Colombia busca endeudarse afuera mientras el mundo presta cada vez más caro

Colombia busca endeudarse afuera mientras el mundo presta cada vez más caro


La deuda de los países alrededor del planeta crece, y los inversores piden cada vez más rentabilidad a cambio de prestar su dinero. El Fondo Monetario Internacional calcula que la deuda pública mundial llegará al 100% del PIB global en 2029 —un año antes de lo que el organismo calculaba hace un año—, un apetito universal que hace de telón de fondo y que impacta a Colombia, que compite por el mismo capital con Washington, Tokio o París. El país andino, que atraviesa una crisis fiscal inédita, avisó que volverá a los mercados internacionales para financiar los gastos del próximo año. Según el Presupuesto General presentado por el ministro de Hacienda, Miguel Gómez Martínez, las necesidades de crédito para 2027 ascienden a 238,6 billones de pesos: 150,9 billones saldrían de TES, los bonos en pesos que coloca el Gobierno en el mercado local, y 87,7 billones de deuda externa, más de 26.000 millones de dólares.

El país sale a buscar ese dinero justo cuando el viento sopla en contra. Este miércoles, en Washington, el presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, anunció la primera subida de tasas de interés en Estados Unidos desde 2023: un cuarto de punto, hasta el rango de 3,75%-4%. El detonante fue la inflación, empujada por un petróleo que, entre vaivenes, supera de nuevo los 100 dólares por el bloqueo en el estrecho de Ormuz, frente a las costas de Irán. La deuda del Tesoro estadounidense, el activo que el mercado considera libre de riesgo, funciona como el piso sobre el que se calcula cualquier préstamo en el mundo, y cuando sube, arrastra todo lo demás.

Germán Cristancho, analista de Davivienda Corredores, lleva meses viendo venir esto, y lo explica con dos causas. La primera es fiscal: “Hemos visto incrementos importantes en las tasas de interés de largo plazo de países como Estados Unidos, Japón, el Reino Unido, Francia y Alemania. El costo de la deuda está llegando a máximos de las últimas dos décadas”, dice, por el peso de una deuda soberana que en varias de esas economías ya supera el 100% del PIB. La segunda es geopolítica: el conflicto en Medio Oriente, que ya completa más de seis meses, presiona al alza los precios de la energía y los fertilizantes. Pero señala que el problema va más allá, en un desequilibrio en la economía mundial: “No es un factor coyuntural, sino que es un factor estructural que viene materializándose después de la pandemia”. A este panorama se suman las ingentes cantidades de dinero que están pidiendo las empresas ligadas a la carrera por la inteligencia artificial.

Cristancho añade una paradoja propia de América Latina: la región exporta materias primas —cobre, petróleo, productos agrícolas— cuyos precios han mejorado, lo que ha fortalecido monedas como el peso colombiano y comprimido los diferenciales de tasas frente a Estados Unidos. Pero advierte que los intereses que pagan los países latinoamericanos a quienes compran su deuda soberana “no ha recogido completamente” el aumento de las tasa, y ese desfase, dice, “es donde está la principal inquietud”.

Alejandro Rojas, analista de Investigaciones Económicas del Banco de Bogotá, le pone número a ese desfase con un bono concreto. El título colombiano denominado en dólares, con vencimiento en 2036, pagaba 6,4% en junio; hoy paga 7,26%, 86 puntos básicos más. En el mismo periodo, el bono del Tesoro americano a 10 años subió 60 puntos básicos. “Dos terceras partes [del aumento] lo explicó el escenario internacional y una tercera parte, la reacción de los inversionistas al panorama local”, dice en un intercambio de mensajes. El analista agrega una vuelta de tuerca: el peso se ha revaluado casi 17% en lo corrido del año, un alivio teórico para Colombia porque con menos pesos paga por los mismos dólares. Pero el bumerán se devuelve ahora, cuando el país necesitará pedir prestados más dólares, para cubrir la misma necesidad en pesos.

