, ninguna. Incluso teníamos como meta llegar al año con 8 kilos. No sabíamos si lo lográbamos porque salimos de la clínica en octubre con 3,800. Ahora lo teníamos que preparar”.
Giovanni tuvo una complicación habitual después de nacer y terminó recibiendo fentanilo contaminado. Es que va a arrancar el primer invierno de Giovanni fuera de un centro de salud: “Por suerte, llegamos con 9,5 kilos, y sin usar el botón. Jamás usamos el botón gástrico, aunque lo tiene colocado. Come todo por boca”.
Sol sabe, por las dudas, usar el botón gástrico, esa sonda capaz de enviar preparados alimenticios directo a la panza sin pasar por la boca. Sabe primeros auxilios. Sabe usar el tubo de oxígeno que, por falencias de la obra social (“Es Prevención salud”, apuntó) le prestaron en la clínica: “Nos prestaron el oxígeno y nos prestaron la bomba para el botón gástrico. No tengo más que palabras de agradecimiento hacia los médicos de la clínica”.
Giovanni después del fentanilo
Sol y Darío son querellantes en la causa del fentanilo contaminado. Las consecuencias están a la vista: “Primero ni siquiera confiaba en las abuelas, si lo iban a cuidar. Ellas nos ayudaban mucho en la clínica, pero no sabés lo que fue para mí dejarlo, cuando tuve que volver a trabajar. Es decir: ‘Lo tiene que cuidar una abuela o mismo el padre’. Sentía que nadie lo iba a cuidar como yo. Encima hizo dos espasmos de sollozo. Yo no sabía que era y lo asocié con lo que pasó. Pensé que se había ahogado. Lo primero que hice fue colocarle el oxígeno. Fue un minuto y enseguida recuperó el color y todo. Gracias a Dios tuve cabeza firme. Nos enseñaron todo y aprendimos todo en la clínica, pero me pegué un susto tremendo”.
De todos modos, en la visita al pediatra “ese mismo día” y análisis mediante, el médico les dijo que “el fentanilo puede generar tres tipos secuelas: en el corazón, pulmonares y neurológicas. Por suerte no tiene ninguna”. Además, desde el Cuerpo Médico Forense “de allá de Buenos Aires” hicieron una visita para chequear su estado, post fentanilo: “Nos dijeron que tenemos que estar orgullosos. Tiene el peso y los logros de un bebé de un año, algo que no esperaban para haber empezado con los estímulos tan tardíamente”.
Sus papás celebran la recuperación del bebé.“Ahora estoy muy tranquila, pero bueno, a la vez cansa mucho. Tu vida, literal, es recibir médicos mientras ordenás la casa y cocinás. No es una vida normal estar recibiendo médicos en tu casa”, matizó. Detalló que “tiene tres terapias, no todos los días, pero es agotador. La kinesio, la neurorrehabilitación, que es importante porque está dando sus primeros pasos, y la fonoaudióloga, que lo ayuda con las texturas para la alimentación”.
“Apenas pude (NdR: Sol es azafata, pero interrumpió su inserción laboral por el embarazo y ahora trabaja en un local de comida rápida), el día de su cumple me fui para casa y lo abracé y me largué a llorar. No puedo creerlo. Agradezco que esté con nosotros y que tuvo la fuerza para salir adelante”, compartió.
Los últimos días no fueron días fáciles, además, porque algo sigue (¿y seguirá?) ahí: “Los días previos al cumple fueron difíciles porque yo sabía que íbamos a pasar un día muy lindo, feliz, en comparación al año pasado, cuando nació. Pero para esta época, él estuvo muy mal. Y, no sé, verlo ayer cómo estaba”. Se conmueve pero enseguida se ríe: “Es que… le hice una tortita, ¡y se comió toda la crema!”
Clarín le pidió que, por un instante, se dé vuelta y mire hacia adelante. ¿Cómo va a ser Giovanni? “Siento que, con todo lo que le pasó, va a ser una persona increíble. Siento que nada le va a poder hacer mal. Siento que la vida y Dios lo van a favorecer por todo lo que pasó. Va a ser muy feliz y va a ser una gran persona y alguien muy importante”.
Con su torta de cumpleaños. Acaba de celebrar su primer año. Giovanni se despertó. Sol lo alza y sueña: “Va a ser todo lo que él quiera. Va a tener el apoyo de la familia. Siento que se merece todo. Todo lo lindo”.








