Cuando la ATP levantó el telón de su 2026, pocos sabían, afuera de España, quién era Rafael Jódar. El madrileño, que como junior había alcanzado el cuarto escalón del ranking mundial y conquistado el US Open 2024, era por entonces “la promesa” del tenis de su país, pero también un rostro desconocido para buena parte del mundo de la raqueta. Diez meses más tarde, todos hablan de él, aunque no siempre en buenos términos. Porque aunque en un corto tiempo se transformó en la gran revelación de la temporada, protagonizó un meteórico ascenso en el ranking -arrancó 165°, tuvo chances de ser top 10 y hoy está 13°- y conquistó fanáticos con un tenis agresivo y dominante; también cosechó detractores con algunas actitudes polémicas y reprochables dentro de la cancha, con las que se ganó la chapa de nuevo “chico malo” del circuito.
El último episodio que lo convirtió en el centro de las críticas llegó en el Masters 1000 de Shanghai. Durante el partido que le ganó en octavos al neerlandés Botic van de Zandschulp, recibió una advertencia por conducta antideportiva, luego de que se escuchara gritarle a un ball-boy “¡Dame la puta toalla, coño!”. El umpire ecuatoriano Jimmy Pinoargote, además de darle el warning, lo retó: “Así no”. Y Rafa, en lugar de aceptar que se había equivocado, se puso a discutir con el juez.
“Él no me está escuchando, le estoy hablando y no me hace caso… Y no le he dicho nada malo”, se quejó Jódar. “Te entiendo perfectamente. Pedime a mí que lo resuelva y yo hablaré con él. Pero así no, no hablamos con ellos de esa manera”, le respondió Pinoargote. Y el número 13 del mundo contestó: “Llevamos una hora y diez jugando. Le digo una cosa y me ponés un warning. Es increíble, cómo se nota que no estás en cancha”.
El incidente terminó ahí. Jódar firmó una buena remontada y se metió en cuartos de final, donde chocará con Casper Ruud. Pero fuera de la pista, la polémica siguió y las redes se llenaron de reproches y debates sobre lo que había ocurrido.
Aquí el vídeo de lo que ha pasado.
No te puedes comportar como un niño de 13 años y hablar así a un niño que trabaja para tí voluntariamente. Indefendible esta actitud de Rafa Jódar, por mucha tensión que tenga en el partido🤦♂️ https://t.co/hEG7pMRYTi pic.twitter.com/annH2oKNKi— Vacherotismo (@vacherotismo) October 14, 2026
Hubo quienes señalaron que el madrileño es aún muy joven -cumplió 20 años hace menos de un mes- y que aún tiene mucho que crecer y aprender. Y que quizás perdió el control en un partido que estaba complicado: acababa de perder una chance de quiebre en el arranque del segundo set, tras ceder el primero en el tie break. Pero la inmensa mayoría de la gente -y hasta la prensa internacional y de su país- señalaron que es inexcusable hablarle de esa manera a un alcanzapelotas y que, al menos, debería haber pedido disculpas en el momento o luego de su partido. Y recordaron que no es la primera vez que Rafa protagoniza una situación de ese tipo.
El antecedente que viene rápidamente a la mente al recorrer la corta trayectoria de Jódar es el incidente (que no fue tal) con una ball-girl en Roland Garros. Ocurrió durante su partido de tercera ronda ante Alex Michelsen, cuando el español se dirigía enfadado y a paso rápido hacia el vestuario, mientras discutía con su padre, que estaba en su box. La transmisión mostró lo que pareció un empujón del jugador a la niña, que trastabilló. Poco después, las imágenes de otra cámara dejaron en claro que la alcanzapelotas intentó correrse hacia atrás para dejarlo pasar y se tropezó con la lona que estaba en el suelo.
“Nunca haría nada a una recogepelotas”, se defendió entonces. Igual, luego de que el segundo video lo “exonerara”, lo que a muchos no les gustó fue la indiferencia o falta de empatía del madrileño, que ni siquiera se tomó unos segundos para ver si la chica estaba bien y siguió su camino sin inmutarse.
