Caruso Lombardi en los 30 de Olé: de “el ambiente me tiene pánico” a “el fútbol de hoy es todo sanata” :: Olé

Caruso Lombardi en los 30 de Olé: de “el ambiente me tiene pánico” a “el fútbol de hoy es todo sanata” :: Olé


Lo saludan adultos y jóvenes. Los futboleros y también quienes poco se interesan por la redonda. Hay quienes lo critican y otros que se encolumnan detrás suyo en la mayoría de sus polémicas opiniones. Uno de los personajes más controversiales del fútbol argentino. Pero si hay algo que ninguno de los bandos puede negar es que quedan pocos como Ricardo Caruso Lombardi, y aún menos en una época donde reina el cassette y el tirar la pelota afuera en las declaraciones. En las canchas, en la calle o en la televisión, se roba todas las miradas. Así ocurrió durante sus once años como jugador y también a lo largo de sus más de tres décadas como director técnico. Y claro, en Olé nunca pasó desapercibido.

Caruso, en su etapa como entrenador de Arsenal.

Se describe a sí mismo como un “abonado del diario” porque “salía todos los días, por cosas buenas o malas”. Sí, fue una constante pasar las páginas y encontrarse con Caruso como figurita repetida durante los 30 años de vida de Olé. No resulta extraño entendiendo que supo salvar a nueve equipos del descenso y hasta se alzó con un título, en 2005, con Tigre, en la Primera B.

En medio de su ajetreada agenda, el exentrenador se hizo un espacio y se presentó en la redacción para rememorar sus vivencias con Olé a lo largo de su trayectoria y dejar, como siempre, algunas perlitas. Mirá.

Ricardo Caruso Lombardi con Olé

-¿Te acordás cuándo fue la primera vez que saliste en Olé?

-Mirá, si querés venir a mi casa, tengo, no te quiero exagerar, dos pilones enormes todavía, más una cantidad tremenda de recortes para empezar a buscar y ordenarlos, porque era una constante. Estaba abonado a Olé, en serio te digo. Salía todos los días: si no era por algo bueno, era por algún quilombo. Pero siempre salía, siempre. Ojo igual, eh. Me banqué todas. Las buenas y las malas. Porque el Francotirador (NdeR: la columna editorial del diario) también era bravo, me daban de lo lindo. A veces, cuando me pegaba el Francotirador, yo enseguida le contestaba. Y esa fue una costumbre mía. Después me sacaron mucho en las contratapas también, un montón de cosas muy lindas. Tengo el mejor recuerdo de todas las cosas que me han pasado, porque fueron demasiadas. No me puedo acordar de tantas cosas que me tocó pasar en el fútbol, como jugador o técnico. Pero más como técnico. Como técnico no di abasto de todas las veces que salí. Era terrible.

¿Alguna vez exageraste alguna declaración quizás para salir en el diario?

-Yo a mis equipos los agarraba en momentos muy críticos. Entonces, a los jugadores les decía: “De lo que yo digo, ustedes no me den pelota. Y no se enojen. Yo voy a decir cosas, pero nos van a venir bien porque van a salir en Olé y también lo va a levantar alguna radio fuerte”. Siempre les tiraba eso. Y capaz sacaba una bombita para aparecer y aparecía, entonces los jugadores se volvían locos. “No, pero Ricardo…”. “Ustedes tranquilos, que nos va a hacer bien. Quédense tranquilos, yo sé lo que les digo”, les tiraba. Nunca dije nada sin saber lo que decía, igual, eh. Muchos dicen que hablaron porque estaban calientes. Yo puedo estar a full todo el tiempo, pero siempre supe lo que dije.

-¿ Cómo te llevabas con las puntuaciones del diario?

