Cuando, según los últimos datos del Indec, casi la mitad de la población se está atendiendo en instituciones públicas de salud, un relevamiento que puso por primera vez en evidencia los mamógrafos que existen en los hospitales de Argentina mostró que uno de cada tres de estos equipos cruciales para la prevención de cáncer de mama no funciona adecuadamente. Además, el 70% de los relevados se concentra en sólo cinco provincias.
Se trata del primer Mapa Mamográfico Federal de Argentina, un exhaustivo trabajo impulsado por la Asociación Civil Surcos y Fundación Instituto Natura, que entre muchos otros aspectos profundizó en algunas variables hasta ahora poco o nada conocidas. Una de ellas, elemental: cuántos mamógrafos hay, dónde están ubicados y cómo se puede leer esa ubicación en relación al tamaño de los territorios y prevalencia de la población objetivo (mujeres de entre 50 y 69 años, salvo indicación específica).
También, si funcionan o no o con qué limitaciones, si son utilizados por personal técnico adecuadamente capacitado y detalles nada menores pensando en las barreras de acceso por falta de turnos, por ejemplo, como cuántas horas por día son realmente aprovechadas las prestaciones de estos equipos decisivos en la salud de las mujeres.
El trabajo, denominado MIRA -Mamografía, Información, Red y Acceso-, no se limitó a “inventariar mamógrafos”, expresa el propio informe, sino que “busca analizar cómo se organiza la oferta, qué capacidades institucionales la sostienen y en qué medida esa infraestructura logra traducirse en acceso efectivo en cada comunidad del territorio nacional”.
Uno de los puntos fuertes del informe es el relevamiento federal que georreferenció 1.498 mamógrafos en funcionamiento en todo el país que pueden consultarse a través de un mapa interactivo. La parte más completa se dedica a los 404 relevados en el subsector público, ya que las autoras (Alejandra Sánchez Cabezas, Tamar Finzi Warszawski y Gabriela Bourguignon) reconocen que los más de mil restantes del subsector privado y la seguridad social evidencian “una limitación estructural que trasciende los alcances técnicos del estudio: la escasa disponibilidad, fragmentación y baja sistematicidad de la información existente sobre equipamiento, organización de la oferta y capacidad operativa real”.
Al mapa lo acompañan un completo informe de 143 páginas, del que se desprenden -entre muchísimos otros- los datos compartidos arriba. La despareja distribución de mamógrafos que funcionan en el país y el estado deficitario de los equipos, de los que sólo 1 de cada 3 estaba funcionando plenamente al momento del relevamiento.
En concreto, el trabajo identificó 479 mamógrafos registrados en el sistema público, pero se alcanzó a relevar 404. Están distribuidos en 375 establecimientos de salud públicos. Ahora bien, de los 404, sólo 328 estaban oficialmente “operativos” (hay que aclarar que en 29 hospitales había dos mamógrafos). Sin embargo, aclara el informe, “incluso esa última cifra requiere una segunda lectura: que un mamógrafo esté funcionando no significa necesariamente que lo haga sin problemas, todos los días o durante una cantidad de horas suficiente para responder a la demanda”. A estos aspectos se dedica este novedoso reporte.
El estado técnico de los equipos es uno de los puntos más sensibles del mapa. De los mamógrafos relevados, 90 -el 24%- informaron desperfectos técnicos y otros 46 -el 12%- estaban directamente fuera de servicio. Al considerar ambas situaciones en conjunto, el informe concluye que el 33% de los equipos, uno de cada tres, tenía algún tipo de limitación operativa.
“Este patrón sugiere que los problemas técnicos no son marginales ni aislados, sino que constituyen un problema de escala nacional, que afecta a jurisdicciones con distintas características territoriales y organizativas”, apuntan las autoras.
Los desperfectos aparecen, además, en distintos puntos del país. Entre las zonas con mayor cantidad de equipos con problemas técnicos figuran el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), el interior bonaerense, Santa Fe, Mendoza y la Ciudad de Buenos Aires. Y entre los mamógrafos que estaban directamente fuera de servicio también tienen peso Buenos Aires, Chaco y Santiago del Estero.
El otro dato potente (y en este punto resuena que estos datos no estén ni hayan estado disponibles antes desde la cartera nacional de Salud), es que el 70% de los mamógrafos de Argentina se concentra en sólo cinco jurisdicciones. Son cinco de 23 relevadas y una a medias, en realidad. Según explican las autoras, “persisten brechas relevantes de información en Córdoba (29 mamógrafos del Censo 2022 no pudieron ser verificados) y en Buenos Aires (sobre una base de 199 establecimientos, solo 122 pudieron ser relevados directamente)”.
Pero volviendo a ese 70%, la mayoría de los equipos están en la provincia de Buenos Aires (sumando AMBA e interior bonaerense), que reúne 134 equipos; Santa Fe, con 33 equipos; Santiago del Estero, con 23; la CABA, con 21 equipos en 19 establecimientos; y Entre Ríos, con 19 equipos.
En el extremo opuesto aparecen provincias que tienen proporcionalmente pocos mamógrafos. Son Tierra del Fuego, provincia que tiene sólo tres equipos; San Luis, con seis; Chubut, con siete; y Catamarca, que tiene ocho.
Cáncer de mamá: acceso a las mamografías
Si en lugar de contar los mamógrafos por provincia, se relaciona su localización con la población específica que los necesita para concretar sus estudios de rutina, la foto cambia bastante. En este punto, el informe tomó como referencia a las mujeres de un segmento ampliado, las de 40 a 75 años con cobertura pública exclusiva (cada 10.000 habitantes). Se incluyeron los márgenes de 40 a 49 y 70 a 75, aún cuando los beneficios de la mamografía son más inciertos en estas franjas, dado el riesgo reportado de mayor prevalencia de sobrediagnósticos y sobretratamientos.
Según las autoras, el indicador de la relación entre esas mujeres y su mamógrafo más cercano, sirve para “aproximar la presión potencial de demanda sobre la oferta instalada”, más allá del funcionamiento “real” de los equipos. La diferencia entre provincias que mostró este “mapa” es enorme: de un mamógrafo por cada 10.000 mujeres, en algunas localidades, a más de ocho, en otras. Los ejemplos extremos: Mendoza, con 0,9 mamógrafos por cada 10.000; y Chubut, con 9,3). Pero, ¿cuán lejos están ellas de esos aparatos?
La distancia hasta el equipo podría ser una barrera de acceso, plantea el trabajo. Más allá de CABA, que implica un caso “excepcional” (no comparable con otras jurisdicciones, aclaran), Buenos Aires, Entre Ríos, Formosa, Misiones y Santa Fe tienen una densidad territorial de mamógrafos considerada “alta”. En el otro extremo están provincias con -como es esperable- poca población dispersa en un vasto territorio. Son Chubut, La Pampa y Santa Cruz.
Otra dimensión crucial en materia de acceso se relaciona con un concepto básico, y es que tener un mamógrafo cercano no garantiza acceder a él. Como se verá, impacta (o restringe) la variable del tiempo de disponibilidad del equipo.







