Chernobyl: el hongo negro que desafía las reglas y se aprovecha de la radiación

Chernobyl: el hongo negro que desafía las reglas y se aprovecha de la radiación


A 40 años de la explosión en la central nuclear de Chernobyl en Ucrania, conocida como la peor catástrofe nuclear de la historia, el lugar donde ocurrió el desastre se convirtió en un ambiente aún contaminado por la radiación donde es raro hasta encontrar insectos alrededor.

Sin embargo, en medio de la hostilidad de las ruinas de la central nuclear de Chernobyl, fue encontrado un rastro de vida que creció en medio de las sombras del lugar que lleva abandonado hace décadas y que logró resistir y prosperar en un sitio altamente contaminado por la radiación: el hongo negro.

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El “hongo negro” de Chernobyl, también llamado “hongo radiotrófico” y conocidos en el ámbito de la ciencia como Cladosporium sphaerospermum, se trata de un tipo de hongo que no solo sobrevive a la radiación, sino que “se alimenta” de ella y la utiliza para prosperar en un ambiente inhabitable para la mayoría de las formas de vida.

“El hongo que crece en las paredes del reactor 4 de Chernobyl es Cladosporium sphaerospermum y la particularidad que tiene es que utiliza la radiación como fuente de energía para crecer y esto le permite vivir en un ambiente con radiación extrema donde no podrían sobrevivir otros seres vivos“, explicó en diálogo con PERFIL el Dr. en Ciencias Naturales e investigador independiente del CONICET, Sebastián Pelliza.

El también director del Instituto Spegazzini (División Micologia) del Museo de La Plata, detalló: “Cladosporium sphaerospermum es un hongo del filo Ascomycota, caracterizado por sus hifas finas, septadas y ramificadas, que pueden ser de color hialino a marrón. Este hongo forma colonias aterciopeladas que pueden oscurecerse en tonos verde oliva o marrones. Se encuentra comúnmente en suelos, vegetación en descomposición y materiales orgánicos“.

El hongo Cladosporium sphaerospermum realiza la “radiosintesis”, similar a la fotosíntesis de las plantas.

“A estos hongos se los conocía de otros sitios, pero son los únicos capaces de resistir los niveles de radiación de los reactores contaminados de Chernobyl. Algunos son unicelulares como levaduras, y otros más bien mohos negros como los que suelen salir en las paredes y techos húmedos”, profundizó a PERFIL el micólogo y fundador de Hongos de Argentina, Francisco Kuhar.

Con respecto a las características del llamativo hongo encontrado en los restos de la central nuclear tras del desastre de 1986, el Dr. en Biología e investigador del CONICET indicó que “se trata de hongos de color negro intenso porque acumulan mucha melanina” y que “no hay que imaginarlos como los honguitos de sombrero que encontramos en los bosques o patios”.

“Los hongos en general, y esta especie en particular tienen una gran plasticidad genética, esto les permite poder crecer en todo tipo de ambientes incluso en aquellos donde no pueden crecer otros seres vivos. Son muy exitosos evolutivamente y hace millones de años que están sobre la Tierra, por esa capacidad de poder adaptarse a cualquier tipo de cambio ambiental”, destacó Pelliza.

¿Qué tan cierto es que el “hongo negro” de Chernobyl se alimenta de la radiación?

Una de las características más llamativas del hongo encontrado en Chernobyl no es solo el hecho de que sobreviva en medio de la radiación, sino que, al contrario, pareciera que el Cladosporium sphaerospermum la busca y se aprovecha de ella para prosperar en medio de la hostilidad del ambiente.

El mecanismo de alimentación que utiliza este tipo de hongo es la ‘radiosintesis’, debido a que estos hongos contienen melanina, el pigmento que también protege la piel humana de la radiación ultravioleta”, señaló Pelliza para explicar porqué esta especie se ha visto creciendo con mayor velocidad en zonas con mayores niveles de radiación.

El investigador explicó que “en los hongos, la melanina actúa como un transductor de energía, captando radiación ionizante (como rayos gamma) y transformándola en energía química que el hongo puede usar para crecer“, de forma que esta especie utiliza la radiación invisible de las mismas maneras que las plantas se aprovechan de la luz solar para realizar la fotosíntesis.

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“La misma melanina que nos protege de los rayos UV del sol, en ellos está mucho más concentrada y puede absorber dosis altas de rayos gamma y otras radiaciones que matarían a cualquier otro ser vivo. Las radiaciones como la gamma o la UV rompen moléculas y las transforman en radicales libres que pueden dañar seriamente las membranas celulares y el ADN. La melanina tiene la capacidad de absorber y dispersar la energía de la radiación antes de que llegue a moléculas más ‘delicadas’ para la vida”, profundizó Kuhar.

Sobre la particularidad de la especie, Pelliza indicó que en ensayos de laboratorio se vio que la biomasa de estos hongos aumenta bajo radiación, incluso con nutrientes limitados, e insistió: “Este tipo de hongos que pueden crecer en estos ambientes extremos poseen radiotropismo, es decir, crecen orientándose hacia fuentes de radiación, similar a cómo las plantas crecen hacia la luz“.