-Bastante bien. Aunque eran medio ortivones a veces. Cuando decían: “Caruso, seis. Hizo mal un cambio”. ¿Y qué sabés si hice mal un cambio? Lo hice bien, si terminé ganando. Y decían: “No, pero al equipo le faltó más agresividad”. Y si yo no quería ser agresivo. Yo quería defenderme un poco más porque cada punto que yo sacaba en Primera me iba salvando un poquito más del descenso. Antes no era un descenso como ahora, que de 30 equipos se va uno. Antes descendían tres o hasta cuatro equipos. Estabas contra la pared todo el tiempo. No podías mirar los demás partidos porque sufrías como un loco. Entonces, de lo que tiene que darse cuenta la gente es de que muchas veces, cuando yo decía “si empatamos este partido nos salvamos”, era porque yo hacía la cuenta de los puntos que nos quedaban. Y yo sabía que empatando ese partido después me jugaba todas las fichas en el que venía. Y la verdad es que si me salvé casi siempre con los jugadores, es porque tan errado no estaba con lo que pensaba…

-¿Sos fundamentalista del puntito inteligente entonces?

-No tengas duda. Sí que sirve. Un día fuimos a la cancha de River con Quilmes. Yo creo que los jugadores se dieron cuenta de que había pasto pasando la mitad de la cancha recién a los ochenta y ocho minutos. El equipo nuestro estaba siempre bien armadito. River no nos pudo patear al arco, terminamos cero a cero. Y en la última jugada Cauteruccio le pegó en el palo. Yo declaré: “Si Cauteruccio hacía la última ganábamos un partido histórico”. Y la gente me puteaba cuando pasaba: “Pero si no pasaste la mitad de la cancha”. No importa, el partido duró noventa y cinco minutos. Pero en ese momento River era una máquina, era muy difícil. Ahí fue para mantener la punta. Quedamos primeros, River segundo, Central tercero, Instituto cuarto. Eran equipos muy fuertes, muy difíciles.

El Chori contra Caruso Lombardi, en River-Quilmes.El Chori contra Caruso Lombardi, en River-Quilmes.

¿Encaraste alguna vez a algún periodista de Olé por algo que dijo de vos o por algún puntaje que te hayan puesto?

-No me acuerdo específicamente cuándo, pero si escribían algo malo y aparecían después en el entrenamiento, el que cubría Racing, San Lorenzo, Newell’s, o el que le tocaba cuando estaba yo, y no me gustaba algo que había dicho, apenas lo veía le decía: “Sos un vigilante vos”. Pero no mal, eh. Siempre en tono de joda, porque siempre tuve buena onda con los pibes. Si yo les di notas siempre. Uno se tiene que acostumbrar a lo bueno y a lo malo. Para eso estás. Y me parece que así como te enojás porque te critican, también tenés que estar agradecido por todas las veces que te alabaron. Yo tengo un montón de cosas de Olé llenándome de elogios. Y te puedo asegurar que hay notas que son espectaculares. Salir en Olé era lo máximo. Y en el Ascenso ni te cuento. Hay cosas muy lindas del diario y es una pena que se hayan perdido las costumbres esas ahora por lo digital. Antes esperabas el diario todo el tiempo. Estabas enloquecido. Yo hoy en día voy a un lavadero de autos y lavo el auto una o dos veces por semana para ir a leer el Olé. Voy y me siento a leerlo, me encanta. Antes venía más gordito, ahora viene un poquito más finito. Cuando uno salía, se ponía contento. No me agarra nostalgia, pero sí alegría cuando veo todas las cosas que escribieron sobre mí.

-¿Pensás que la aparición de Olé ayudó al despegue del Ascenso?

-Mucho, mucho… Fijate que ahora que la televisión ya no lo sigue más, el Ascenso perdió vida. Ya la gente no lo mira tanto. Antes mirabas todos los partidos. Podías analizar cualquier partido de la Primera B, de la Primera Nacional. Ahora solo quedó la Copa Argentina, que por lo menos te deja ver algo de los equipos del Ascenso. Pero Olé… Nosotros, en esa época, leíamos de mitad para atrás. Del principio a la mitad era Primera. Y después yo me leía todo de mitad para atrás. Ni dirigiendo en Primera dejé de leer el Ascenso. Siempre le dio mucha importancia, muchas notas a gente del ambiente. Yo siempre me iba a ver las formaciones, quién dirigía y quién jugaba, porque me servía. Yo pescaba a muchos jugadores del Ascenso. Me aburrí de traer jugadores de la Primera B, de la C o del Federal.

