“Haber encontrado a Elías 2-24 b fue un punto de inflexión en una discusión histórica, y es cómo hace la naturaleza para formar de modo tan eficiente los planetas. Según pudimos confirmar, es un proceso en realidad mucho más veloz de lo que se pensaba”. Elías 2-24 b es un planeta “en formación”, pero en realidad, agregó Lucas Cieza, astrofísico argentino que, orgulloso, compartió la novedad desde su laboratorio en Chile, se trata de un “exoplaneta” que además es el más joven que la ciencia haya detectado hasta ahora.
El hallazgo salió este miércoles en un paper de investigadores de la Universidad Diego Portales (en Santiago de Chile), en The Astrophysical Journal Letters (publicación de la American Astronomical Society). Lo titularon “Búsqueda de protoplanetas embebidos con el coronógrafo de vórtice Keck/NIRC2: confirmación de un planeta formado por acreción de núcleo en la estrecha brecha del disco Elias 2-24” y la NASA destacó el hallazgo.
Cieza lo definió como “la culminación de un trabajo de 10 años, parte de Odisea, un proyecto de largo aliento, que entonces se inició en colaboración con la Universidad Nacional de la Plata, con el objetivo de entender cómo es el proceso de formación de los planetas”.
Cieza lo llama “culminación” porque en 2025 algo de todo esto había sido adelantado. Fue en una colaboración que el instituto chileno que él integra hizo con un becario posdoctoral suyo de la UNLP, Santiago Orcajo. Como también es un estudiante de doctorado el que lideró el nuevo paper, Cieza subrayó el valor de que en todas las instancias de este proceso, “el trabajo haya sido multigeneracional”.
Es que, tanto el esfuerzo en equipo como el diálogo (o más bien las disidencias) con investigadores de otras latitudes fueron cruciales para terminar en la novedad plasmada ahora. No tanto haber encontrado el protoplaneta (planeta en formación) más joven visto hasta ahora, sino que ese hallazgo permitió comprender toda una película que hasta ahora se intuía hipotéticamente.
Hace unos diez años que la tecnología avanzada de los nuevos telescopios viene permitiendo observar unos enigmáticos anillos que los expertos atribuyen, en un acalorado debate, a distintos fenómenos astronómicos. Contra lo que aseguraban distintos científicos, algunos como Cieza sostienen la teoría de que, dado que todas las estrellas tienen planetas alrededor, las órbitas estaban relacionadas precisamente con esos planetas. Siempre, exoplanetas, ya que están fuera del sistema solar al que pertenece la Tierra.
“Las estadísticas actuales indican que hay más planetas que estrellas en la galaxia: aproximadamente dos por cada estrella y los más comunes son de tipo terrestre”, explicó el científico, y precisó que, como “hay unos 200.000 millones de estrellas, se puede estimar que son cientos de miles de planetas”.
Con la intención de demostrar el origen planetario de esos anillos y sumar precisiones a cómo se hacen los planetas, en 2021, Cieza y Orcajo publicaron una secuencia de cómo los discos planetarios evolucionaban. “Sin embargo, recién en 2025 lo pudimos mostrar con modelos numéricos. Faltaban las ecuaciones físicas que demostraran lo que ocurría. Y ahora, lo que nos faltaba es justamente lo que publicamos: encontrar este planeta”.
Cómo se forman los planetas
Si uno piensa que cuando habla de distancias astronómicas, en general cualquier cosa ocurre a millones de millones de kilómetros, El Elias 2-24 b no parece estar tan lejos ni ser taaan viejo: “Está a 430 años luz de distancia, en una de las regiones de formación estelar más cercana al sistema solar. Por eso podemos estudiarlo con tanto detalle. En cuanto a la edad, es difícil establecerla exactamente, pero tiene menos de un millón de años, lo que es suficiente precisión. Los planetas más jóvenes que se conocían hasta ahora tienen cerca de cinco millones de años”.
Lo de la edad es un tema clave del descubrimiento. Hasta ahora se asumía (pero investigadores como Cieza lo discutían) que los planetas del tamaño de Júpiter, por ejemplo, se “fabricaran” en unos 10 millones de años. ¿La novedad? Todo ese proceso quedaría reducido a un millón.
