Ceuta ha recobrado parte de la calma robada con la entrada multitudinaria de miles de marroquíes en una crisis de cifras inéditas. Por las calles del centro y cerca de la frontera de El Tarajal todavía se veían este sábado jóvenes con bolsas deambulando de un lado para otro, pero en grupos mucho menos numerosos que en las horas previas. En los días precedentes, hasta 60.000 marroquíes lograron pisar la ciudad autónoma —con el jueves como la jornada de llegadas masivas con números nunca antes registrados—, pero desde el viernes los migrantes han ido volviendo por el mismo camino. Los accesos se han frenado desde Marruecos y se han registrado algunos intentos de grupos de unos “200 o 300 jóvenes”, según fuentes consultadas. El ingreso multitudinario, que ha dejado al menos 67 víctimas mortales, tuvo en vilo a la ciudad, con el Ejército desplegado y la Guardia Civil organizando los enormes flujos humanos. La olla a presión en la que se convirtió Ceuta comienza a aliviarse, al tiempo que empieza a subir la tensión política. “No estamos en normalidad. Todavía hay varios miles de personas que deben ser retornadas”, ha subrayado el presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, en un acto con el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo.







