A tres horas de Asunción del Paraguay se encuentra el pequeño pueblo rural de Pikyry, en el departamento Alto Paraná. El ruido de las grandes urbes es lejano y la paz de la vegetación es el protagonista del día y la noche. No obstante, como en toda comunidad, ya sea grande o remota, el sueño de crecer y salir a la vida con la mayor preparación posible brota en cualquiera de sus habitantes.
Así fue el caso de Carolina Caballero (M.P. 25.602). Con 18 años, tras finalizar el colegio, tuvo la convicción de dejar Pikyry y forjar su destino como estudiante y posteriormente como profesional en la capital de Argentina.
“Siempre pensé en venir a Buenos Aires porque mucha gente que viene tiene muchas oportunidades”, asegura.
Aquella convicción que la impulsó a dejar su pueblo nació precisamente en su lugar de origen. En ese ambiente rural donde creció, la atención médica o de otro tipo de cuidados, como el bucal, muchas veces es escasa y difícil de acceder.
“En esa época en mi pueblo no había educación bucal. La gente acudía a un lugar donde el dentista no era dentista, te arrancaban un diente, te hacían doler. Era todo muy precario”. Esa problemática le hizo despertar el deseo por estudiar odontología.
Con ese objetivo se instaló en Quilmes. “Tenía familia. Vine a la casa de mi tía. Después trabajé de lo que fuera, de todo. Y después empecé a estudiar”, recuerda y agrega que aquel primer tiempo en suelo argentino “fue difícil siendo extranjera y del campo”.
Dentro de ese trabajar “de todo” fue empleada doméstica con cama adentro en el centro porteño, estuvo al cuidado de una señora mayor hasta que falleció, pasó por otra casa de familia hasta finalmente ingresar a un laboratorio.
Pasado el tiempo, se recibió de odontóloga en la UAI, instaló su propio consultorio en Quilmes y posteriormente un centro odontológico y de estética llamado Smiles del Sur en Dock Sud (Nicolás Avellaneda 1139), provincia de Buenos Aires.
Luego del último Mundial de fútbol, la imagen de Argentina quedó bajo análisis por algunas cuestiones vinculadas a la xenofobia. Respecto a este tema, Caballero confiesa que “personalmente sufrí mucho lo que es el racismo, porque como soy de otro país, siempre hay eso que las paraguayas son esto, que los paraguayos son lo otro. Por ejemplo, las paraguayas son empleadas domésticas y para otras cosas más, nada más, solamente sirven para eso. Y a veces a uno le duele. Eso lo sentí, lo escuché y lo viví mucho”.
Con el paso del tiempo, y gracias a sus logros personales, ya no siente esa incomodidad. “Ahora estoy en otra posición, ya puedo decir: ‘no, mirá, tengo un título’. Igual, no me arrepiento de nada, pero sí lo sentí”.
Pareciera que la vida es una prueba permanente para las personas para saber si realmente pueden superar las barreras de la coyuntura. No obstante, así como surgen momentos poco simpáticos, también asoma el sol del otro lado de la frontera. En ese sentido, para la odontóloga paraguaya, Argentina representó un abanico de posibilidades para formarse y crecer.
“Sentí muy dentro mío que Argentina daba muchas más oportunidades. Soy una persona muy agradecida y Argentina es mi segundo país, mis hijos nacieron acá. Nadie te regala nada, pero Argentina me dio mucho. Yo también sentí que acá podía crecer, estudiar, podía hacer lo que yo quería, la odontología”.









