El 78% de los hogares está en clase media baja o por debajo y crece el temor al descenso social

El 78% de los hogares está en clase media baja o por debajo y crece el temor al descenso social


La ansiedad social frente a la posibilidad de retroceder en la pirámide socioeconómica tiene un sustento directo en las cifras de la economía real. Un reciente informe de Kartal, cruza datos de la consultora W (dirigida por Guillermo Olivetto), Ecolatina e indicadores oficiales del INDEC expone la marcada compresión de los ingresos familiares en la Argentina: hoy, apenas el 22% de los hogares logra posicionarse por encima de la clase media baja.

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El relevamiento privado advierte que el deterioro en la calidad del empleo y el retroceso del poder de compra redefinieron las prioridades de las familias, donde la búsqueda de previsibilidad y precios accesibles prevalece sobre el estatus o las aspiraciones de ascenso.

La pirámide de ingresos en la Argentina

El mapa elaborado por la consultora W al mes de agosto dibuja una estructura con una cúspide sumamente angosta y una base cada vez más extendida:

  • Clase Alta (ABC1): Representa al 5% de los hogares, con un ingreso familiar promedio de $14.000.000mensuales.

  • Clase Media Alta (C2): Concentra al 17% de los hogares, con un haber medio de $6.500.000.

  • Clase Media Baja (C3): Abarca al 26% de las familias, cuyos ingresos promedian los $3.000.000.

  • Clase Baja No Pobre (D1): Contempla al 30% de los hogares, con un ingreso medio de $2.200.000.

  • Clase Baja en Pobreza (D2/E): Cubre al 22% de los hogares (que equivale al 30% de la población por ser familias de mayor tamaño), con un haber promedio de $1.000.000.

De esta manera, el 78% de la población se sitúa en la clase media baja o golpea los pisos de la pirámide, configurando un abanico social donde la distancia percibida entre mantener el nivel de vida o caer un escalón es sumamente reducida.

Deterioro laboral e ingreso disponible en caída

El temor al descenso social encuentra su explicación en dos variables estructurales: la pérdida de empleos de calidad y la contracción del dinero en bolsillo.

Por un lado, las estadísticas del SIPA y del INDEC muestran que entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 se destruyeron 337.000 puestos de trabajo registrados. Esta pérdida no fue compensada por empleos de igual categoría: en el mismo período solo se generaron 161.001 nuevos monotributos, lo que equivale a menos de un puesto independiente por cada dos empleos formales extinguidos. A esto se suma que la informalidad laboral ya alcanza al 43% de los trabajadores.

Por otro lado, las estimaciones de Ecolatina señalan que el ingreso disponible promedio cayó un 15% entre 2023 y 2025. Si se mide la perspectiva histórica, el poder de compra acumula una contracción del 37,5% respecto a los niveles de 2017.

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Un consumidor defensivo en un clima de cautela

Pese al malestar económico y a la cautela imperante, los análisis de opinión pública señalan que un 70% de la población manifiesta no querer regresar al modelo económico anterior, aunque demanda ajustes sobre el esquema vigente.

En este contexto de apoyo al rumbo pero con tolerancia acotada frente a nuevos deterioros, el comportamiento del consumidor se ha vuelto marcadamente defensivo. Las estrategias de consumo priorizan la certidumbre de gasto y evitan compromisos financieros de mediano o largo plazo, obligando a las empresas a adecuar sus políticas de precios hacia esquemas de mayor estabilidad y accesibilidad.