En ese panorama, el Gobierno avisó que busca más de 26.000 millones de dólares en el exterior para 2027, calculados con una tasa de cambio cercana a 3.200 pesos; si el peso se aprecia más, la factura en dólares sube. Hernando Zuleta, decano de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, separa los dos frentes que están en juego. Cuando el Gobierno necesita más pesos, sale a colocar más TES en el mercado local; pero más papeles compitiendo por los mismos compradores le obligan a pagar una tasa de interés más alta. Cuando el aprieto viene de afuera, debería moverse el precio del dólar en pesos. Pero incluso ahí hay incertidumbre: el fortalecimiento global del dólar presiona al peso hacia abajo, mientras que las mejores condiciones para las materias primas colombianas presionan en sentido contrario. “Es difícil saber cuál va a ser el [resultado] neto”, reconoce Zuleta.

Colombia llega a este momento con la porción externa de su deuda en el nivel más bajo en dos décadas —apenas 21% del total, según cifras de julio del Ministerio de Hacienda—, después de que el Gobierno de Gustavo Petro pesificara la deuda en una estrategia que lideró el entonces director de Crédito Público, Javier Cuéllar. Esa estrategia blindó al país en el frente cambiario, pero paga en pesos intereses del 10,09%, más del doble que el 3,94% de la externa, según los datos de Hacienda.

El diagnóstico fiscal no ayuda. El Comité Autónomo de la Regla Fiscal calcula que el déficit primario de 2027 llegará a 4,5% del PIB —nueve veces el 0,5% que preveía el Marco Fiscal de Mediano Plazo hace un año— y que la deuda neta subirá a 67,3% del PIB, cerca del límite legal de 71%. Estabilizarla exigiría recortes para pasar a superávit primario superior a 2% del PIB en 2028, una meta difícil y condicionada a que el Congreso apruebe la aún desconocida Ley de Rescate Económico. El ministro anunció inicialmente que la radicaría en septiembre, pero en una entrevista con EL TIEMPO dijo que ahora será en octubre.

Mientras esa ley se hace esperar, los mercados ya cobran la factura. El EMBI, índice que mide cuánto de más le cobran los mercados a un país por prestarle frente a la deuda de EE UU, subió de 1,85 puntos el 27 de agosto a 2,02 el 14 de septiembre, según el Banco Central de República Dominicana, recopilado por Diego Montañez-Herrera, de la Universidad EAFIT. En ese mismo lapso, Colombia fue el país de la región donde más subió el riesgo país —mientras Brasil y Chile bajaron—, y hoy ya supera a México. En el mercado local, el TES 2036 pasó de 12,51% a 12,70% en un día, según Corficolombiana. César Caballero, exdirector del DANE, lo resume: “El Congreso realizó un acto de fe […] pero los mercados no. El ministro de Hacienda no puede seguir dilatando la presentación de un plan de ajuste detallado, sólido y creíble”.

Juan David Ballén, director de Estudios Económicos de Aval Asset Management, cree que el regreso a la deuda externa tiene sentido. Dado el tamaño de las necesidades de financiación, “resulta difícil que el mercado doméstico pueda absorberlas en su totalidad sin generar presiones adicionales sobre las tasas de interés”, argumenta. Pero encuentra otro obstáculo: “El problema no es tanto conseguir financiación, sino su costo”. Hay liquidez internacional de sobra, dice, pero Colombia pagará una prima superior a la de años anteriores, tanto por el alza en las tasas globales como por la percepción de riesgo del país. Esa prima dependerá, advierte, de que el ajuste fiscal resulte “políticamente viable, permanente y suficiente para estabilizar las finanzas”. Con esa condición todavía sin resolver, Colombia se apresta a salir a buscar esos 87,7 billones de pesos en un mercado internacional que, la misma semana en que el país cierra su presupuesto, la Reserva Federal acaba de encarecer desde Washington.