Tocó despedir a Adolfo Aristarain, poco después de que también partiera Luis Puenzo. Ambos forman parte del selecto grupo de directores más importantes del cine argentino. Siempre es triste marcar el final de una trayectoria, pero es hermoso repasar las filmografías. “El cine es un oficio despiadadamente traidor para quien lo ejerce. Aunque uno intente esconder lo que uno es, tarde o temprano el director desnuda su alma sin quererlo en primer plano. El cine que uno hace es lo que uno es”, dijo al recibir su último gran reconocimiento, la Medalla de Oro de la Academia de Cine Español.
Adolfo Aristarain nació en 1943 en el barrio porteño de Parque Chas. Pasó por los diferentes roles de la creación de películas: fue sonidista, montador, ayudante de producción y de dirección. La dictadura argentina lo obligó al exilio en España, donde creó sus primeras obras significativas. Cuando volvió a Buenos Aires lo hizo transformado: con una mirada más crítica, más política y más profundamente humana.
La trayectoria artística de Luis Brandoni, ícono de la actuación nacional
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Debutó como director en 1978 con La parte del león, primera de una serie de películas que tendrían el suspenso, la trama policial y una mirada crítica sobre la realidad como marca personal.
La obra: una filmografía esencial
Tiempo de revancha (1981) fue filmada en plena dictadura militar argentina. Con ella Aristarain demostró que era posible hacer cine político sin panfleto, usando el thriller como trinchera. Últimos días de la víctima (1982) profundizó esa veta. Pero fue en los noventa cuando su obra alcanzó su mayor proyección internacional.
Un lugar en el mundo (1992) y Martín (Hache) (1997) se convirtieron en clásicos del cine iberoamericano. En el Festival Internacional de San Sebastián, obtuvo los galardones a mejor película y mejor guion por Un lugar en el mundo. El film llegó a estar nominado al Oscar como mejor película extranjera, pero fue descalificada por la Academia por considerarla una producción española y no argentina, esa dualidad revelaba que el director pertenecía a los dos lados del Atlántico.
Lugares comunes (2002) y Roma (2004) cerraron su filmografía con el mismo rigor narrativo y emocional que la había inaugurado. Devoto de John Ford y Alfred Hitchcock, Aristarain contó historias evocadoras y sensibles a través de las caras de Federico Luppi, José Sacristán, Mercedes Sampietro, Eusebio Poncela, Aitana Sánchez-Gijón, Cecilia Roth, Juan Diego Botto y Susú Pecoraro.
Fue el primer director argentino en recibir la Medalla de Oro de la Academia de Cine española, distinción otorgada en 2024, que la institución justificó por su contribución decisiva al cine argentino y su marcado aporte a la cinematografía en español.
Aristarain pertenecía a una generación que entendía el cine como una forma de ética: no se filmaba para entretener, se filmaba para decir algo verdadero sobre el mundo.
RB/ff








