Con un paseo, Clara Obligado y Raúl de Tapia presentaron un libro sobre la amistad y la naturaleza

Con un paseo, Clara Obligado y Raúl de Tapia presentaron un libro sobre la amistad y la naturaleza


Afuera, la Argentina toda vibra en las horas previas al partido de la selección nacional de fútbol que disputará su permanencia en el Mundial, pero adentro del predio de Villa Ocampo, el biólogo español Raúl de Tapia junta con sus manos un puñado de hojas muertas mezcladas con tierra y las huele. Aunque no lo parezca, algo menos de 30 personas están participando de la presentación de un libro. Un libro titulado Un árbol de compañía, escrito a cuatro manos por De Tapia y la escritora y maestra de escritores Clara Obligado, que lo acompaña abrigada porque el frío se impone en el parque de una hectárea en el que los árboles son protagonistas esta tardecita.

Afuera, los autos taponan la avenida del Libertador a la altura de Beccar (y de Martínez, y de San Isidro, y así), pero adentro del predio de Villa Ocampo, el biólogo Raúl de Tapia explica: “El olor a fertilidad de la tierra es relajante para los humanos porque baja el cortisol”. La idea es comenzar la presentación del libro con una recorrida y en eso están los autores y su público cuando un colibrí cruza el aire.

De Tapia queda mudo, paralizado, conmovido. Nadie entiende. ¿No se supone que es biólogo? “No había visto uno en mi vida. No lloro de milagro. Es increíble”, dice emocionado. Es lo que tiene la naturaleza: va regalando joyas y nunca son las mismas.

Los árboles son protagonistas del libro, editado por Páginas de Espuma el año pasado y que ahora llega a la Argentina. Pero en un rato, ya al reparo de la mansión construida por Manuel Silvino Ocampo, padre de Victoria, para su tía en 1891, Obligado agregará: “También es un libro sobre la amistad”. La amistad entre los árboles y entre sí, entre los árboles y los humanos, entre los humanos y entre estos dos en particular, una escritora exiliada en Madrid y un biólogo que recorre el mundo sanando y aprendiendo de los árboles y su universo.

Raúl de Tapia, en Villa Ocampo. Foto: Emmanuel Fernández.

De Tapia es director de la Fundación Tormes-EB y, aunque es biólogo y botanófilo, le gusta definirse como “degustador de paisajes”. Su talento para comunicar esos saberes es evidente y no extraña que haya recibido premios españoles como el Nacional de Medio Ambiente de Caja España, el Premio de Sostenibilidad de la Junta de Castilla y León, el Ones Mediterránea a la Defensa del Patrimonio Natural, el Premio de Comunicación Ambiental de la ANEFA o el Reconocimiento de Excelencia en Comunicación Ambiental por la UEPG.

El mundo en una semilla

“Todo el botiquín que necesita un roble está aquí dentro –dice De Tapia mostrando dos semillas carnosas y oscuras–. Todo lo que va a enfrentar encontrará respuesta en el mismo lugar. ¿No resulta fascinante que de un elemento tan pequeño y bello pueda aparecer algo así?“, pregunta y mira a su público mientras con la otra mano señala los muchos metros de altura de los árboles que habitan ese parque.

“Plantar un árbol es plantar una pajarera”, agrega a continuación, unos pasos más adelante, mientras el piar de los que aquí habitan conforma un coro singular. Pero la gente se ha desplazado y, delante de una morera un poco amarilla, el botánico está explicando que hay que aprender a leer a los árboles: “No se pone amarilla, sino que retira el verde hacia adentro y, cuando las hojas caigan y conformen la hojarasca, esta hará que el árbol funcione como un reloj de arena: lo que está abajo volverá arriba desde las raíces porque esa muerte-vida es lo que hace que el árbol viva“.

El frío duele en las manos y las narices coloradas, pero nadie quiere perderse una palabra. Cuando De Tapia revela que debajo de todos los pies ahí presentes las raíces de todos esos árboles se conectan, se tocan, se comunican, intercambian, se nutren, se protegen, “son solidarios entre ellos”, sintetiza, y alguien dirá, casi sin querer, que es increíble, que qué maravilla. Una voz, aunque todos parecen estar pensando lo mismo.

Cuando el recorrido por el jardín concluye, la presentación continúa dentro del edificio, que es Monumento Histórico Nacional y funciona bajo la supervisión de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) por disposición de Victoria Ocampo. Obligado y De Tapia dialogan con Juan Marcelo Villoldo, coordinador del ciclo de diálogos con escritores de Villa Ocampo.

El diálogo entre Clara Obligado y Raúl de Tapia parece guionado. Se complementan, hacen bromas, intercambian lecturas, citas, referencias y recuerdos.

