El Mundial ya es historia y este jueves comenzará el Torneo Clausura. Para River, el inicio será el sábado, a las 19:15 en el Monumental ante Barracas Central, el club del presidente de la AFA, Claudio Tapia. Y el equipo de Eduardo Coudet dese pasar página rápido tras el papelón de la eliminación con Aldosivi en Salta por la Copa Argentina ya arrancar con el pie derecha el campeonato. Y mientras se ajustan los detalles, se espera por Nicolás Otamendi y Gonzalo Montiel.
¿Y si el sábado se produce una de las muestras más relevantes de la historia de fanatismo por un club del fútbol argentino? Es que después de volver al país, tras el dolor de perder la final del Mundial, Nicolás Otamendi no ve la hora de ponerse la banda roja sobre el pecho y salir a jugar en el Monumental para cumplir el sueño que tiene de chiquito ya que es fanático de River.
Y si bien esto se pensaba que podía suceder en un par de semanas, quizás se adelante. Es que, según pudo saber Clarín, al marcador central que viene de jugar 76 minutos contra España en el MetLife de Nueva Jersey le ronda la idea de sumarse rápidamente a los entrenamientos con el plantel de River.
¿Y si eso sucede podría debutar el sábado ante Barracas Central por la primera fecha del Clausura? Siempre y cuando se sienta bien y el Chacho Coudet así lo disponga, es una posibilidad. Sería, en caso de que se cumpla, un impacto anímico importantísimo para un equipo que viene de quedar eliminado duramente de la Copa Argentina con Aldosivi.
Si esa es la idea que tiene Ota, quien el domingo le puso punto final a su etapa en la Selección, es porque las ganas que tiene de ponerse la camiseta de River son mayúsculas. Y, también, por el excelente estado físico y futbolístico en el que se encuentra: estuvo presente en siete de los ocho partidos de la Selección en la Copa del Mundo (solo no jugó contra Cabo Verde), acumuló 243 minutos en cancha y fue una pieza importante ingresando para reemplazar a alguno de los centrales o formar línea de cinco. Además, viene de jugar casi todos los partidos la temporada pasada con Benfica.
A sus 38 años, fue el tercer jugador del plantel de Scaloni que llegó con más rodaje al Mundial (4.314 minutos en 49 encuentros con el club portugués) y demostró que tiene un nivel de competitividad impresionante. Estar con un alto ritmo es, en definitiva, uno de los puntos clave que lo motoriza a ilusionarse con calzarse por primera vez la banda roja rápidamente.
De todos modos, los días de descanso a disposición, que es lo que corresponde tras jugar una competencia de altísima exigencia como es un Mundial los tiene. Tanto él como Montiel.
Por otro lado, con un contrato firmado antes del Mundial hasta diciembre del 2027, Otamendi sabe que será un estandarte por su experiencia para el plantel y un referente total dentro de un vestuario que perdió a uno de sus líderes principales, Franco Armani.
La realidad de River marca que lo necesita y mucho, sobre todo después del pésimo nivel defensivo mostrado por el equipo el viernes contra Aldosivi en Salta: lógicamente un solo jugador no puede cambiar la ecuación, pero si a él se le agrega Gonzalo Montiel (el otro mundialista que vuelve, aunque por cuestiones físicas no estará para jugar ya el sábado), la línea de cuatro en defensa puede tomar otra forma y estructura.
A su vez, en el lateral izquierdo está otro experimentado como Marcos Acuña, quien se reincorporó este martes a los entrenamientos después de haber viajado a Nueva York a ver la final, invitado como campeón del mundo y autorizado a ir por el club.
“Como todos saben, soy hincha. La decisión fue fácil, obviamente. Pero en mi caso, el Chacho tuvo la disponibilidad para llamarme ni bien asumió, o sea a las dos semanas, y me convenció. Me dio su apoyo y siempre es lindo cuando el entrenador te llama y te quiere. No tuve dudas de volver a la Argentina”, afirmó Otamendi después del amistoso de la Selección contra Islandia, antes de la Copa del mundo, sobre su llegada a River.
Así como no tuvo dudas de volver, tampoco las tendría de querer jugar lo más rápido posible y concretar el sueño de su infancia.








