a los 8 años vivía en la calle y dormía en una plaza de Retiro

a los 8 años vivía en la calle y dormía en una plaza de Retiro


La historia de Ángel Guillermo Hoyos, el nuevo entrenador de Inter Miami, es dura y de resiliencia. El propio protagonista la contó en Clarín tiempo atrás. El camino del nacido en Villa María, Córdoba, hace 62 años, siempre estuvo ligado a Lionel Andrés Messi. Es más: se sumó al elenco de la MLS en 2023 por pedido de la Pulga. También Hoyos supo ser amigo de Diego Armando Maradona y tiene un privilegio inigualable: es la única persona que asistió a las bodas de Diego (en el Luna Park) y de Leo (en un casino en Rosario).

“El casamiento de Diego fue una cosa descomunal, había gente por todos lados, personas que jamás pensé ver en mi vida. Estuve en la mesa con Carlos Ischia y otras personas que no recuerdo. Con Diego tengo un cariño muy grande desde el Mundial Juvenil de 1979 en Japón, donde me tocó acompañar a la delegación pero no integrar la lista oficial”, decía a principios de 2022, cuando dirigía a Aldosivi de Mar del Plata.

“A Leo lo conocí en Barcelona ​en 2003 y desde entonces me une una relación en silencio y de mucho afecto. Me emociono cada vez que hablo de él. Además de un fuera de serie como jugador, es un chico maravilloso. Es un placer coincidir con gente de esa magnitud, una bendición. La vida te va poniendo en el camino y uno solo tiene que transitarlo. Tengo guardados los dos trajes que usé en esas fiestas en mi casa de España”, confesó.

Hoyos, ya retirado como futbolista, emigró a España en 1999 por recomendación de un amigo y lo primero que hizo fue ir a ver un entrenamiento de Barcelona. Estaba Louis van Gaal como DT. Pidió pasar mostrando su carnet de flamante entrenador y no lo dejaron. Fue entonces que se subió a un árbol y filmó lo que pudo: su deseo era aprender. Cuatro años después entraría por la misma puerta ya como técnico del Barça.

“A Barcelona me lleva Josep Colomer, que era el Director de fútbol base cuando asumen Joan Laporta y Sandro Rosell. Pero antes de llegar trabajé en distintos lugares. De ahí me hicieron el seguimiento. Llegué a entrenar a 7 equipos al mismo tiempo. Anduve más de 500.000 kilómetros arriba de un Ford Escort. Le hice dos veces el motor. Lo llamo el Sentimiento y está estacionado en mi casa de España: ese se va a la tumba conmigo. ‘Con cuatro cañas hiciste un buen trabajo, ahora te voy a dar una Ferrari’, me dijo Colomer. Era la categoría 1987 de Lionel Messi”, contó.

Es en este punto donde los senderos de Messi y de Hoyos se unen para siempre. “El día que conocí a Leo me di cuenta de que era distinto. Todos se daban cuenta en realidad. Para mí es el mejor de la historia. Hicimos un reducido y tenía una velocidad que solo le había visto a Diego. A las pocas semanas tuve una reunión con los dirigentes y les dije que Messi era Maradona, que no perdieran tiempo. Tengo para mí que esas palabras no fueron mías sino que me las mandaron a decirlas desde arriba. Hablo de una fuerza superior. A Leo lo disfruté poco porque se lo llevaron a las categorías mayores y al año siguiente debutó en Primera con Frank Rijkaard. Me lo devolvieron para las últimas 3 fechas del torneo y salimos campeones. En ese equipo también jugaban Pedro y Gerard Piqué”, describió.

Y agregó: “Messi es el jugador con el que más veces me emocioné en mi vida. Es un chico maravilloso, que con sus actos nos enseña cómo se debe vivir. Es un ejemplo de sencillez y humildad. Por eso me molesta muchísimo cuando se lo critica. Ama al país más allá de que jamás lo vas a escuchar decir algo así porque no es populista. Leo podría haber jugado para España y ganarlo todo. Pero ni se le pasó por la cabeza. Yo agradezco haberme cruzado con él en el camino”.

La dura historia de vida de Hoyos

“Debuté en Banfield, pasé por Talleres de Córdoba y me compró Real Madrid en 1981. Como en ese tiempo había lugar solo para dos extranjeros, me la pasé en el equipo B (Real Madrid Castilla). Aguanté un año y regresé. El punto máximo de mi carrera fue Boca, pero las lesiones no me ayudaron. Influyó la mala alimentación que tuve de niño, lamentablemente”, explicaba Hoyos respecto a su carrera como futbolista. Además, jugó en Gimnasia de La Plata, y en equipos de Chile, Colombia, Venezuela, Bolivia y España.

