Quien tenga algún conocimiento de lo que sucedió en el arte argentino durante los años 90 en Buenos Aires sabe perfectamente quién fue Jorge Gumier Maier. Alma máter de una generación de artistas, primer curador contemporáneo para nuestra escena, escritor, crítico y activista por los derechos de las minorías sexuales en la Argentina de la posdictadura, Gumier es una figura insoslayable.
Pero a la sombra de esa actividad prolífica y multifacética que genera mucho magnetismo, creció su trabajo como artista visual. Corrido del centro, siempre supimos del Gumier artista, como sabemos del oxígeno o las raíces, aunque no los veamos. Afortunadamente, eso acaba de cambiar, con la reciente inauguración de La diferencia, la exposición curada por Francisco Lemus con que la Colección Amalita revisa y rinde homenaje a su obra.
La muestra se enmarca dentro de un trabajo extenso en el programa de la Colección que, desde hace años, viene relevando la escena de los años 90 y su implicancia en los derroteros artísticos actuales: a las muestras antológicas dedicadas a Marcelo Pombo, Miguel Harte u Omar Schiliro (por nombrar solo algunos) se suman las colectivas El arte es un misterio (2022) y Tácticas luminosas (2019), ambas curadas, además, por Lemus.
Jorge Gumier Maier, la diferencia, en Colección Amalita. Foto: gentileza.Con el ojo puesto sobre este período en general y la producción del Rojas en particular (atravesada por el cruce entre la identidad sexual, las promesas rotas de la democracia y la emergencia del sida), Lemus viene consolidando un abordaje crítico fundamental para pensar el período.
La diferencia, además, cuenta con un catálogo que reúne distintos textos (comisionados a Gabriel Pérez Barreiro, Mariano López Seoane y María Moreno, entre otros) junto a material de archivo, para dar cuenta de los múltiples perfiles de Gumier. Aún en proceso, esta edición bilingüe, al cuidado de Laura Hakel, busca facilitar la consulta sobre la obra y el pensamiento del artista y curador en el ámbito internacional.
Jorge Gumier Maier, la diferencia, en Colección Amalita. Foto: gentileza.Poesía y desparpajo
“Su rol fue clave en la conformación del arte contemporáneo. Con la poesía y el desparpajo de un curador que también es artista, pero además con una mirada muy visionaria respecto de hacia dónde tenía que ir el arte, Gumier supo acompañar a un grupo de artistas que hoy marca el pulso del arte en Argentina y, me animo a decir, en toda la región –señala Lemus–. Hay un gesto que es muy de vanguardia y que él desarrolla tanto en su pensamiento como en su creatividad artística. Gumier Maier fue una persona muy audaz. Esta muestra parte de esa audacia”.
Estructurada en tres grandes momentos, la exposición destaca el accionar de Gumier como activista gay durante los primeros años 80; su trabajo como mentor y curador de la galería del Rojas entre 1989 y 1996; y su producción artística, que acompaña los dos momentos anteriores y continúa hasta su muerte en 2021.
La diferencia revela, así, un artista que, aún en sus constantes cambios, es consecuente. Gumier tiene una pata en la figura y otra en la geometría; sus materiales van desde la fórmica hasta los envases usados de plasticola; su pintura abraza el espacio con un cuerpo sólido y longilíneo que continúa, sin embargo, colgado en la pared; las pocas obras que se erigen autónomas, como esculturas, son de una fragilidad candorosa.
Esos cambios no son oscilaciones sino progresiones en las que se aprecia su trabajo paralelo como curador y crítico. Si sus primeras obras, datadas a fines de los 80, se apropian de la herencia de la geometría argentina de los 40, en los años venideros se profundiza esa búsqueda, en la que los lineamientos rígidos de vanguardias taxativas como el Arte Concreto encuentran, en Gumier, un tono propio, cuestionador, inteligente y sutil.
Un buen ejemplo es su particular uso del marco recortado, noción propia de los artistas concretos, según la cual el marco acompaña a la pintura, sin someterla a formas ortogonales. El mismo principio sigue Gumier en sus obras de los 90 (contemporáneas de su actividad como curador en el Rojas).
Jorge Gumier Maier, la diferencia, en Colección Amalita. Foto: gentileza.Pero ahí donde los concretos bregaban, con intransigencia, por la rectitud de las formas y la pureza de los colores, Gumier pone en primer plano las volutas barrocas y los tonos pastel. Herederas díscolas de aquella geometría utópica, en sus obras lo estructural cede espacio a lo decorativo y la gracia revela su potencia revolucionaria.
La muestra presenta también las obras que Gumier realizó tras su alejamiento del Rojas. Radicado en el Tigre, comienza a trabajar con todos aquellos objetos que el río devuelve a las orillas: cajas de cartón, bandejas de caña, percheros de madera, tiradores de cajones. Encuentros fortuitos que ensambla generando figuras.
Extraños yuyos vernáculos
Si en sus obras de los 90 la sintonía con el Rojas es evidente desde un lugar más conceptual (el alegato por lo doméstico, el abrazo a lo que queda fuera del canon establecido), en los 2000 se hace patente en el uso de esos materiales, afines a los de la gran mayoría de los artistas que habitaron la galería y crecieron, como extraños yuyos vernáculos, al reparo del Gumier curador.
Jorge Gumier Maier, la diferencia, en Colección Amalita. Foto: gentileza.El recorrido por las salas se ve visiblemente enriquecido por la presencia del archivo, que encuentra un espacio destacado bajo el abordaje curatorial de Paola Vega. Afiches y volantes de militancia que evidencian, a contrapelo de los motes, la apertura de Gumier hacia la escena internacional; catálogos, invitaciones y textos de muestras; entrevistas; reseñas y textos críticos; discusiones dadas en el ámbito del Rojas y sobre el Rojas; retratos y fotos de montaje; pruebas de artista y hasta una serie entera de flores sobre papel, que Gumier pintó durante su retiro en el Delta, dotadas de un lirismo y una espontaneidad que hasta ahora su obra plástica no había revelado.
Junto a todos esos materiales, Vega presenta Rozando la plenitud, un video hecho en colaboración con Joaquín Aras que recoge las voces de sus amigos y familiares y es definido, por la curadora, como un “archivo afectivo”.
Jorge Gumier Maier, la diferencia, en Colección Amalita. Foto: gentileza.“Con algo de bolchevique y algo de Versailles, Gumier abrazó esa cosa indefinible del arte argentino”, dice Marcelo Pombo en el video, dando sin rodeos en el corazón de un personaje singular: audaz y sofisticado, mordaz y reflexivo.
No es casual que sea «abrazó» el verbo elegido por Pombo para definir el vínculo de Gumier con la escena. Una escena que hizo del amor un modo de resistencia a los envites de la historia, a la que Gumier dio forma dándose forma a sí mismo. Y que encontró, en la diferencia, un lugar donde habitar.
Jorge Gumier Maier, la diferencia, en Colección Amalita (Olga Cossettini 141, Puerto Madero) de jueves a domingo de 12 a 20.








