El exministro de Economía, Domingo Cavallo, expresó sus reparos sobre el impacto real del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) e insistió con que el gobierno debe dejar atrás el cepo cambiario.
En una publicación en su blog oficial, el ex funcionario manifestó su postura contraria a la estrategia oficial de orientar la inversión privada mediante regímenes de excepción fiscal y cambiaria, como el RIGI y el recientemente aprobado Súper RIGI.
Cavallo argumentó que en un escenario global caracterizado por el “vertiginoso avance de los cambios tecnológicos, las erráticas políticas comerciales de los Estados Unidos y los riesgos de conflictos geopolíticos”, el Estado no debería otorgar “privilegios cambiarios y financieros para algunos sectores y tamaños de empresas”.
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Según su óptica, esta parcialidad regulatoria atenta contra el tejido PyME y el grueso del aparato productivo nacional: “Eliminar estos sesgos es la clave del éxito de la estrategia de crecimiento económico. Y esto no se consigue con el RIGI y mucho menos con el superRIGI, porque ambos esquemas discriminan y ponen en desventaja a millones de empresas y emprendedores cuyas decisiones de inversión y esfuerzos exportadores son indispensables para afrontar con éxito los desafíos de una eficiente asignación de recursos, con flexibilidad y agilidad.”
La relatividad del “boom exportador” y la brecha con Brasil
Al evaluar las proyecciones comerciales contemporáneas, que estiman exportaciones por un piso de 100.000 millones de dólares e importaciones sustancialmente menores, el exministro calificó a los números como lógicos pero insuficientes frente al potencial histórico dilapidado por el país. De hecho, subrayó el impacto de la suba de las materias primas a nivel global (donde la soja pasó de 170 dólares en 2001 a 440 en la actualidad y el petróleo saltó de 25 a 75 dólares por barril).
Cavallo apeló a la comparación estadística con el principal socio del Mercosur para mensurar el retraso local provocado por el regreso de los controles y los impuestos al comercio exterior: “De no haberse recreado el sesgo anti exportador que había sido eliminado totalmente en la década del 90, hoy probablemente deberíamos estar exportando más de 190 mil millones de dólares. Es decir, deberíamos haber mantenido la relación que existía a fines de los 90 entre las exportaciones de Argentina y Brasil. Argentina exportaba 26.000 millones de dólares y Brasil 48.000. Hoy Brasil exporta 350.000 millones y nosotros sólo 100.000 millones.”
En esa línea, recordó que la actual oferta transable de la Argentina responde a la inercia de procesos previos y no a los nuevos incentivos: “Hay que advertir que la actual producción exportable es fruto de las inversiones que se hicieron hasta aquí, sin ningún incentivo fiscal especial. Por el contrario, con todos los inconvenientes creados por el sesgo anti exportador reaparecido desde 2002″.
Levantar el cepo para combatir el “sesgo anti inversor”
En el tramo final de su análisis, Cavallo detalló los alcances del “sesgo anti inversor”, el cual vinculó de forma directa con la imposibilidad de acceder al crédito a tasas competitivas a nivel doméstico e internacional. El diagnóstico concluye con una fuerte recomendación de política monetaria que colisiona con el esquema de devaluaciones administradas y restricciones cambiarias que persisten en la economía:
“Mi insistencia en eliminar cuanto antes todos los controles de cambio e impedir que puedan ser reintroducidos, es decir, asegurar de una vez y para siempre la libre movilidad de capitales y, al mismo tiempo, acumular muchas reservas, apunta a conseguir rápidamente la baja de la tasa real de interés y eliminar los sesgos anti exportador y anti inversor”, sostuvo el ex titular del Palacio de Hacienda.
Asimismo, apuntó contra los los enfoques históricos que ponderan un dólar artificialmente alto en detrimento de las reformas de fondo, apuntando contra el esquema que sucedió a la salida de la convertibilidad: “La prédica en favor de un tipo de cambio real alto sin libertad de movimiento de capitales, como forma de alentar las exportaciones, es totalmente contraproducente porque adormece las demandas de menor sesgo anti exportador y rebajas en las tasas reales de interés por parte del sector privado”, concluyó.
LM