Como entrenador, por su parte, dirigió en equipos de renombre como Bolívar, Once Caldas, Oriente Petrolero, Aldosivi, Atlas de México y Talleres; también tuvo un paso efímero por la Selección de Bolivia.

Ahora bien, ¿cómo es la compleja historia de vida que debió atravesar el entrenador? La cuenta en primera persona.

“Tuve una infancia dura, pasé por momentos difíciles, aunque ahora, a la distancia, reconozco que debí transitar por todas esas cosas para ser lo que soy hoy. Mi viejo, Angel Guillermo, fue alcohólico desde los 14 años y por esa enfermedad encontramos la calle. Mi papá era ferroviario y lo habían trasladado a Capital. Vivíamos con mi mamá, Josefa Rosa Marchisio, y una hermana menor. En un momento lo echan del trabajo y al poco tiempo nos quedamos sin hogar. Fueron dos años duros, entre los 8 y los 10, pero no reniego de eso porque me regaló aprendizajes.

Guillermo Hoyos, entrevistado por Clarín en 2022, cuando dirigía a Aldosivi. Foto: Martín Bonetto.

Mi día arrancaba en Constitución, después del almorzar en la Iglesia que queda en la plaza. Siempre fui un refugiado de la Iglesia, por eso soy tan creyente. Caminaba de Constitución a Retiro por la 9 de Julio. Lustraba botas, abría puertas de taxis, vendía diarios, dejaba estampitas en los bares. A los hoteles no me dejaban entrar porque no tenía higiene. Pude esquivar las tentaciones y las malas juntas. Nunca robé. Es cierto que antes no había tanta droga y se robaba principalmente para comer. La calle es muy dura: te hace silencioso, introvertido. Tenía una sociedad con otro chico y a la medianoche nos repartíamos lo juntado. Si había 10, eran 5 para cada uno; si había 11, dejábamos uno en el pozo para el día siguiente.

Me hice fanático de las pizzas de calle Corrientes. Los días que nos iba bien podíamos comer una porción con una gaseosa. Eso era la felicidad. De esa época me quedó una unión fuerte con el Obelisco, no sé por qué. Cada vez que paso por 9 de Julio y Corrientes lo miro en silencio durante un largo rato. Lo mismo cuando llego a algún hotel de la zona para concentrar con el equipo: lo primero que hago es abrir la ventana y buscar el Obelisco.

Guillermo Hoyos estuvo al frente de la práctica del Inter Miami tras la salida de Javier Mascherano.

Con el dinero que juntaba durante el día compraba algo de comer y caminaba hasta Retiro. Sabía que ahí me estaba esperando mi mamá con mi hermanita, que tenía 2 años. Mi viejo a veces estaba y otras no: desaparecía por un par de días. Dormíamos en la plaza, cerca de la Torre de los Ingleses. En algunas ocasiones los conocidos de mi viejo nos dejaban dormir en los vagones de los trenes. De la sala de espera nos echaban.

En la calle sufría más el frío que el calor, pero lo que se me hacía más pesado era la dureza a la hora de dormir. Uno de los placeres más grandes que tengo ahora es ducharme con agua caliente y meterme en una cama con las sábanas limpias. Esa sensación no tiene igual. Lo mismo que descansar en un colchón.

A los 10 años nos adoptó mi abuelo paterno y nos volvimos a Villa María con mi hermana. Mi mamá nos dejó ahí y se regresó a Buenos Aires a tratar de recuperar a mi viejo: no la vimos por varios meses. El que hizo mi madre es uno de los gestos de amor más grandes que conocí. Ella era de una familia de clase alta en Marcos Juárez que, cuando se enteró de que tenía una relación con mi viejo, la obligaron a alejarse. Pero mi mamá no los escuchó y se la jugó por amor. Después de años de luchar, pudo recuperar a mi viejo y reconstruir a la familia. Mi papá no tomó los últimos 5 años de su vida. Pero falleció de cáncer por todo el daño que le había hecho a su cuerpo.

En Villa María fui de pupilo a un colegio religioso y ahí arranqué a jugar al fútbol. César Luis Menotti, uno de los grandes maestros que me pusieron en el camino, decía que jugaba muy bien. Me llevó al Mundial de Japón de 1979, aunque no formé parte de la lista”.

El tiempo pasó y Hoyos pudo hacerse camino. Le ganó la pulseada al destino y desde entonces vive por y para el fútbol. “Guillermo fue mi papá futbolístico. Me ayudó muchísimo desde que llegue al Barça. En todo momento estuvo conmigo. Me enseñó cosas y me llevó a estar donde estoy. Estoy agradecido que sea mi padrino futbolístico”, resumió Leo su vínculo con Hoyos.

Y otro capítulo se sumará el próximo sábado cuando el cordobés esté al mando de Inter Miami contra Colorado Rapids, en una nueva jornada de la MLS.