Folarin Balogun fue, sin dudas, el nombre de la jornada antes de que empezara a rodar la pelota. El delantero estadounidense llegó a los octavos de final del Mundial 2026 envuelto en una controversia inédita: la FIFA le anuló la tarjeta roja que había recibido en la fase anterior y quedó habilitado para enfrentar a Bélgica, una decisión que se conoció pocas horas después de que Donald Trump revelara que había hablado con Gianni Infantino para pedir que el atacante pudiera jugar.
La resolución generó un fuerte revuelo en el ambiente futbolero. Mientras desde Estados Unidos celebraban la posibilidad de contar con uno de sus delanteros titulares, en distintos sectores se cuestionó el cambio de criterio del máximo organismo del fútbol mundial y el contexto político que rodeó la decisión.
Con semejante antecedente, todas las miradas apuntaban a Balogun. La gran incógnita era si el delantero del Mónaco lograría justificar dentro de la cancha la determinación que lo benefició. Sin embargo, la respuesta fue contundente. Estados Unidos perdió 4-1 frente a Bélgica y el atacante estuvo lejos de convertirse en el jugador determinante que imaginaba Mauricio Pochettino.
La figura del encuentro fue Charles De Ketelaere. El futbolista belga abrió el marcador y luego volvió a aparecer para anotar el 2-1 apenas dos minutos después del empate estadounidense, un golpe que terminó de inclinar el desarrollo del partido a favor del conjunto dirigido por Rudi García.
Balogun, en cambio, tuvo escasa participación. Bien controlado por la defensa belga, casi no logró imponerse en los duelos individuales ni generar situaciones de peligro. Su única intervención realmente trascendente llegó en la acción que derivó en el empate parcial de Estados Unidos.
El delantero recibió de espaldas dentro del campo rival, sintió la presión de Nicolas Raskin y cayó al piso. El árbitro jordano Adham Makhadmeh interpretó que existió infracción y sancionó el tiro libre, una decisión que volvió a alimentar la polémica, ya que las repeticiones mostraron un contacto mínimo y discutible.
De esa pelota parada nació el 1-1. Malik Tillman sacó un potente remate desde afuera del área que se desvió en Hans Vanaken y dejó sin posibilidades a Thibaut Courtois. La igualdad, sin embargo, apenas duró un par de minutos. De Ketelaere volvió a aparecer para recuperar la ventaja y devolverle la tranquilidad a Bélgica.
En el complemento llegó el golpe definitivo. Un grave error de Matt Freese en la salida dejó la pelota servida para Vanaken, que marcó el 3-1 con un remate de primera desde larga distancia. Ya en el cierre del encuentro, Romelu Lukaku aprovechó los espacios que dejó Estados Unidos en su desesperación por descontar y selló el 4-1 definitivo.
Así, Bélgica avanzó con autoridad a los cuartos de final y apagó la ilusión del equipo de Pochettino. Balogun, el futbolista que monopolizó la discusión durante toda la previa por una decisión sin antecedentes recientes de la FIFA, terminó despidiéndose del Mundial con una actuación opaca, sin goles y sin poder transformar la controversia en protagonismo dentro del campo de juego.







