La pandemia de Covid significó un máster acelerado en alejamiento extremo de cualquier atisbo de contacto con algo que se pareciera a un patógeno. ¿Cómo afectó ese paréntesis histórico sanitario al sistema inmunológico de las personas y, particularmente, de los niños? Ya de vuelta en el presente, ¿la inercia de ese modelo de distanciamiento pandémico ha derivado acaso en una aspiración de asepsia crónica? Según los expertos, una manifestación del diagnóstico es la creciente proliferación de enfermedades alérgicas y autoinmunes. Clarín entrevistó a Claudio Parisi, ex presidente de la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica y miembro de la Sociedad Argentina de Pediatría, que da cuenta de este hábito nocivo y ofrece pautas para revertirlo.
-¿La pandemia forjó un modelo de cuidado doméstico que persiste en el tiempo? ¿Hoy tratamos de vivir más alejados de la posibilidad de contagio de determinados virus y bacterias?
-Yo diría que no fue sólo la pandemia. La pandemia fue la expresión máxima de lo que estamos haciendo como seres humanos desde hace años. Lo que se desarrolló originalmente fue la llamada hipótesis o “teoría de la higiene”, por la que se decía que si no había una exposición a los virus y bacterias desde el nacimiento, nuestro sistema inmunológico no aprendía bien y respondía mal. Recuerdo que había un artículo en una de las revistas importantes de medicina que decía: “Por favor, tosa sobre mi hijo”, pensando que las infecciones virales que son tan frecuentes en los chicos pequeños producían que el sistema inmunológico empezara a actuar defendiéndose de una manera equilibrada.
-¿Y qué pasó con esa teoría?
-Después fue cambiando. Y se cambió por la teoría de los “buenos amigos”, que tiene que ver con la microbiota y con los microorganismos que viven con nosotros y que tienen efectos claramente beneficiosos en la salud. En la pandemia todo esto se exacerbó por el miedo, porque no teníamos idea de lo que iba a pasar con este virus. Entonces todo ese fenómeno de empeoramiento de la respuesta del sistema inmunológico pudo haberse incrementado de manera notable y posiblemente ahora estemos viendo los efectos. No hay estudios muy puntuales que demuestren esto, pero evitar el contacto con las bacterias no termina siendo bueno para nuestro organismo.
-¿Cómo repercute eso en el desarrollo de las alergias?
-Tiene que ver fundamentalmente con lo que decimos que es la microbiota o estos microorganismos. Tienen un rol muy importante sobre todo en los primeros años de vida. Y el concepto de los 1.000 días -involucran el embarazo y los primeros dos años después del nacimiento-, el momento en el que estos microorganismos educan al sistema inmunológico para que tolere lo que hay que tolerar y rechace lo que hay que rechazar. Desde ese punto tenemos que pensar el impacto que tuvo la pandemia y el aislamiento en los niños, en los recién nacidos. Porque en los demás, si bien puede haber algún efecto, ya el sistema inmunológico estaba desarrollado. Todas las nuevas generaciones pudieron verse impactadas por falta de estímulos beneficiosos. Hubo más nacimientos por cesárea y menos cuadros infecciosos porque predominaba el Covid.
-¿Qué sucede con esos metabolismos que fueron “educados” de manera diferente?
-Cuando el sistema inmunológico no fue bien educado en esos primeros dos años de vida empieza a responder inadecuadamente a los estímulos externos. Ataca las cosas que no nos hacen mal con mecanismos típicos de la alergia, es decir: los pólenes, las proteínas de los ácaros, epitelios de animales, hongos; y se genera una respuesta que determina un proceso inflamatorio. Por ejemplo, la rinitis alérgica es un proceso de inflamación de la nariz, pero hay alergia a alimentos, alergia a picaduras de insecto, asma… Todo ese grupo de enfermedades aumentó notablemente. Y también aumentaron las enfermedades autoinmunes, aquellas en las que el sistema inmunológico ataca al propio organismo. Un ejemplo es la diabetes.
-¿Esa falta de tolerancia se puede modificar o una vez que apareció la alergia es irreversible?
