“No hay que darse por vencida nunca. En el momento más inesperado la vida puede cambiar”, anticipó Margarita Lalor Cavanagh en Se puede, su autobiografía de 145 páginas que escribió a un ritmo de 7 caracteres por minuto, durante un año. Margarita sabía lo que decía.
La solicitud de canonización de Margarita Lalor Cavanagh, re-presentada en noviembre del año 2022, incluye de entrada una carta firmada por un organismo científico, la Asociación en Defensa del Infante Neurológico (AEDIN), una prestigiosa institución científica de Buenos Aires, consagrada a atender pacientes con complicaciones del neurodesarrollo.
Algo en sí sorprendente, si se piensa que el reconocimiento de los milagros no es materia de estudio de la ciencia, a quien suele dejar sin palabras, pero no a los creyentes. Tampoco requiere un milagro alcanzar los estadios previos de Sierva de Dios y Venerable. Por lo tanto, los solicitantes de la causa de Margarita apuestan a lo más alto, ya de entrada.
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¿Merecería Margarita la canonización? El último estadio de la santidad se alcanza con el reconocimiento de un segundo milagro. En la presentación realizada al Arzobispado de Buenos Aires, hay muchos casos y testimonios. Repasemos sólo algunos.
Los milagros de “Santa” Margarita
“Nuestra historia con Margarita empezó cuando nos casamos y nos diagnosticaron infertilidad, nos dijeron que no podíamos tener hijos de forma natural”, cuenta Victoria Gils de Duncan.
“Yo fui a la tumba en el Cementerio de Recoleta, no me olvido más, un día viernes y le hice una promesa, le dije que iba a regresar todos los viernes hasta que quedara embarazada. Al martes siguiente nos fuimos de viaje, pero antes nos habíamos hecho un tratamiento que no había funcionado; estábamos re mal”, recuerda Victoria.
“A los 10 días regresé a la tumba de Margarita, como le había prometido. Contra todo pronóstico fuimos después a la especialista en fertilidad y puso nueva fecha para el tratamiento. El mismo miércoles de esa semana tenía un atraso, me hice un Evatest y dio positivo”, cuenta.
“Fue milagrosísimo, y ahí volví todos los viernes durante todo el embarazo, hasta que nació Ramón, que es nuestro primer hijo”, agrega.
“Y después con nuestro segundo hijo me pasó algo también muy loco. Ya sabíamos que tan infértiles no éramos, pero veníamos buscando desde hacía 6 meses y no sucedía. Entonces, un viernes le compré un ramo de flores y fui a rezarle a Margarita a Recoleta”, asegura.
“Le hice la misma promesa: ‘bueno, yo te prometo que si me quedo embarazada otra vez, voy a volver todos los viernes. El lunes siguiente me enteré que estaba embarazada de Vicente; era incluso raro, porque casi ya ni buscábamos.

“Después nos mudamos lejos y un día que estaba en la ciudad de Buenos Aires, fui y le dije a Margarita: ‘como ya no vivo en el centro no puedo prometerte venir todos los viernes, pero cada vez que venga voy a visitarte”. Y muy rápido quedé embarazada por tercera vez y nació nuestra hija menor, que se llama Margarita en homenaje a ella”, revela. Pero no estaba todo dicho.
En el medio sucedió algo muy duro. “Al tercer mes de embarazo de Margarita, a Fernando, mi marido, le detectan una enfermedad”.
“Yo me enfermé un 24 de febrero del 2024 –toma la palabra Fernando Duncan, esposo de Victoria-. Pensé que era dengue y fui al sanatorio. Me hicieron muchos análisis y en poco tiempo me dijeron que tenía dos tipos diferentes de leucemia, que muy raramente coinciden, pero yo las tenía juntas, era grave.
“Me tuvieron que derivar a Fundaleu. Desde ese momento nosotros nos aferramos a Margarita Lalor y le pedimos a todo el mundo que fuera a rezarle a la tumba. Yo sabía desde el primer día que ella me iba a salvar.
