El Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC) se convirtió este viernes en el escenario de un debate sobre los límites entre el laboratorio y la ficción literaria, protagonizado por la escritora francesa Phoebe Hadjimarkos-Clarke y el biólogo Diego Golombek.
El encuentro, coordinado por Anne-Sophie Vignolles bajo el lema “Ciencia y ficción: ¿Cómo imaginar lo que todavía no entendemos?”, se realizó en el marco de la décima edición de la Noche de las Ideas en Argentina, el festival francés del pensamiento que, con el apoyo de revista Ñ, fomenta la reflexión colectiva sobre los grandes desafíos contemporáneos.
Bajo la consigna general de “Abrir caminos”, la mesa del CETC funcionó como corolario de una gira que también llevó a la autora a la Costa Atlántica y a la Librería Magia, en el barrio porteño de Palermo, donde presentó su novela Aliène (Cía. Naviera Ilimitada).
¿Ciencia y ficción o ciencia y ficción?
A través del cruce de sus disciplinas, Phoebe Hadjimarkos-Clarke y Diego Golombek, con la traducción de Agustina Blanco, buscaron desarmar las fronteras tradicionales que separan al dato fáctico de la invención literaria, analizando cómo el lenguaje, la retórica y las metáforas configuran nuestra interpretación de la realidad y de lo vivo.
Vignolles inauguró la charla señalando que “nunca tuvimos tanto acceso a la información y, sin embargo, nunca fue tan difícil confiar en lo que sabemos”. Ante esto, preguntó a Golombek si, al escribir ciencia, sentía que ordenaba el mundo o también lo inventaba.
El biólogo argumentó que las ciencias naturales parten de una premisa “un tanto equívoca, que es que el mundo existe y que lo podemos entender y lo podemos describir”.
Sin embargo, subrayó el giro subjetivo de la disciplina: “A partir de esos datos tenemos que interpretar el mundo. Y esa interpretación lo inventa. Esa interpretación es una invención, es efímera, es posiblemente falsable, puede venir otro a decir ‘te equivocaste’ o lo que fuera”.
El científico explicó que los investigadores inventan prótesis como telescopios o microscopios para ampliar los sentidos, pero fue taxativo al igualar la práctica científica con la literatura al momento de comunicar los hallazgos:
La escritora francesa Phoebe Hadjimarkos-Clarke y el biólogo Diego Golombek participaron del ciclo de pensamiento la Noche de las Ideas. Foto: gentileza.“Después lo tenemos que contar. Y la única forma que tenemos de contar es a través del lenguaje, con sus maravillas y sus limitaciones. Al describirlo, lo inventamos una y otra vez. Nosotros lo que hacemos profesionalmente es robar secretos a la naturaleza. Eso es la ciencia. Cuando vos escribís tu carta de presentación, que es un paper, un artículo científico, no deja de ser retórica. Es algo con lo que vos querés convencer al mundo de lo que encontraste. La interpretación es una obra de ficción”.
Por su parte, Hadjimarkos Clarke –galardonada en Francia con el Prix du Livre Inter– planteó una postura metodológica inversa para su novela: “Pienso que la novela que escribí parte casi de un presupuesto inverso, que es que, al contrario, hay mil y una maneras de ver el mundo, que hay mil y una verdades que son dichas sobre el mundo y que constituyen el mundo. Y es esa pluralidad la que tengo ganas de explorar, poner en relieve y poner en movimiento”.
La novelista explicó que, ante esa multiplicidad de teorías, el objetivo de sus personajes es “intentar encontrar una verdad, una realidad común” que funcione como una pasarela para “intentar colmar esa fractura, esa atomización de los cuerpos y las conciencias, ensayando crear un mundo común”. Aclaró que su intención se da “justo en el sentido literario”, aunque esto pueda disparar reflexiones políticas más amplias.
Frente a esto, Golombek intervino para trazar un puente con la psicología, señalando que la propuesta se conoce oficialmente como el “efecto Rashomon”, que alude al filme de Akira Kurosawa: “Es cuando un mismo fenómeno es contado de manera muy distinta por distintas personas. Y eso se estudia en psicología y hay experimentos para hacer esto basados en una novela, en una película o en una mirada. Se aplica directamente en recolecciones forenses o recolecciones de casos para establecer algo que se acerque a una verdad”.
Durante el debate, la moderación planteó si la ciencia busca “estabilizar” lo vivo mientras la literatura lo vuelve inquietante, en referencia a la atmósfera de Aliène.