-Hoy en día no hay muchas chances de modificarlo una vez que se establece esta alteración del sistema inmunológico. Tenemos parches, tratar de inmunomodular. Con algunos tratamientos se puede lograr alguna mejoría de esta respuesta, pero transitoria. No tenemos forma de curar una vez que se gatillan estas enfermedades que terminan teniendo una base genética y ambiental. Esto que sucede con la microbiota hace que algunos genes se activen. Una vez que esos genes se activan no los podemos apagar. Por eso es muy importante actuar preventivamente en el período de tiempo que es esa ventana de oportunidades desde el nacimiento.
-¿Si esa ventana se aprovecha se puede evitar una deriva alérgica, lo que denominan la “marcha atópica”?
-Es posible, pero se pone en juego el tiempo en el que uno puede actuar. Hay que actuar tempranamente. El concepto de “marcha atópica” consiste en que puedo tener una enfermedad alérgica que con el tiempo se cura pero luego desarrollo otra, en forma ordenada y muy bien establecida: dermatitis atópica, asma, alergia alimentaria. Van apareciendo a medida que transcurre la vida. Y una teoría es que la piel con dermatitis atópica es más permeable, deja entrar más elementos del medio ambiente, dentro de los cuales están las proteínas que nos pueden dar alergia. Entonces uno puede hacerse alérgico a través de la piel. Si reparo la barrera cutánea, de manera que no sea tan permeable, puedo evitar el desarrollo de otras enfermedades alérgicas. Pero muy tempranamente. Algunos estudios demostraron ya que esa marcha alérgica se va limitando o es menos probable que suceda. Falta información para decirlo con un alto grado de certeza, pero teóricamente podría pasar.
-¿La piel seca genera entonces un terreno fértil para que ingresen alérgenos?
-Claro, la piel está formada por células muy pegadas una a la otra, y tiene cierto intercambio con el medio externo, pero muy limitado y controlado. Cuando hay una dermatitis atópica, genéticamente hay un problema de unión entre las células (para decirlo muy simple), lo que hace que la humedad de la piel se pierda y la piel se seque. A su vez, eso deja entrar cosas y hace que las células reconozcan ese elemento extraño que entró y lo ataquen, lo que produce una respuesta inmunológica inflamatoria. Esa respuesta puede generar anticuerpos de la alergia que se distribuyen en el resto del cuerpo, generando luego otras alergias.
-¿El gatillo de las alergias siempre se da a través de la piel?
-A veces la alergia no empieza con una dermatitis atópica, sino con una alergia alimentaria. Entonces una propuesta es la llamada hipótesis de exposición dual: si los chicos comen tempranamente, a partir de los 4 a los 6 meses, tienen menos riesgo de tener alergia alimentaria que si comen más tardíamente. Antes en pediatría decíamos: los chicos tienen que comer huevo, pescados, maní, todo después del año. O sea, pateábamos estos alimentos porque teníamos miedo de que se desarrollara una alergia. Hoy se sabe que cuanto antes los coman, tendrán menor riesgo. Y esto se basa en que si la exposición inicial al alimento es a través de la piel, se producen alergias; pero si la exposición inicial es a través del aparato digestivo, se desarrolla tolerancia.
-Un concepto que cambió rotundamente entonces en los últimos años.
-Lo que se dice ahora es: no evitemos alimentos. La Sociedad Argentina de Pediatría recomienda: empecemos a darle de comer semi sólidos a los chicos, mantengamos la lactancia materna todo lo que podamos, pero a partir de los 6 meses no retrasemos los alimentos, porque si los retrasamos aumenta el riesgo de las alergias.
-¿Cuál sería entonces, para pasar en limpio, un hábito clave que sube el riesgo de desarrollar alergias?
-No tener contacto con la naturaleza… O sea, últimamente vivimos encerrados, bajo techo. Mucha pantalla, muchos celulares, poco contacto con el paso, con animales. Y junto con eso la alimentación y tener contacto con la luz solar. Se vio que aquellos chicos que están en un ambiente de granja con contacto frecuente con animales y más exposición al sol -cuidada, porque eso puede tener algunos riesgos-, generan una mejor respuesta inmunológica. Estamos haciendo muchas cosas mal: comemos cosas que no son naturales, pocas frutas, pocas verduras, todos tenemos déficit de vitamina D. Un combo que termina generando que se produzcan alergias. Somos parte de la naturaleza y vivimos de manera artificial.