“Cualquier cosa que nos suceda, sea lo que sea, le pedimos y le agradecemos a ella.
“Mi enfermedad fue larga porque empezó en febrero y terminó con un trasplante de médula en agosto del 2024. Todos iban a rezarle para que apareciera un donante de médula compatible. Y finalmente apareció una chica divina, de Rosario, a través de Incucai. Mi salud, la cura de la leucemia, los tres hijos que tuvimos y la familia que logramos armar se lo atribuimos a Margarita. Todo. Ella es parte de nuestra vida”, resume Fernando Duncan, padre de familia.
Más milagros de Margarita Lalor
“Somos la familia Barredo-Muzio, Ale y Pía. Queremos dar testimonio de lo ocurrido con Margarita. Con Ale hicimos algunos tratamientos para que yo quedara embarazada, tras algunos años de búsqueda infructuosa. Quedé embarazada de forma natural y al poco tiempo lo perdí.
“En 2022 cambiamos de clínica y recuerdo que, no sé si a fines de 2021 o principios de 2022, el padre Lisandro Boyle nos propuso ir a visitar la tumba de Margarita, en el Cementerio de Recoleta. Fuimos.

“En mayo de ese año, puntualmente el día de la Virgen de la Dulce Espera, el 15 de mayo, nos enteramos de un nuevo embarazo. El embarazo y el parto de Tomás transcurrieron increíbles. Obviamente fuimos a visitar la tumba de Margarita en varias ocasiones, para agradecer su intercesión.
“Se ve que habrá notado que estábamos tan agradecidos que en noviembre del año 2024 nos enteramos de un nuevo embarazo. También el embarazo y el parto de Agustín fueron perfectos.
“Confieso que lo que más valoro de todo este proceso, y con Ale lo hemos charlado, fue haber logrado intercalar el don de la fe con el buen humor. Gracias, Margarita”, publicaron en sus redes los padres, protagonistas de esta otra historia con final feliz.
Y no es el único, hay muchos más. Sigamos…
“Hoy, mirando el camino recorrido, siento profundamente que aquel pedido que hicimos con tanta fe en la bóveda de Margarita se cumplió. No fue necesario llegar a una cirugía.
“El tratamiento respondió de manera favorable, los tumores dejaron de tener actividad y hoy estoy sana, en control y agradecida a Dios, a Margarita por su intercesión, a los médicos que me acompañaron y a quienes estuvieron a mi lado sosteniéndome en cada momento. Mi corazón está lleno de gratitud y esperanza”, resume María Teresa Boccacci.
En enero 2025 le encontraron un carcinoma invasivo y días después “un PET reveló también un tumor en el hígado, con las mismas características que el de la mama”. Agrega. Cuenta que cuando estaba a punto de realizar la sexta sesión de quimioterapia, el oncólogo le dijo “no será necesario”.
Contra el pronóstico inicial, “el tumor del hígado ha desaparecido, ya no presenta características claras de tumor; el médico no puede determinar con certeza si se trata del tumor original o de otro tipo de tejido”.

En medio de este proceso, María Teresa y su amiga Claudia, que la acompañaba, fueron a visitar al Padre Boyle a la Parroquia Santa Elena Como en los otros casos, el párroco les recomendó visitar la bóveda de Margarita, hacerle un pedido y rezarle con devoción. Ellas pidieron “que no fuera necesario llegar a una cirugía”. Y así sucedió.
El milagro del bebé
Margarita Lalor Cavanagh tuvo varios ahijados y le encantaban los bebés.
Son muchas las personas que harían fila para contar sus propias experiencias. “A mí en lo personal me conmovió mucho el caso del bebé cuyas ecografías mostraban problemas tan graves en sus órganos que los médicos dijeron a sus padres que cuando naciera no podría sobrevivir”, cuenta Marcela Lalor, la hermana menor que pasó con Margarita todas sus tardes, hasta su fallecimiento.