¿Creés que faltan personajes como vos hoy en día en el Ascenso?

-No hay, no hay. Fijate que la mayoría de la gente del Ascenso no es conocida. Yo era conocido por algún que otro quilombo, sí, pero también porque las campañas eran muy buenas. En All Boys lo agarré con cero puntos y en diez partidos le saqué 30 puntos. ¿Entendés? Y te puedo nombrar también Estudiantes, Italiano… En Estudiantes estuve al borde de Primera, con un montón de jugadores que traje de otros equipos, del Ascenso, ¿no? Por eso el hincha del Porve, o el hincha de Italiano, de Defensores de Belgrano, de cualquier equipo, cuando te ven te abrazan, te dan un beso, porque les quedó eso. A veces me pongo a pensar y digo: “Qué rápido me pasó todo”. Porque después tuve un lapso de 12 años en Primera. Pero fijate: yo dirigiendo a Arsenal, vengo de Quilmes a Arsenal en Primera y después me fui a Tristán Suárez, en la B. Y no ascendí por un gol. O sea que tengo un millón de historias para contarte. No alcanza, habría que hacer 200 programas conmigo para que te cuente todo.

-¿Ser tan mediático y salir tanto en el diario hizo que el futbolero no te considere como un buen técnico?

-Me parece que a muchos no les gusta la exposición que tengo yo. Entonces les molesta. Les encantaría que los reconozcan acá, que la gente les rompa las bolas, que les saque una foto, que les pida un video… Y yo entro a una cancha y me mira todo el mundo. Ya me conocían desde antes, pero ahora, estando siempre en la tele los fines de semana, tenés un plus. Además, honestamente, no veo tantos técnicos que dirijan de la manera que dirigía yo o como yo manejaba el partido. Yo veo muchas cosas en Primera que no tienen recaudos. Por ejemplo, la víbora atrás de una barrera, tirado en el piso. ¿Para qué lo ponen? ¿Para mirar el gol si te la meten en un ángulo? ¿Qué ganás? Si vos saltás un poquito con los pies para abajo, no pasa la pelota. Si vos tenés tipos que tienen miedo, que se dan vuelta, seguro que va a pasar por abajo. Pero a ese jugador usalo atrás de la barrera, que el rebote lo gana él. Son todas cosas que a mí no me cierran. No me cierra cómo hacen las barreras, no me cierra cómo marcan en zona cuando vos sabés que tiene grandes cabeceadores el equipo rival. No los entiendo. Y después, apenas les hacen un gol, veo que los técnicos y los ayudantes de campo lo primero que hacen es ir corriendo a ver la pizarra. ¿Para qué quiero la pizarra después del gol? Yo iba a la cancha y ya veía quién iba a cabecear. Yo lo que quería era no ver un gol del rival después. Porque yo estaba atento a todo y me gustaba que mi equipo estuviera atento a todo. Por eso les costaba mucho a los rivales hacerme goles de pelota parada, ¿o no?

-¿El fútbol actual está sobreanalizado?

-Todo sanata, todo sanata. Yo cuando veo 12 personas en un cuerpo técnico me cago de risa. Nosotros éramos tres o cuatro: mi ayudante, el profe, el entrenador de arqueros y yo. E hicimos campañas enormes. Ahora tenés 12, 14. ¿Tanto necesitás darle plata a todo el mundo? Esto es como el árbitro, el VAR, el AVAR, el cuarto, el línea, el quinto, el noveno, el décimo… Todos los días aparece uno nuevo. Tenés ocho referís y para cobrar un penal tardan 14 días. O depende para quién tienen que cobrar. Y después, cuatro cámaras dentro del banco suplente. Me parece una estupidez. Yo no quiero ver eso. Quiero que mi jugador sepa todo antes del partido. Después ya perdí. ¿Para qué quiero corregir después? Después estoy buscando laburo. Entonces me parece que hay mucho de esa zaraza.

