cómo Veintisiete noches convirtió un caso real en una de las historias argentinas más inquietantes de los últimos años

cómo Veintisiete noches convirtió un caso real en una de las historias argentinas más inquietantes de los últimos años

La historia de Veinsiete noches nació como un relato incómodo sobre la vejez, el dinero, la salud mental y los vínculos familiares. Pero en su pasaje de la literatura al cine terminó convirtiéndose también en una reflexión sobre los límites de la libertad individual y sobre el modo en que una sociedad decide quién está “cuerdo” y quién no. La novela de Natalia Zito y la posterior adaptación cinematográfica escrita por Martín Mauregui junto a Daniel Hendler (ambas con el mismo nombre) lograron transformar un expediente judicial real en una obra cultural de enorme repercusión pública.

De este exitoso pasaje de un soporte a otro se habló hacia el fin de la Feria del Libro en el stand de Ñ y Clarín con Zito y con Mauregui

El punto de partida de esta historia fue el caso de Natalia Kohen, artista y escritora argentina que fue internada contra su voluntad por sus hijas bajo la sospecha de padecer una demencia. El episodio derivó en una batalla judicial y mediática que cuestionó las prácticas psiquiátricas, la administración de las herencias familiares y los prejuicios sociales sobre la vejez femenina.

Cuando Zito publicó Veintisiete noches en 2021, tomó elementos de la investigación periodística, el relato testimonial y la ficción literaria. La autora reunió expedientes, entrevistas, documentos judiciales y testimonios para reconstruir una historia atravesada por zonas grises. El libro trabajó sobre la incertidumbre: ¿la protagonista era una mujer vulnerable o una mujer demasiado libre para los parámetros de su entorno?

Esa ambigüedad fue justamente lo que convirtió al material en una fuente extraordinaria para el cine. La película 27 noches, dirigida por Hendler y escrita junto a Mauregui y Agustina Liendo sobre una adaptación previa de Mariano Llinás, entendió que el corazón de la historia no estaba solamente en el conflicto judicial sino en el clima emocional que rodeaba a esa familia.

Ante un público muy atento, Zito y Mauregui, moderados por la periodista y crítica Alejandra Rodríguez Ballester conversaron sobre cómo fue el proceso de llevar este libro a la pantalla.

Mauregui comentó que “un primer acercamiento de la adaptación es pensar que los ancianos son unos personajes como cualquiera, que tienen deseo sexual, hambre, mienten, pueden traicionar, no están pensando que la muerte es mañana, lo piensan como lo pensamos todos. El cine es mucho más simple, cuando aparece un viejo todos dicen que se muere. Natalia Cohen, el caso de la historia real, vivió hasta los 103, 104 años, mucho más de lo que se esperaba”.

Zito agrega: “¿Por qué hay un momento donde hay que decir, ‘Ya está’?” Incluso Natalia Cohen dice una frase que está en el libro: ‘te dicen que te quedes quieta y que te quedes tranquila en tu casa. ¿Por qué? Si yo me siento bien’”.

“Es que hay una idea de domesticar a los viejos”, agrega Mauregui.Y en el caso de la protagonista de la esta historia, censurada por sus decisiones de vida. “Es que los ancianos tienen el derecho de equivocarse. Ella tiene el derecho de, potencialmente, casarse con un playboy que se cruzó en su vida porque tiene el derecho de equivocarse como todos nosotros, y que de pronto la potestad de esa, o sea, la libertad de de de de equivocarse, de avanzar y de retroceder, no es solo de los jóvenes”.

La literatura tuvo un papel decisivo en ese pasaje al cine. El libro de Zito no ofrecía únicamente información: ofrecía tono, atmósfera y complejidad psicológica, el film conserva el carácter ambiguo y perturbador de la novela. La película nunca termina de decidir si Martha Hoffman –nombre ficticio del personaje inspirado en Kohen– es víctima de un sistema abusivo, una mujer excéntrica e incomprendida o alguien efectivamente deteriorado. Esa tensión sostiene toda la narración. Marilú Marini compone una Martha Hoffman extraordinaria, llena de ironía, fragilidad y desafío

Daniel Hendler introduce una mirada casi kafkiana sobre la burocracia judicial y psiquiátrica. El perito interpretado por él mismo funciona como un observador desconcertado frente a una familia donde todos parecen tener razones válidas y, al mismo tiempo, intereses ocultos.

Para la escritora y psicoanalista Natalia Zito: “El personaje de Hendler no está cargado con todos los cliches, le deja lugar a que la sexualidad se despliegue sobre ella porque siempre se sostiene que la sexualidad está (solo) en la juventud. Hay una frase hermosa en la película que no es del libro, es del guión, que es esa pregunta que ella le hace al personaje de Hendler, ¿qué hace usted para mantenerse vivo?

Y hay otra escena, puntualiza Zito, que es en esa discusión en donde Marta le dice a una de sus hijas, ‘Lo que pasa es que vos tenés una vida de mierda’, prácticamente le dice: ‘Yo soy mejor que vos’, es muy cruel decirle eso”. Mauregui agregó: “Que lo diga tu madre es un bajón”.

Rodríguez Ballester agregó un elemento fundamental en la historia real y en la representada: “Hay un conflicto que vuelve ríspida a esta relación entre ellas y es el dinero. El gran escándalo es que Marta va a gastar su fortuna casándose con alguien que la que la ronda o bien dándole a sus amigos artistas y que se va a perder todo”.

La repercusión del libro primero y de la película después tuvo un impacto especial porque tocó temas socialmente sensibles. Tanto la novela como el film abrieron discusiones sobre las internaciones involuntarias, los derechos de las personas mayores y la medicalización de conductas consideradas “anormales”. Pero además hubo un efecto emocional sobre el público. Muchos espectadores reconocieron en la historia conflictos presentes en sus propias familias: disputas por herencias, dificultades para cuidar a padres ancianos, tensiones entre autonomía y protección. El caso dejó de ser únicamente el retrato de una familia adinerada para transformarse en una pregunta colectiva sobre cómo se trata a los viejos en las sociedades contemporáneas.

La repercusión también alcanzó a la familia real vinculada al caso. La exposición mediática reabrió debates y heridas que nunca se habían cerrado. Tanto el libro de Zito como la película de Hendler volvieron a poner en circulación una historia que había conmocionado a la opinión pública argentina años atrás. Allí reside parte de la potencia incómoda de 27 noches: no es solo una ficción.