Aunque parezca lo contrario, los Mundiales a veces no son cuestión de un único color. El sueño de cualquier hincha de fútbol, presenciar dos partidos jugados un mismo día en distintas ciudades, quedó a cargo este sábado de los reyes de Países Bajos, Guillermo y Máxima, quienes primero se vistieron con la bufanda naranja de los neerlandeses y luego con la camiseta azul del debutante Curazao, un país autónomo dependiente del reino de Países Bajos. En ambos casos, además, festejaron.
La pareja real acudió en el primer turno del sábado al estadio de Houston, donde presenció el triunfo 5-1 de Países Bajos ante Suecia, y de inmediato viajó a Kansas City, donde en el tercer partido de la jornada fue testigo del sorpresivo empate que Curazao, isla caribeña debutante en los Mundiales, le arrebató a Ecuador. Tras el primer encuentro, Guillermo y Máxima hablaron con el entrenador neerlandés, Ronald Koeman, y una de las figuras, Virgil Van Dijk. Pocas horas después, como si fuese la segunda victoria deportiva del reino en el día, los reyes también visitaron el vestuario de los curazoleños para festejar su primer punto en los Mundiales.
A ambos partidos los separaban mil kilómetros y cinco horas entre el término de la presentación de Países Bajos y el comienzo del encuentro de Curazao. En el medio, Alemania le ganó 2 a 1 a Costa de Marfil. Guillermo y Máxima habían visto a la distancia, desde su país, el primer partido de la selección neerlandesa en el Mundial 2026, el domingo pasado ante Japón. De hecho, ese día recibieron a los emperadores japoneses, Naruhito y Masako. Pero este sábado, primero con el naranja de Países Bajos y luego el azul de Curazao, los reyes -acompañados por una de sus tres hijas, la princesa Ariane, y la ministra de Deportes neerlandesa, Mirjam Sterk- hicieron el inédito combo.
“La pareja real bailó al ritmo de la música con el equipo”, publicaron diarios neerlandeses luego del segundo partido, el de Curazao. “Fue maravilloso poder celebrar esto con el rey. Seguimos sorprendiendo. Ahora vamos a intentar llegar a la siguiente ronda”, festejó una de las figuras del equipo caribeño, Tahith Chong.
País más pequeño y de menos habitantes en la historia de los Mundiales, con 444 kilómetros cuadrados y 156.000 habitantes, el primer ministro y el gobernador de Curazao representan los intereses de los reyes de Países Bajos, que se encargan -entre otras administraciones- de su defensa y sus relaciones internacionales. En la isla caribeña el neerlandés es el idioma oficial pero se mezcla con el papiamentu, una mezcla de neerlandés, inglés, español y portugués.
De los 26 futbolistas que representan a Curazao, 25 nacieron en Países Bajos -hijos de migrantes curazoleños- y uno solo, el propio Chong, en la capital Willemstad. Ninguno de ellos participa en la poco competitiva liga local: la federación curazoleña tuvo que acudir a las redes sociales para tener un registro completo de los hijos de los emigrantes. También el entrenador actual, Dick Advocaat, es neerlandés: entrenó a Países Bajos en Estados Unidos 1994. Otro compatriota, el ex futbolista Patrick Kluivert -delantero de Países Bajos en el Mundial Francia 1998-, dirigió a Curazao a fines de la década pasada.
En el tercer Mundial de la historia, en Francia 1998, el reino de Países Bajos también estuvo representado por dos selecciones nacionales, una de ellas colonia: Indias Orientales Neerlandesas, la actual Indonesia y entonces parte del Reino neerlandés, jugó y perdió 6-0 contra Hungría vestido de naranja, el color de la dinastía de Orange, la familia real neerlandesa. Es, todavía hoy, el equipo con menos partidos en la historia de las Copas del Mundo: solo uno.