Rafa había estado ya en el centro de las críticas unas semanas antes de la cita de París, durante el Masters 1000 de Roma, por una actitud fea con un fisioterapeuta, a quien apuró con gesto de enojo para que lo atendiera rápido. En ese torneo también discutió de mala manera con un umpire. Y fue otra vez foco de polémica durante la gira norteamericana de canchas duras, con la novela de los cordones de sus zapatillas, que se cortaban una y otra vez durante varios partidos. “No es algo que pueda controlar”, explicaba él en ese momento. Pero lo que le reclamaban no era la rotura en sí, si no el tiempo que se tomaba para cambiar los cordones, que muchos veían como una manera de enfriar los partidos o darse tiempo para descansar.
La acumulación de situaciones similares durante su primera temporada dedicada de lleno al circuito ATP fueron creando una imagen negativa de Jódar, al menos del vestuario para afuera. La imagen de un jugador arrogante, maleducado y descortés, al que le cuesta controlar sus emociones en los momentos calientes de los partidos y se siente en derecho a actuar de cualquier manera dentro de la cancha.
¿Suena familiar? Puede ser: en los últimos meses no faltaron quienes resaltaron las semejanzas entre el español y Nick Kyrgios, otro tenista de mucho talento, pero que solía ser más noticia por sus exabruptos que por sus resultados.
“Tiene un carácter un poco quisquilloso o irritable, a veces es algo brusco en la cancha. Pero es muy joven, está aprendiendo a lidiar con estas presiones. Hay que darle tiempo”, aseguró hace unos meses la australiana Rennae Stubbs, ex número uno del mundo en dobles, quien afirmó que tras pasar un tiempo con el madrileño, descubrió que es “un chico estupendo”.
Esto no lo ví nunca en mi vida, o no tengo recuerdo. Al final Rafa Jodar es un genio en todo, increíble la táctica que se inventó para hacer tiempo.
Ya se la había hecho a Fritz y no funcionó, pero con Shapo, sí. Ingenioso lo de los cordones rotos.
Está mal, pero en el fondo…
— Seba Torres (@sntorres7) August 16, 2026
Esa opinión comparten muchos fanáticos del tenis, que aseguran que quizás las malas actitudes de Jódar -que es de los jugadores que juegan con sus emociones a flor de piel, festeja cada acierto con efusión, se enoja, no se calla nada, reclama y discute cuando piensa que tiene razón- tiene que ver más con la presión de todas las expectativas que generó su irrupción esta temporada que con su calidad como persona.
El madrileño arrancó el año con un debut prometedor en el Australian Open, en el que superó la qualy y alcanzó la segunda ronda. Luego llegó una gran gira europea de polvo de ladrillo, que arrancó con su primer título, en la que fue además su primera final, en Marrakech y siguió con semis en Barcelona y cuartos en Madrid, donde consiguió su primer festejo ante un top 10 (Alex De Miñaur en segunda ronda), en Roma y en Roland Garros. Y más tarde disputó su segunda final, en el cemento de Washington, con derrota ante Taylor Fritz, y alcanzó las semifinales, en Cincinnati.
A medida que pasaban los meses y Rafa iba rompiendo barreras, elevando el nivel y dando pasos adelante, empezaron a aparecer las comparaciones con grandes estrellas, sobre todo con sus compatriotas Rafael Nadal y Carlos Alcaraz, y las voces que celebraban su talento con la raqueta y decían que estaba destinado a grandes cosas. Y su nombre empezó a sonar con más fuerza como el gran candidato a completar el “nuevo Big 3” junto a Carlitos y a Jannik Sinner.
Sin embargo, con los ojos del mundo sobre él, también comenzaron a notarse esas actitudes reprochables y polémicas que desviaron el foco de atención de su impresionante progreso y transformaron, en muchos casos, los halagos en críticas.
Nadie niega el talento tenístico de Jódar. Nadie duda que tiene todo lo necesario para, tarde o temprano, pelear por los grandes títulos y meterse en la discusión por el número 1 del mundo. Pero con episodios como el que protagonizó este miércoles en Shanghai, Rafa se está poniendo a buena parte de los fanáticos del tenis en contra y construyendo una reputación de “chico malo”, que podría terminar jugándole en contra.








