Todos los focos estuvieron puestos en los pormenores del reciente triunfo de Germán Font en Marcos Juárez. No sólo reconfiguró el mapa político del sudeste provincial, sino que encendió las alarmas y reordenó las prioridades en los tableros de control de los municipios cordobeses. En un escenario dominado por recursos acotados, la retirada del Estado nacional y una demanda social que no da tregua, los intendentes de la provincia coinciden en un diagnóstico contundente: la política tradicional y mala gestión puede terminar expulsando al oficialismo del poder.
Así quedó reflejado en la última edición de “Mesa Chica”, el ciclo de almuerzos organizado por Perfil Córdoba en la sede corporativa del Grupo Edisur. Los mandatarios debatieron -sin tapujos- sobre la cruda realidad de gobernar en el barro territorial.
La victoria de Font en el considerado “kilómetro cero” de Cambiemos dejó una lección que resuena en cada comuna: la necesidad de municipalizar cada vez más la política y poner el foco en los problemas concretos de cada localidad. “Se logró que no haya ningún sello político nacional y pudimos instalar la falta de infraestructura local”, explicó el propio Font, remarcando que el electorado castigó el desgaste y la falta de respuestas locales por encima de las identidades partidarias tradicionales.
El diagnóstico de Font fue compartido. En las localidades del interior, la cercanía es la única moneda con valor real. Una mala lectura de las necesidades del vecino, el abandono de los servicios básicos o la soberbia de la gestión se pagan con la expulsión en las urnas. Con una coparticipación golpeada y la caja nacional totalmente cerrada, la necesidad de hacer obras compite con el control del gasto diario. “Si no fuera por el gobierno provincial, sería imposible gobernar”, fue la frase recurrente en la mesa.
Los jefes municipales deben hacer equilibrios financieros apelando a la creatividad, la austeridad y herramientas de financiamiento como los créditos Bancor para capitalizarse con maquinaria propia. “La Ruta 9 antes y después de Morrison está presentando un grave deterioro y la gente se lo demanda al intendente”, aseguró Gustavo Reitano de Morrison. Del otro lado de la mesa, Walter Ferreyra (Las Rabonas) insistió en que el próximo año “las elecciones serán locales, se personalizarán mucho. Se van perdiendo los esquemas de los partidos políticos”.
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Obligaciones nacionales
Con el riesgo de poner su gestión en la balanza cubriendo con fondos que no cuentan, los intendentes buscan responder a las demandas en servicios de salud, trabajo y alimentos. “El Gobierno nacional tuvo un apoyo de casi el 80% en Piquillín y la demanda social que yo tengo en nuestro pueblo es tremenda”, sostuvo Guillermo Legorburu. En la misma línea, Gabriel Pellizón de Los Surgentes describió que su localidad -zona productiva por excelencia- “se produce mucho, generamos muchos impuestos para la Nación, pero a la hora de recibir el cono se da vuelta: los que más producimos menos recibimos”.
En este mapa de restricciones, el área donde el cuello de botella se vuelve más dramático es la salud pública. Ante la caída de coberturas privadas, la crisis de PAMI y el cierre de clínicas en el interior, los dispensarios y hospitales municipales han visto incrementar exponencialmente su demanda. “Mi gente tiene que atenderse en Bell Ville ahora, pero estamos a 120 kilómetros. Tuve que llamarle a Edgar Bruno (intendente de Canals) y decirle que lo iba a denunciar porque me estaba haciendo abandono de persona”, comentó Jacqueline Ojeda de Colonia Bremen.
“La atención médica del centro de salud crece un 40% porque el vecino ya no puede viajar o no tiene obra social”, agregó Moreno. Pagar guardias médicas astronómicas o sostener insumos con presupuestos ahogados se ha convertido en una carrera de resistencia cotidiana.
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Alianza con el empresariado local
Ante el repliegue del Estado nacional, emergió un actor determinante: el empresariado local. En varios pueblos de la provincia, la articulación público-privada dejó de ser un concepto teórico para convertirse en la tabla de salvación del desarrollo urbano. “En nuestro caso, los empresarios nos van ganando 10 a 0 en obra pública”, sostuvo Raúl Mariscalchi, de Arroyo Cabral, poniendo en valor el alto nivel de compromiso de los hombres de negocios para cumplir con las obras necesarias. Allí se abrió otro debate que responde al gran dilema de las administraciones locales: cómo sostener la obra pública y los servicios esenciales en un contexto de recursos severamente acotados.
En ese delicado equilibrio entre la demanda ciudadana sin límite y la caja acotada se juega hoy la supervivencia de los intendentes en Córdoba. Quien no lo entienda, sabe que el ticket de salida ya está emitido.
Los invitados
Melina Reta (Jefa comunal de Dique Chico), Ariel Petrocchi (Tío Pujio), Jacqueline Ojeda (Colonia Bremen), Raúl Mariscalchi (Arroyo Cabral), Daniel Pellizón (Los Surgentes), Mariano Galfré (James Craik), Gustavo Reitano (Morrison), Rodolfo Margherit (Justiniano Posse), Sergio Marín (Toledo), José Ludueña (Villa del Prado), Guillermo Legorburu (La Cesira), David Moreno (Piquillín), Walter Ferreyra (Las Rabonas) y German Font (intendente electo de Marcos Juárez).