Ladosporium Sphaerospermum: Hongo negro de Chernobyl 24042026
Investigadores se encuentran trabajando en la forma de emplear el “hongo negro” de Chernobyl para proteger a los astronautas de la radiación en exploraciones espaciales.

No hay pruebas definitivas de que el hongo se alimente de la radiación. Algunos crecen más en presencia de radiación, producen moléculas relacionadas con el crecimiento celular y activan genes; pero eso NO indica que se nutran de ella. Es como la piel humana, que usa la energía del sol para producir vitamina D, pero no por eso podemos vivir de la luz. La melanina transforma esa energía radiante, pero probablemente NO de manera ordenada, como lo hacen las plantas con la luz solar“, aclaró por su parte Kuhar sobre si realmente el hongo “se alimenta” de la radiación.

Desde su lugar, el director del Instituto Spegazzini también aclaró: “Este tipo de hongos no sustituyen la necesidad de nutrientes tradicionales, que utilizan el resto de los hongos, pero añaden una vía energética adicional que les permite sobrevivir y prosperar en entornos extremos donde otros organismos no podrían”.

De esta manera, se puede concluir que el “hongo negro” de Chernobyl aprovecha la radiación de la misma forma que las plantas aprovechan la luz solar, de forma que convierten una forma de energía dañina en una fuente de vida, aunque el concepto no sea el mismo a nivel molecular.

¿El “hongo negro” de Chernobyl puede ayudar a viajar al espacio?

Otra particularidad conocida recientemente sobre el Cladosporium sphaerospermum es que, según se indicó en diferentes investigaciones, puede ser útil a la hora de realizar viajes especiales, teniendo en cuenta que la radiación es uno de los mayores obstáculos de la exploración espacial.

Fuera del campo magnético de la Tierra, los astronautas se exponen a altos niveles de radiación que podrían derivar en serios daños a nivel celular, produciendo enfermedades graves y hasta cáncer, por lo que un hongo de este tipo podría ser considerado útil a la hora de desarrollar nuevas formas de protección para las misiones espaciales.

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“La principal aplicación en la que se ha pensado es utilizarlos como protección contra las radiaciones que imperan en el espacio, o en una potencial colonia en Marte, ya que sería más fácil cultivarlos allí que llevar materiales pesados como los que se usan normalmente para protegerse de ellas. Se podrían nutrir de materia orgánica residual y luego, ser usados con ese fin”, explicó el micólogo fundador de Hongos de Argentina.

En la misma línea, el director del Instituto Spegazzini detalló: “En la Estación Espacial Internacional, una capa de Cladosporium sphaerospermum redujo la radiación medida en un 2,4%, lo que sugiere que podría proteger a astronautas en misiones prolongadas como por ejemplo futuras misiones a Marte”.

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El investigador también mencionó su posible aplicación en la descontaminación nuclear, donde “podrían ayudar a limpiar áreas altamente radiactivas, como Chernobyl“, dado que los métodos tradicionales son complejos y peligrosos; en biotecnología, como sensores de radiación o en sistemas de producción de energía a partir de radiación; y en tratamientos médicos, para personas expuestas a radiación, como pacientes con cáncer que realizan radioterapia.

De la misma forma, el fundador de Hongos de Argentina sostuvo que “algunas especies de hongos comestibles son capaces de absorber compuestos radiactivos, metales pesados y degradar contaminantes peligrosos” y amplió: “En los bosques del centro de Europa se detectó que los jabalíes acumulaban radioactividad al comer estos hongos, y han surgido numerosas líneas de investigación que apuntan a usarlos para remediar ambientes con distintos tipos de contaminación. Actualmente, dirijo un proyecto en el País Vasco para utilizar hongos para descontaminar las aguas portuarias“.

¿El hongo de Chernobyl es peligroso para las personas?

Al hablar sobre el hongo que captó la atención en Chernobyl, el investigador Pelliza aclaró que “son hongos comunes que se encuentran en el ambiente cotidiano”, con la diferencia de que los que se encuentran en los restos de la central nuclear “lograron adaptarse a la radiación y así poder prosperar en ese ambiente extremo”.

Son hongos que se encuentran en cualquier tipo de ambiente cotidiano, que pueden aparecer en una pared con humedad que tengamos en nuestras casas”, aseveró y agregó: “Por lo general, no son peligrosos o no causan algún tipo de daño, aunque pueden ocasionar trastornos a personas que se encuentren inmunodeprimidas o sean alérgicas”.

En la misma línea, el micólogo Kuhar, añadió: “Algunos, no todos, son patógenos para nosotros. Pueden detectarse en excrementos de aves y se alojan en conductos de ventilación y resisten hasta ciertos desinfectantes. También son difíciles de controlar para nuestro cuerpo si nuestro sistema inmune está debilitado, por lo que es importantísimo controlar su presencia en los hospitales. Por suerte, existen medicamentos muy potentes para detenerlos“.

AS.