Elías tiene el tamaño de Júpiter. Aun cuando está “en construcción”, los investigadores saben que ostenta una masa 300 veces la Tierra. Que esté en construcción significa que se encuentra atravesando un proceso de cinco largas fases. “Ahora está en la tercera”, precisó el científico. Veamos cada una, según la reconstrucción novedosa impulsada por este equipo.
A la derecha y arriba se puede ver, marcado, al planeta en formación Elías 2-24 b. En el centro de la foto, la estrella alrededor de la cual orbita.En la fase 1 “hay un disco protoplanetario sin sucros ni nada” (siempre, en relación con una estrella). “El núcleo del planeta se empieza a formar cuando se genera el surco, que es como un Pac-Manque va comiendo tierra. Pero es un núcleo rocoso nada más, que en el caso de Elías tendrá una masa diez veces la masa terrestre”, describió Cieza en alusión a lo que más tarde será un planeta que fue dibujando su órbita.
Ya en la fase 2, “gases que vienen del disco se empiezan a acumular y caen al planeta. Esto hace que sea brillante, por la energía que cae y emite radiación. Es un punto crucial porque nos permite detectarlo… verlo. También lo vemos porque crece en tamaño: en este caso, pasó de 10 veces la masa de la Tierra a 300 veces, igual que Júpiter”. Pero el meollo está en que todo esto “ocurre muy rápido”, muchísimo más velozmente de lo que se estimaba.
En la fase 3 “se puede ver una aureola detrás; como el planeta es ahora masivo, el proceso impide que siga cayendo material sobre él, que entonces se acumula generando esa suerte de aureola. En las etapas 4 y 5, el material interior de la órbita cae hacia la estrella y desaparece. En tanto, el material que estaba por fuera de la órbita se acumula en una especie de anillo delgado exterior”.
Lo novedoso, otra vez, es que “se tenía la idea de que los planetas muy grandes como Júpiter tardaban 10 millones de años, pero en realidad es un millón”. Todo se acelera en la fase 3, “cuando los gases se acumulan junto al núcleo”.
En busca del origen
Cieza terminó la secundaria en una escuela de Quilmes. Era fanático de la astronomía desde chico y con unos compañeros participaron de una feria de ciencias, con la idea de construir un telescopio. Lo hicieron. Ganaron, luego de esa, una feria internacional. Y él, sin solución de continuidad, terminó recién egresado del colegio estudiando en el Instituto Tecnológico de Florida, Estados Unidos.
Se formó en instituciones de Texas y en Hawái. Aterrizó finalmente en Chile. Es el país que tiene el telescopio ALMA, con cuyo prototipo él se entrenó y el que permite “tomar estas imágenes y observar estos discos con un nivel de detalle increíble”, describió fascinado.
No es para menos: “Elías tiene la masa que predecíamos, lo que supone, por un lado, que son correctos los modelos de formación planetaria que vinimos sosteniendo. Por otro, nos permite saber a ciencia cierta que los anillos que la ciencia viene viendo hace años y que muchos atribuían a turbulencias o campos magnéticos, están producidos por planetas y no por otra cosa. Logramos validar el método”.
Clarín le pidió que, como cierre, explique para qué sirve hacer esto que él hace todos los días. “Tiene que ver con una necesidad del ser humano. Todas las culturas se preguntan de dónde venimos. Muchos de los problemas, incluso las guerras por quién es el elegido de Dios o quién tiene derecho sobre el otro, mantienen una desconexión absoluta entre la geopolítica mundial actual y lo que sabemos como especie. Nuestros orígenes son independientes de nuestra religión”, opinó.
“Es súper importante: pone a la humanidad y al ser humano en contexto. Somos una especie entre un montón de especies en una estrella que está entre otro montón de estrellas. Y, sin embargo, seguimos actuando como si fuéramos el centro de todo, sin ninguna responsabilidad sobre el planeta en que vivimos”, concluye.








