Es posible estar a ocho partidos de cumplir 100 partidos en la Selección y no poder creer qué está pasando. Claro que es factible que eso ocurra. Rodrigo De Paul, 32 abriles, un Mundial ganado, dos oros en la Copa América y una Finalissima en la vitrina, está en ese proceso. Entiende lo logrado, lo dimensiona, hasta lo ha asimilado, pero al mismo tiempo no es capaz de sentirlo verosímil. Si acaso ayer, hace nueve años, él tenía su primera experiencia, cuando “todos soñábamos con ponernos la camiseta para saber qué se sentía”. Ahora no sólo es consciente del significado de lucirla en cancha, sino que degustó el elixir del éxito con ella.
” No pensé que iba a volver a vivir todo esto. Estoy muy emocionado, muy contento y muy cansado también, ja. Es mucha emoción lo que vivimos. Teníamos el sueño de llegar el primer día e irnos el último y se remueven muchas cosas, se me pasa toda la película de todos estos nueve años”. De Paul piensa, habla, ríe y llora. Porque también se emociona.
Como cuando habla de Tini, su pareja, “una gran mujer, mi compañera” o cuando recuerda a su abuelo Osvaldo. Rodri sonríe y late al ritmo de una ilusión que atraviesa transversalmente a cada generación, a cada cuadro de fútbol. A todos los que salieron a festejar en el Obelisco, con frío y de madrugada. Porque esta Selección que integra RDP ha dejado, además de éxitos, un legado.
Y es por eso que Rodrigo cree que “lo más lindo es que quede eso”. En otras palabras, que cuando recuerden a este grupo “ se acuerden del amor propio y de que le hayamos dado muchas alegrías al país, que para eso jugamos“. De Paul así lo siente. Así vive el fútbol.
“Me pasan estos nueve años, todo lo que conseguimos, la identificación, lo disfrutamos un montón”, repite, transitando mentalmente este ciclo que ya acumula 92 participaciones con la camiseta más linda del mundo, con dos goles y 13 asistencias. Y quiere más, porque delante está Inglaterra. El paso previo al anhelo de la segunda final consecutiva.
“Queda un pasito menos. Pase lo que pase nos vamos a vaciar”, adelantó un Rodrigo que, como representante de un grupo que comanda Lionel Scaloni y que espiritualmente y futbolísticamente es guiado por su ladero Lionel Messi, está alineado con la idea madre del próximo encuentro. Que estará inevitablemente teñido por lo que ocurrió en los 80, por la relación que existe con Gran Bretaña desde el conflicto bélico de 1982. Aunque, al menos desde lo público, en la Selección están intentando que aquello no confunda a la gente. Porque esto tan solo es fútbol.
” Esto es un partido. Tiene mucha trascendencia, trae muchos recuerdos, por lo que hizo Diego, por lo que sucedió en su momento. Todas las canciones que se cantan tienen que ver con nuestros Héroes de Malvinas, sobre todo. Para recordarlos. Pero tenemos que entender que es un partido y que las Malvinas se tienen que discutir en otro lugar”, bajó línea De Paul, diferenciando las cuestiones diplomáticas de las deportivas. Sin dejar de recalcar que “ fue una atrocidad lo que pasó” y que como grupo “ siempre los recordamos a los soldados”, aunque machacando en que “ queremos ganarlo para pasar a la final“.
Ese pibe genuino, de gorra en modo Bazooka que hace “fuerza para no llorar” porque es sensible y se emociona por todo lo que se vivió ante Suiza (y Egipto, y Cabo Verde), también es maduro. Firme. Sabio. Y es por eso que pide disfrutar cada paso porque “esto no dura para siempre”. Y en ese contexto, prefiere poner play, activar el reproductor de MP4 y sentarse a ver lo que está pasando.
“Viendo la película es una locura, cumplimos el primer objetivo que era llegar el primer día e irnos el último y lo estamos cumpliendo. ¿Cómo estamos? Esa ansiedad no se calma. Hay que darle enfoque y energía al rival que vamos a tener y disfrutar de esos momentos: queda súper poquito…”.
Y sí: falta muy poco. Apenas días que pasarán rápidamente entre entrenamientos, viajes y concentraciones. Con la misma velocidad con la que estos nueve años volaron, no sin dejar una estela que desea sumar otra estrella.









