Han pasado casi siete meses y Bruna Ferreira todavía no entiende por qué fue arrestada. Tampoco por qué la Administración de Donald Trump la tildó de “extranjera ilegal criminal” tras su detención. De lo que sí tiene certeza es de que ha vivido una auténtica “pesadilla” desde entonces. Da gracias a Dios una y otra vez porque solo pasó 26 días en un centro de detención antes de ser liberada en vez de deportada, como han sido tantos miles de migrantes atrapados por la maquinaria de expulsiones masivas del presidente de Estados Unidos. Pero su liberación no puso fin a su calvario. Retomar su vida ha resultado difícil debido a la gran repercusión mediática que tuvo su caso. Al fin y al cabo, está emparentada con la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt. Fue pareja de su hermano y es la madre de su hijo.