-¿El fútbol de antes era mejor que el de ahora?

-No sé si mejor, eso no. Era igual. Tenía los mismos recaudos. Siempre fue difícil jugar. La B era complicadísima. El Nacional B también. Ahora sigue siendo peor porque tenés que viajar para todos lados, pero además bajó mucho el nivel de los jugadores porque hay demasiados equipos. Entonces los partidos no se hacen tan buenos. Ves uno bueno y después hay partidos inmirables. Y la calidad bajó en todo. Fijate el arbitraje. Se van tres o cuatro internacionales que fueron espantosos y aparecen otros peores. No sé cuál es el parámetro para llegar a árbitro. No saben apreciar una mano intencional, un foul, cuándo una mano ocupa lugar o no. Muchos ahora especulan con que el VAR los salve y no cobrar ellos.

¿Te tiene miedo el ambiente del fútbol?

-Pánico. Tienen miedo de entrar en mi boca, me tienen un cagazo bárbaro. Porque digo la verdad. No me caso con nadie, no soy mamadera de nadie y no me interesa. A esta altura de mi vida, menos todavía. Yo no tengo bronca con ningún equipo, con ningún técnico ni con ningún jugador. Pero analizo lo que hacen mal. Si hacés todo mal, ¿qué querés que diga? “¿Qué bien que lo hacés?” No. Yo digo lo que me parece. No necesito nada de nadie. Nunca necesité nada ni de técnico, ni de jugador, ni de periodista. Jamás. Y mirá que me han propuesto cosas, cosas picantes, y nunca le di pelota a nadie. Yo camino tranquilo por la calle, voy a comer a cualquier lado, me saluda todo el mundo. Nunca tuve que esconderme. Nunca cagué a nadie, nunca comprometí a nadie. Entonces, cuando uno vive así, habla como habla. Por eso a veces se sorprenden con cosas que digo en televisión. Pero es verdad. Yo no estoy acostumbrado a mentir porque no me interesa.

¿Y sentís que te pegan de más?

-Algunos me pegan para salir en los diarios, otros porque saben que yo les contesto. Pero la mayoría de los que me pegan son bastante pobres de cabeza. Gente que necesita hacer un poquito de bardo para que los nombren. Y yo no me puedo poner a la altura de los poquitos con los que discutí, sea en cámara, por Instagram, por radio o por un diario. No le doy tanta importancia porque me parece gente que necesita aparecer por algún lado y busca problemas sin sentido.

En estos 30 años de Olé, ¿qué tapa te quedó más marcada?

-¿Más marcada? No… Bueno, tengo varias, las tendría que buscar en casa, pero hay muchas que me gustaron. Porque imaginate, en Primera, de diez descensos me salvé de nueve. Y siempre salí en tapas como la de Sarmiento como Manosanta, o en Newell’s, en Racing, en Tigre, en Argentinos dos veces, en San Lorenzo… Son todos equipos fuertes. Y en esos años salí en muchísimas tapas. Por eso no tengo una en particular porque yo miraba todo. Para mí era lo mismo estar en el medio, estar al costado o estar en la tapa. Yo consumía el diario entero, salvo la última parte, que ponían un poquito de automovilismo o boxeo para romper un poco las bolas. Después te comías todo el diario. Así que para mí lo importante era salir.

-Y si te tuvieras que quedar con un momento puntual de tu carrera…

-Me parece que el bicampeonato con Tigre, porque salimos campeones invictos, porque sacamos 93 puntos de 120. El único equipo que sacó 95 puntos fue el Chelsea de Mourinho, creo, y después fuimos nosotros con 93. Y acá, en el fútbol argentino, no hubo ningún equipo que haya sacado esa cantidad de puntos y haya salido campeón y bicampeón invicto. La verdad que fue extraordinario ese equipo. Era una cosa hermosa verlo en las prácticas, en los partidos… una cosa divina. Y después hubo otros equipos muy buenos también, pero ese Tigre me quedó en la cabeza por ese motivo. Lo que jugaba era una locura. Me quedó en el corazón.