Abelardo de la Espriella lleva dos meses y medio como un presidente de Colombia que protagoniza a diario videos que difunden sus redes sociales, centraliza las comunicaciones del Ejecutivo y realiza sus viajes permanentes por Colombia. Todo ello refuerza la idea de que es un hombre de acción. Una acción que ha estado especialmente enfocada en asuntos de seguridad, pero que en los últimos días se ha ido volcando también a un asunto que ha afectado a todos los gobiernos recientes, que es la mayor preocupación del país y en la que su propuesta no fue tan fuerte. Se trata de la corrupción. “A quienes todavía creen que el Estado es para enriquecerse: se les acabó la fiesta”, escribió el 4 de octubre en una carta abierta a los funcionarios públicos.







