Tanto los gatos salvajes como los domésticos marcan su territorio para advertir a otros felinos que se mantengan alejados o para atraer pareja. Estas singulares marcas pueden permanecer durante meses. Ahora, los científicos afirman haber descubierto el secreto de este olor tan persistente.
Unas diminutas gotitas de grasa en los riñones de los gatos -cuya función ha sido un misterio durante más de un siglo- encapsulan señales químicas únicas para cada felino, lo que permite que estos mensajes permanezcan estables mucho después de que los propios gatos se hayan alejado de las inmediaciones, según informan los investigadores en la revista Current Biology.
El nuevo estudio, reportado por la revista Science, es “bastante novedoso” y “muy exhaustivo”, afirma Naïma Kasbaoui, investigadora de comunicación química felina que no participó en la investigación. Según explica, este trabajo podría contribuir a mejorar el bienestar de los gatos al proporcionar a los científicos una comprensión más profunda de cómo se comunican los felinos.
Para realizar este descubrimiento, investigadores liderados por Masao Miyazaki, investigador de medicina veterinaria en la Universidad de Iwate, recolectaron orina de 44 gatos domésticos y les presentaron muestras a 27 de ellos para que las olieran.
Al oler orina desconocida, los gatos mostraron una mayor propensión a manifestar la “respuesta de Flehmen”, una expresión con la boca ligeramente abierta que los dueños a veces denominan “cara de asco”, la cual permite que los olores pasen por un órgano especializado detector de olores ubicado en el paladar. Esto sugiere que los gatos pueden distinguir entre diferentes marcas de olor.
Según Science, “al analizar la composición de las muestras de orina, los científicos encontraron 13 ácidos grasos ramificados (AGR), compuestos químicos formados por cadenas de carbono que suelen encontrarse en los lípidos y que no se disuelven en agua. Algunos de ellos nunca se habían detectado en otras excreciones o secreciones de mamíferos”.
Las combinaciones y proporciones de las estructuras de los AGR eran únicas para cada gato, y los animales del estudio podían distinguir los olores de los AGR incluso cuando los investigadores alteraban otros componentes de la orina. Por lo tanto, el equipo afirma que es probable que estos AGR constituyan la “tarjeta de presentación” química de la orina de gato. Los AGR se mantuvieron sorprendentemente constantes a medida que las muestras de orina se evaporaban, más que otros compuestos químicos presentes en la orina.
El equipo analizó muestras de tejido renal de clínicas veterinarias y reveló que las gotas lipídicas en los riñones almacenan los ácidos grasos benzoicos (AGB). Según Miyazaki, los científicos saben desde hace más de un siglo que los gatos acumulan cantidades excepcionalmente grandes de lípidos en sus riñones, pero se desconocía el motivo. “Relacionar esta característica inusual [del riñón] con señales químicas en la orina fue totalmente inesperado”, concluyó.