Ambos cuentan que la escritura del libro fue difícil y trabajosa, pero siempre en la clave en la que suena este diálogo: con risas y chascarrillos. “El libro funcionó porque los dos supimos cómo hacer avanzar lo que sabíamos y dejar en espera lo que no sabíamos. Recuerdo que cuando conocí a Raúl, pensé en todo lo que podía aprender con él. A mí me gusta mucho aprender”, dice la escritora sobre su coautor.

De todos modos, el trabajo que no fue simple al comienzo, encontró su manera. “La forma de crear el libro ha sido muy orgánica. Empezamos sin saber muy bien hacia dónde caminábamos, pero a los dos nos fascinaban varias cosas comunes, varias realidades comunes”, agrega él. Entonces, ella en Nueva York y él en los Alpes suizos se intercambian fotos de árboles y referencias en un diálogo que no se interrumpe aunque ella esté luego en Colombia y él en las Islas Azores y en otros destinos a lo largo de dos años.

Clara Obligado y Raúl de Tapia presentaron en Villa Ocampo su libro Un árbol de compañía. Foto: Emmanuel Fernández.

A contramano de la música que suena ahí afuera, donde todos corren a casa para ver el partido de fútbol, Obligado y De Tapia valoran aquí los fracasos. “Fracaso es una manera de llamar al camino que tienes que seguir; de hecho, es así como se van encontrando los senderos por los que debes transitar”, dice el biólogo y agrega: “En la historia natural, hemos llegado aquí todas las especies a base de grandes fracasos”.

La escritora, que fundó hace medio siglo un taller de escritura no solo pionero sino legendario en Madrid, toma la posta: “La naturaleza es el lugar donde se avanza lentamente y vamos tan rápido que nos estamos cargando todo. La idea de este avance rápido tiene que ver con el capitalismo acelerado que estamos viviendo. Por eso, me parece que los árboles son una cátedra de lentitud”.

Y también rechaza la palabra ensayo para definir su manera de abordar los temas que recorre en sus libros, desde Una casa lejos de casa a Todo lo que crece: “El ensayo me parece el desarrollo de una ideología muy masculina, mientras que el ensayito me parece algo mucho más moderno. Como algo chiquito, a lo que me puedo acercar con menos problemas, no porque sea menos importante, sino porque tiene una dimensión que ayuda a pensar. Y en realidad esos tres libros son una invitación a pensar, más que a cerrar un pensamiento“, dice.

Aromos y mimosas

Lo que tiene la naturaleza es que va regalando joyas y pocas veces son las mismas. Pero cuando lo son, no llevan el mismo nombre necesariamente. Es lo que pasa con el aromo, que en España es llamado mimosa. “Es la misma planta que se llama de dos maneras, porque también éramos de dos países. Por eso, me parecía muy interesante comparar las dos naturalezas. Raúl me comprendió al llegar aquí y darse cuenta de que no reconocía los pájaros. Eso es lo mismo que me pasó a mí cuando llegué a España y sigo sin reconocerlos”, explica ella.

Continúa De Tapia: “Esa costumbre que tenemos de nombrarlo todo, Clara dice que la soledad la hizo lectora y a mí me hizo botánico porque yo pasaba de pequeño mucho tiempo solo en una finca familiar. Y la mimosa, por ejemplo, quedó asociada a la primera decepción amorosa. Tenía 15 años y esa planta, que olía tan bien y que era tan agradable, se terminó convirtiendo en un recuerdo horrendo“.

Entre los árboles de Villa Ocampo, Clara Obligado y Raúl de Tapia presentaron su libro Un árbol de compañía. Foto: Emmanuel Fernández.

Responde Clara Obligado: “Entonces, para mí, el olor del aromo está relacionado con la lectura. Pero, ¿qué leía? Leía a una autora española exiliada, Elena Fortún. Es curiosísimo porque leía mi destino y ese mismo árbol nos cobijó a los dos, pero de distinta manera. Y a los dos nos enseñó a ser quienes seríamos después”.

Afuera, falta apenas un rato para que comience el partido, pero aquí nadie tiene apuro. Alguien pregunta qué están escribiendo en este momento. De Tapia, cuenta, retomó un proyecto que tenía comenzado cuando irrumpió este trabajo de a dos. Y Obligado dice que está regando una idea, no quiere dar detalles, pero asoma un hornero, cuenta que De Tapia la ayuda con la documentación. Como los árboles, bajo la superficie, siguen conectándose, comunicándose, intercambiando, nutriéndose, siendo amigos y solidarios.

Un árbol de compañía, el libro escrito en conjunto por Clara Obligado y Raúl de Tapia, será presentado mañana sábado a las 17.30 en Niño Librería (Donado 1652).