Golombek recurrió a la poesía y a Jorge Luis Borges para definir su propia disciplina: “Nos sorprende permanentemente la ciencia, particularmente lo que yo hago, que es la biología. Tratar de entender algo que no sabemos qué cuernos es, qué es la vida, la respuesta es ‘ni idea’. Hay un poema de Jacques Prévert que dice: ‘Amamos y vivimos, vivimos y amamos y no sabemos qué es la vida y no sabemos qué es el amor’. Eso define la biología y por eso seguimos adelante. Podemos tener la pretensión de estabilizar, pero nunca lo logramos. La investigación no busca respuestas, sino preguntas que se responden con otras preguntas. Es un laberinto, es un jardín de preguntas que se bifurcan”.
Hadjimarkos Clarke tomó la palabra para revelar que, en su caso, la inquietud no nació de la ficción: “Para comenzar, pienso que lo que es interesante, en primer lugar, sería hablar de la cuestión de la inquietud. Y pienso que, por mi parte, la primera inquietud que yo sentí en mi vida fue una inquietud científica. Y fue verdaderamente descubriendo justamente esa especie de vértigo cósmico, descubriendo el universo en expansión infinita, descubriendo los agujeros negros, ese tipo de cosas. Y por otra parte, también la cuestión de la definición de la vida eso es una inquietud que es indisoluble. En la escritura no se puede resolver”.
Apoyándose en las teorías de Donna Haraway, la escritora marcó la frontera entre los dos discursos: “Ella subraya la diferencia entre el hecho de decir y el hecho de mostrar. El hecho de decir sería la prueba científica, la explicación científica. El hecho de mostrar sería la utilización de la metáfora, que no es contradictoria con la prueba, pero que la presenta de manera diferente, de forma más viva, más encarnada. La literatura, porque no está atada a acciones, puede permitirse experimentar todo tipo de formas de lenguaje, de formas de decir y de formas de hacer el texto, porque es también una práctica, es también una materia”.
Presentación en Magia
La participación de Hadjimarkos Clarke en el Centro de Experimentación cerró una gira por el país organizada por el Instituto Francés, que incluyó actividades en Pinamar y Mar del Plata, donde dialogó con el profesor Francisco Aiello. Previamente, la autora presentó Aliène, editada por Cía. Naviera Ilimitada, en la Librería Magia de Palermo.
La novela narra la historia de Fauvel, una joven que viaja al campo para cuidar a una perra tras haber perdido un ojo a manos de la policía en una manifestación. Allí se encuentra con Hanna, una perra que es el clon exacto de una mascota muerta cuyo cadáver embalsamado está en el living. Mientras los lugareños culpan al animal por la aparición de ganado despedazado, un joven investiga supuestas abducciones extraterrestres.
La escritora francesa Phoebe Hadjimarkos-Clarke y el biólogo Diego Golombek participaron del ciclo de pensamiento la Noche de las Ideas. Foto: gentileza.Al evaluar las etiquetas que catalogan su obra como “novela queer”, la autora analizó: “Pienso que, en el contexto editorial francés, es difícil de clasificar porque toma prestado de la ciencia ficción, del fantástico, del gótico y también de los mitos y leyendas locales. Pienso que es una forma de hacer que no es corriente en la novela contemporánea francesa, y por eso siembra la duda. Mi primer texto fue clasificado como ciencia ficción cuando en realidad yo no lo había pensado así. Los géneros no me molestan, pero me parece a veces que recortan un poco la perspectiva”.
La escritora se explayó sobre el trasfondo biográfico de la obra, marcado por haber sido herida por una bala de goma durante las protestas de los chalecos amarillos en Francia en 2019: “El primer punto de partida fue realmente una reflexión sobre lo que el trauma hace al cuerpo. Cómo la represión se encarna en cada uno de nosotros, pero también, más ampliamente, cómo se difunde. Cómo el miedo a esa represión se va difundiendo en el mundo alrededor y nos va transformando como personas. Esa extrañeza es lo primero que cuenta el libro: la transformación de las personas por ese miedo”.
Hacia el final, la escritora confesó que su próximo libro, titulado Le livre des souterrains, incluirá referencias a Borges: “Es un corpus que conozco y que trabaja en mí, al igual que los mitos locales que he leído en la literatura de su país. Me da mucha curiosidad cómo van a recibir los lectores argentinos el libro”.
Con planes de adaptación audiovisual de Aliène en marcha, el paso de la autora dejó en claro que la literatura actual no busca dar respuestas unívocas, sino invitar a sumergirse en la complejidad de la incertidumbre.