Se refiere al caso que se registró en Villa Devoto, CABA, en el año 2018. Los médicos que atendían a la madre fueron terminantes.
“El médico leyó los estudios y nos dijo que nuestro embarazo venía con muchas complicaciones y que el bebé en camino tenía muchas dificultades, que podía tener malformaciones. Nos aconsejó evaluar la situación y analizar la posibilidad de no continuar con el embarazo. Fue un momento durísimo para nosotros, de muchísima angustia”, reviven en primera persona, en los folios incluidos en la densa presentación al Arzobispado de Buenos Aires.
Felizmente, el bebé nació bajo el signo de escorpio, en perfecto estado de salud. Para todos fue un prodigio.
Los padres habían ido a rezar a la tumba de Margarita, el día de su cumpleaños, el 25 de julio.
“Me emocionó muchísimo ver cómo los estudios médicos posteriores a esa fecha mostraron cómo el órgano digestivo del bebé se iba regenerando. Dios es bueno”, añade Marcela.
“Una cosa es que la gente te diga: ‘Margarita es santa’, pero cuando el Arzobispo de Buenos Aires te habla de su Causa de Santidad y te dice: ‘diríjase al Arzobispado y hable con el sacerdote tal, encargado de la Causa, para que la informe’ a mí me impactó mucho. Se nota que ya conocían a Margarita y su ejemplo de vida”, piensa la hermana.
-Y ese “poder” de sanación ¿se manifestó luego de su muerte o ya había antecedentes?
-Respecto a los milagros fueron luego de su muerte, el 9 de junio de 2005, pero ella tenía algo especial, la gente la buscaba mucho. Desde que publicó su libro Se puede, que tuvo dos ediciones, recibía una enorme cantidad de cartas de gente que necesitaba su consejo, le pedían consuelo. Y ella les escribía a todos.
-¿Qué se siente al tener una hermana que probablemente sea “santa”?
-Margarita me revolucionó el concepto que yo tenía de los santos. No sé por qué siempre nos imaginamos que los santos tienen que vivir en un convento apartados de todo, llevando vidas muy lejanas a nuestro común cotidiano. No es así. Margarita decía que ella quería escuchar a los que sufren. Alegrarlos con los pequeños detalles del amor: hacerles su comida favorita, poner la mesa bien linda, con su música preferida, hacer que se sientan amados, cercanos. Los pequeños detalles del amor -decía- y eso me encantaba.
-¿Cómo se veía que Margarita era “especial”?
-Margaríta decía que la fe es algo vivo, que va creciendo en nosotros cada día, no algo para solo algunos momentos. Su manera de rezar era simple, sencilla. Le entregaba todas las cosas al Corazón de Jesús y después se iba a dormir confiada y tranquila. Era devota de una santa que se llama Madre Maravillas de Jesús.
Su hermana la visitaba todas las tardes. “Un día encontré la imagen de la santa patas arriba en su mesita de luz. Le pregunté porqué y me dijo: ‘es que le pedí por varias personas que necesitan, y la puse patas arriba para que no sea remolona y nos las conceda’. Al verla a ella y recordar cómo era, pienso que los santos no son complicados ni tristes, son normales, e incluso muy felices”.
“Su mayor deseo era estar donde Dios quería que ella estuviera: ayudando a los que sufren. Me uno a los cientos de personas que ella ayudó, confortó, consoló y acompañó mientras estaba entre nosotros, y a los cientos que le rezan para que los ayude y ella sigue intercediendo desde el Cielo, para darle GRACIAS A DIOS POR SU VIDA, y te lo digo con mayúsculas”, subraya.
Para conocer el estado de la causa de canonización, lea la nota: Cuando el Papa Francisco alzó el pulgar por Margarita








