“Aprendé a escribir como Stephen King y después hablá”

“Aprendé a escribir como Stephen King y después hablá”


Gustavo Malajovich acaba de publicar El hombre de niebla (Plaza & Janés), la continuación de su exitosa novela El jardín de bronce, y, con este nuevo título, confirma su lugar como uno de los narradores más sólidos del policial argentino. La historia de Fabián Danubio, un padre enfrentado a la desaparición de su hija en Buenos Aires, se expande ahora en esta segunda entrega, que vuelve a sumergir al lector en un universo de misterio y tensión.

“Yo me hacía el canchero cuando salió el libro anterior, que tenía 500 páginas, porque mis lectores decían que lo habían terminado en dos días. Ahora, con El hombre de niebla, que tiene 600, me dicen que lo leyeron en tres”, dice Malajovich, contento con semejante repercusión.

Arquitecto de formación, se volcó a la escritura a comienzos de los 2000 y pronto se convirtió en parte del equipo de guionistas de la multipremiada serie Los Simuladores, junto a Damián Szifron, Diego Peretti y Patricio Vega.

Desde entonces, su nombre aparece ligado a producciones televisivas y cinematográficas que marcaron época, como la serie Todos contra Juan, con Gastón Pauls como protagonista, y, en 2012, debutó en la literatura con la novela policial El jardín de bronce, adaptada luego a la pantalla chica, con tres exitosas temporadas en la plataforma HBO, con Joaquín Furriel como protagonista.

Reconocido con el Premio Konex en Guión de Televisión y dedicado también a la docencia, Malajovich combina la creación audiovisual con la narrativa literaria, explorando siempre las tensiones entre realidad y ficción.

Mientras el autor conversa con Clarín en un café del barrio porteño de Palermo, un estudiante de cine, admirador de su obra y de la de Szifron, se acerca a saludar. Malajovich sonríe y agradece.

–En El Hombre de niebla se observa un respeto por la estructura del policial clásico. ¿Cómo creás esa tensión necesaria dentro de la trama?

–Para mí es una mezcla de las dos vertientes tradicionales: la del enigma del policial inglés, por ejemplo, Sherlock Holmes, y la del noir estadounidense, porque ya es imposible escribir sin tener esas dos esas dos influencias. Por un lado, hay un enigma que se tiene que resolver, quizás de una manera intelectual o lógica, y, por el otro lado, hay un investigador que tiene sus problemas personales y hay una sordidez que no estaba en el policial de enigma más ingenuo, como en el de Agatha Christie.

–Vas dosificando la información, construyendo el mundo ordinario de los protagonistas y, en el último párrafo del capítulo, tirás la bomba…

–Es que ese es el entrenamiento de guión, o sea, el guión te pide que no bajes la tensión de un relato para interesar al espectador, ya sea en una serie o una película. A mí me gusta mucho la transparencia del género. Lo fantástico, lo policial, el melodrama, me gusta eso y siempre, cuando doy clases, hablo de eso, de que un guión es como una tienda de campaña con puntales, en la que no tiene que quedar flojo ninguno.

–Que no quede ningún cabo suelto.

–Sí, es como cuando Chéjov decía: “Si vos mostrás un arma en una escena al principio de un cuento, es porque esa arma va a tener una significación más adelante”. El jardín de bronce arranca con un relato en primera persona diciendo: “Hoy pasó algo horrible, tuve que matar a papá”. Yo estoy muy a favor de esos escritores que hacen un oficio de la escritura, sea o no un bestseller. Simenon (Georges, escritor belga) siempre fue más para el mainstream literario, más allá de sus novelas policiales de Maigret (Jules Maigret, el protagonista de sus novelas, que es un detective), pero que sabía el oficio de enganchar.

Como John Katzenbach, sobre todo en El club de los psicópatas…

–Exacto. John Katzenbach, Michael Crichton, Ira Levin también lo saben. Yo no voy con la división de Harold Bloom del canon, ¿viste? En donde a Stephen King lo metió en la hamburguesa. Dale, aprendé a escribir como Stephen King y después hablá. Entonces, esa gente que vive de su trabajo, mejor o peor, esos artesanos son los que a mí me gustan. Ahora, yo te puedo leer a Truman Capote, que también construye de una manera increíble, o a John Cheever o a otro tipo de escritores que no necesariamente se asocian con un género determinado, y los admiro también.

–¿Construís a un lector imaginario para el cual escribís?

–El lector es uno, como modelo. Pienso en qué haría yo como lector. Digo, imagino que llego a una librería, veo esta novela y veo si me interesa y, cuando la leo, la analizo. Entonces, ese primer lector soy yo. Obviamente, que cuanta más gente la lee, más me gusta, digo, en ese sentido quiero ser universal, que todo el mundo lea esto y que disfrute leyéndolo. Pero el primer parámetro es uno mismo.

–¿Por qué El hombre de niebla se desarrolla en 2009?

–Porque la primera novela termina a finales de 2008. Entonces yo quise conservar esa continuidad cronológica y, unos meses después de que terminó todo ese primer caso, tuve que arrancar en el verano del 2009. En realidad, la primera temporada de la serie es el libro El jardín de Bronce. O sea, ese caso abre y cierra en esos ocho capítulos de la primera temporada. La segunda temporada es otro caso. Y la tercera temporada es otro caso.

–Y ahora Fabián Danubio recibe a Ian, el niño de once años que busca a su padre. ¿Por qué acepta el caso si ya encontró a Moira?

–Eso tiene que ver con un perfil psicológico que voy desarrollando en él. Hay una carencia, una ausencia en la vida de él, más allá de haber encontrado a su hija, que tiene que ver con la mujer de él, que falleció. Bueno, hay un montón de cosas pendientes en él que, de alguna manera, lo impulsan a seguir en una búsqueda de lo que está ausente. Entonces, cuando hay alguien ausente como el padre de Ian, él al principio como que no quiere, pero termina obsesionándose con esa otra ausencia. De hecho, hay una escena con una terapeuta en la que ella le hace ver esto. Como que hay una cosa no resuelta.

El escritor Gustavo Malajovich. Foto: Ariel Grinberg.

–Después de ver a Joaquín Furriel como Danubio, ¿el personaje cambió para vos?

–Fabián Danubio tiene un physique du rôle en la novela que no es el de Furriel. Pero el casting me gustó, Furriel lo hizo bárbaro, entonces lo aprobé. Ahora, para la segunda novela, lo que me pasa es que inevitablemente me viene Furriel a la cabeza. O Maité Lanata como Moira. Pero yo siempre sostengo que hay un terreno de la literatura y otro del audiovisual, digamos. Así que me parece que, cuando yo hablo de “la adaptación infiel”, me refiero a que entiendo que la comparación entre el libro y la producción audiovisual no se puede evitar, pero hay un mundo en un lado y un mundo en el otro.

–¿Cuál es la materia prima que usas para construir a tus personajes?

–Es una mezcla de investigación con imaginación. Tiene que haber investigación de determinados mundos, cuando uno quiere hablar de esos mundos y que tengan una plausibilidad. Pero para mí lo que también es muy importante es que sea plausible para la lógica interna de ese relato. Lo que uno tiene que sostener es que el personaje, por ejemplo, un policía o un detective, sea verosímil, plausible y convincente en esta ficción, en este mundo que te propongo. Igual, una investigación sobre los procedimientos criminológicos y forenses y lo que significa el trabajo de un fiscal en relación con la policía se tiene que hacer para que haya una mínima credibilidad, pero le doy mucho valor a que haya una imaginación concentrada que justifique la lógica del relato.

–En la trama hay personajes que buscan relacionarse solo sexualmente, ¿eso es lo que los une, lo que tienen en común?

–Hay una falencia ahí, digamos, que nuclea a toda esa gente que se junta en ese sitio, haciendo esos lounges espirituales o esas reuniones orgiásticas. Hay un tema de rotura, digamos. Entonces, hay toda una legión de personajes: hombres, mujeres y personas no binarias, también, que tienen esa característica. Lo sexual es una excusa, yo no pongo lo sexual porque sí, o porque nos vamos a poner sexuales para que se enganche la gente, “Uy, mirá, lo sexual, las escenas”, sino porque eso esconde cierta oscuridad.

Gustavo Malajovich básico

  • Comenzó estudiando arquitectura y ejerciendo esa profesión, pero en 2002 su vida dio un giro: fue convocado por Damián Szifron para colaborar en los guiones de Los Simuladores, éxito y a la vez hito absoluto de la ficción televisiva argentina, ciclo multipremiado y exportado a varios países.
El escritor Gustavo Malajovich. Foto: Ariel Grinberg.
  • Ya volcado definitivamente a la tarea de guionista, trabajó en ficciones para televisión como Todos contra Juan y en largometrajes como Encarnación, para la directora Anahí Berneri, y Muerte en Buenos Aires, para Natalia Meta.
  • En la actualidad, sigue escribiendo guiones, tarea que combina con su labor como docente en la carrera de Guion de la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (ENERC).
  • El jardín de bronce, su primera novela, fue el inicio de una saga policial protagonizada por Fabián Danubio. En 2017, fue adaptada a una serie original de HBO, con tres temporadas. El hombre de niebla continúa la saga.

El hombre de niebla, de Gustavo Malajovich (Plaza & Janés)